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📙 Compórtate: la biología que hay detrás de nuestros mejores y peores comportamientos (Amazon)

Como dijo Abraham Maslow: “Cuando un hombre tiene un martillo, todo empieza a parecer un clavo”. Y esto no puede ser más cierto que cuando analizamos la ciencia que hay detrás de los comportamientos humanos. Ante la misma pregunta, los expertos de cada disciplina le darán una respuesta diferente. Pregunte a un biólogo cuál es la causa de la agresividad, y puede que le diga que los genes o las hormonas. Pregunte a un psicólogo y puede que le diga que las experiencias de la primera infancia o una forma de pensar inadaptada. Pregunte a un sociólogo y puede que empiece a hablar de las estructuras culturales, políticas y religiosas que moldean a las personas. Es decir, es complicado. Robert Sapolsky, que es profesor de biología y neurología en la Universidad de Stanford, es muy consciente de los “cubos” en los que incluso los grandes expertos como él pueden quedarse atascados.

Este libro explica el comportamiento humano no sólo con neuronas y hormonas, sino también a través de la psicología, la evolución, la cultura y la historia. Al hacerlo, Sapolsky crea una imagen más precisa de por qué hacemos lo que hacemos, sin quedarnos atrapados en la “visión de túnel” de una disciplina académica concreta. Hay múltiples lentes a través de los cuales podemos mirar el comportamiento humano.  Cuando prestas demasiada atención a los límites, no ves el panorama completo. Todo lo que ves son categorías. 

👉 Inversión, no es sólo contabilidad, es saber cómo pensamos los humanos, cómo nos comportamos, es modelos mentales… 

1. El cerebro: tres capas metafóricas

Para entender cómo funciona el cerebro humano en su conjunto, de forma global, existe una idea muy útil llamada Modelo del Cerebro Triuno. 

El cerebro reptiliano: Este núcleo más interno de nuestro cerebro se asemeja al funcionamiento de los cerebros de los reptiles. (De hecho, los mamíferos evolucionaron a partir de los reptiles hace unos 300 millones de años). Esta parte del cerebro es responsable de las funciones automáticas (o autónomas) de nuestro cuerpo, como la respiración, el ritmo cardíaco y la temperatura corporal.

El cerebro emocional: También llamado sistema límbico, esta parte controla nuestras emociones como la ira y el miedo, el vínculo social, la crianza de los hijos, etc. Otros mamíferos como los perros, por ejemplo, también tienen un cerebro emocional y por eso entendemos cuando los perros se sienten tristes, y viceversa.

El neocórtex: Evolutivamente hablando, es la parte más nueva de nuestro cerebro, responsable del pensamiento abstracto, las matemáticas, la memoria, el lenguaje, la música, la planificación a largo plazo, etc. Otros mamíferos, como los primates y los delfines, tienen un neocórtex, pero su tamaño es único en los humanos.

Es importante entender que este modelo no es estrictamente exacto, es más bien una metáfora útil que nos ayuda a organizar y dar sentido al cerebro. En realidad, el cerebro es demasiado complicado para dividirlo limpiamente en 3 partes. Sin embargo, a grandes rasgos es cierto que el cerebro humano evolucionó de esta manera, desde los impulsos primitivos de supervivencia hasta las emociones y los pensamientos abstractos. Ahora vamos a profundizar en las partes individuales del cerebro y en lo que hacen.

2. La amígdala: El centro cerebral del miedo, la ansiedad y la agresividad

Cuando estás caminando al aire libre y de repente saltas medio metro en el aire porque confundiste una manguera de agua con una serpiente, es tu amígdala la que está haciendo lo suyo. La amígdala, que consiste en dos pequeños grupos con forma de almendra en el cerebro, es crucial para hacernos sentir miedo y ansiedad.

Una de las funciones importantes de la amígdala es activar la “respuesta de lucha o huida” cuando hay una amenaza cerca. Si ves una serpiente (o crees que la has visto), se libera en tu cuerpo un cóctel de sustancias químicas, como la adrenalina y la cortisona, diseñadas para ayudarte a superar la amenaza. Esto está diseñado por la naturaleza para ser una respuesta a corto plazo, que se apaga cuando hemos alcanzado la seguridad.

Ahora bien, si nuestra amígdala se dispara constantemente por las cosas equivocadas, esto conduce a un estrés crónico, que puede deteriorar seriamente la salud. Los humanos modernos estamos constantemente estresados porque nuestra amígdala se dispara por amenazas imaginarias de las que no podemos huir, como la hipoteca y los impuestos.

En las personas con TEPT (trastorno de estrés postraumático), la amígdala se ha vuelto mucho más sensible a cosas ligeramente temibles. A largo plazo, la amígdala incluso aumenta de tamaño en las personas que padecen TEPT, fobias o trastornos de ansiedad.

La amígdala tiene otro vínculo sorprendente: la agresión. Estimular la amígdala de una persona con un electrodo parece desencadenar su ira y agresividad repentinas. 

RESUMEN DE LA LECCIÓN

La amígdala, del tamaño de dos almendras en nuestro cerebro, desempeña un papel clave en los miedos, las fobias, las ansiedades y la respuesta de lucha o huida. El estrés se produce cuando nuestra respuesta de lucha o huida se desencadena constantemente por las cosas equivocadas, como la hipoteca y los impuestos, y puede tener efectos muy negativos en la salud. La amígdala también es crucial para generar agresividad.

3. El córtex frontal: El adulto en la habitación

El córtex frontal, situado justo detrás de la frente, se utiliza para las decisiones estratégicas, la planificación a largo plazo, la regulación de las emociones, el control de los impulsos, etc. Un famoso estudio descubrió que los niños que podían resistir mejor un malvavisco durante 15 minutos (lo que indicaba una mayor actividad del córtex frontal) obtenían mejores resultados en la selectividad años más tarde y más éxito en la vida en general. Los daños cerebrales o la disminución de la actividad en esta parte del cerebro están relacionados con un comportamiento más agresivo.

4. Las neuronas y el desarrollo del cerebro: Por qué los adolescentes hacen tonterías

De todos los animales, los humanos tardan un tiempo increíblemente largo en desarrollarse completamente fuera del útero. En África, los animales deben ponerse en pie y caminar con la manada a los pocos minutos de nacer, o no sobrevivirán. Sin embargo, en la mayoría de las sociedades humanas, las personas no son realmente responsables de sí mismas hasta que tienen 18 años y se trasladan a la universidad.

¿Por qué tanto tiempo? Pues porque es el tiempo que tarda un ser humano en “semiadaptarse” a la sociedad en la que vive. Las sociedades humanas contienen reglas, normas y exigencias increíblemente complejas. Una ardilla no tarda nada en aprender a encontrar nueces, pero un ser humano puede tardar décadas en aprender a ser ingeniero de software.

De hecho, el propio cerebro humano no se “asienta” realmente hasta mediados de los 20 años, que es cuando empieza a parecerse al cerebro que alguien llevará durante su vida adulta. 

El cerebro adolescente sí tiene más neuronas, pero son desorganizadas, descoordinadas e ineficientes. Más o menos como los adolescentes. Pero cuando nos convertimos en adultos, nuestro cerebro pasa por una especie de evolución en la que se podan las neuronas innecesarias, al tiempo que se refuerzan las conexiones correctas entre nuestras neuronas para que se produzca el aprendizaje. Se trata de una situación en la que menos es más.

Esta evolución se ve reforzada por un proceso llamado mielinización. A lo largo de la adolescencia, ciertas conexiones entre las neuronas se recubren de algo llamado mielina, y esto ayuda a que las neuronas se comuniquen de forma más rápida y eficaz. La mielinización es más eficaz cuando la conexión de las neuronas se extiende mucho, por lo que es muy buena para ayudar a que partes distantes del cerebro se comuniquen mejor entre sí.

Por cierto, esta idea de la poda cerebral no es cierta al 100%. Incluso en la edad adulta, siempre se están formando nuevas neuronas, un proceso llamado neurogénesis. Por ejemplo, en el hipocampo, cada mes se sustituye un 3% de las neuronas. Este proceso se fomenta con actividades como el ejercicio y el aprendizaje, pero se inhibe con ciertos factores de estrés.

Adolescentes, presión de grupo y regulación emocional

Se ha medido que los jóvenes son más arriesgados y buscan más la novedad que los adultos. No es de extrañar. Cuando somos adolescentes, la mayoría de nosotros estamos deseando salir de casa, ansiamos nuevos estímulos en forma de música, películas, viajes y otras experiencias. Parte de esta búsqueda de novedades parece tener que ver con la dopamina, pero los estudios son contradictorios sobre si la respuesta dopaminérgica de los jóvenes es más o menos sensible que la de los adultos.

La última parte de nuestro cerebro en madurar es el córtex prefrontal, que ayuda a regular las emociones y los impulsos. Así pues, no es de extrañar que los jóvenes sean más propensos a actuar por impulso con menos consideración de las consecuencias a largo plazo.

Y, sorprendentemente, este desarrollo tardío del córtex prefrontal puede explicar también la presión de los compañeros. En los estudios sobre la presión de los compañeros, los adolescentes son los más susceptibles a ella, mientras que las personas de 18 años o más se ven menos afectadas por las incitaciones de los demás. ¿Cómo puede ocurrir este cambio? Pues bien, otros estudios han analizado cómo se procesan las emociones faciales de forma diferente en adultos y adolescentes. Por ejemplo, cuando los adultos miran una cara temerosa, primero se activa su amígdala y luego su corteza prefrontal para disminuir la respuesta emocional. Pero en los más jóvenes, la activación del córtex prefrontal es mucho más débil, por lo que probablemente sientan con mayor intensidad las reacciones emocionales de otras personas.

Los adolescentes son más sociales y además de una forma más compleja que los niños y adultos. En esta edad existe una necesidad frenética de pertenencia la grupo. Esto es lo que produce la vulnerabilidad adolescente a la presión social del grupo y al contagio emocional.. Además, dicha presión es un “entrenamiento para la desviación”, incrementaando las probabilidaades de caer en la violencia, el consumo de drogas, el cirmen, sexo inseguro y haábitos nefastos para la salud. El rechazo duele mucho más a los adolescentes, haciendo que la necesidad de encajar sea más fuerte.

RESUMEN DE LA LECCIÓN

Más que otros animales, los seres humanos tardan en desarrollarse completamente y los cerebros humanos no se “asientan” realmente hasta mediados de los 20 años. El aprendizaje no se produce por la formación de nuevas neuronas o conexiones, sino por el fortalecimiento de las conexiones existentes entre las neuronas. A medida que nos hacemos adultos, nuestros cerebros pierden neuronas innecesarias, pero se vuelven mucho más eficientes y bien coordinados. La adolescencia puede ser más arriesgada, buscar la novedad y verse afectada por la presión de los compañeros debido a las diferencias en la dopamina y a un córtex prefrontal que aún no puede regular eficazmente los impulsos emocionales y el rechazo social.

5. Dopamina: O, por qué lo hacemos todo

Así que dentro del cerebro, uno de los neurotransmisores que nuestras neuronas utilizan para hablar entre sí es la dopamina. Hay varias vías en nuestro cerebro que nos hacen lo que los científicos llaman el sistema de recompensa de la dopamina. Es lo que hace que las cosas se sientan realmente bien y es la razón por la que hacemos la mayoría de las acciones en primer lugar. Por ejemplo, comer alimentos cuando se tiene hambre libera dopamina en los cerebros de la mayoría de las especies, y lo mismo ocurre con las relaciones sexuales. (De hecho, los humanos sólo necesitan pensar en el sexo para desencadenar la liberación de dopamina).

Comprender la dopamina es fundamental para entender los estados de ánimo y las motivaciones humanas. La señalización de la dopamina es suprimida durante la depresión por la sustancia química del estrés y durante la ansiedad por las proyecciones de la amígdala. Vamos a hablar de algunos detalles interesantes que los científicos han descubierto sobre el funcionamiento de la dopamina.

En primer lugar, la cantidad de dopamina liberada en nuestro cerebro está directamente relacionada con nuestras expectativas. Así que, por ejemplo, si su perro está acostumbrado a recibir una golosina como recompensa, dos golosinas lo dejarán extasiado. Recibirá una enorme oleada de dopamina en su cerebro al ver la recompensa extra.

Pero lo contrario también es cierto: Recibir una recompensa menor de la esperada provoca una mísera liberación de dopamina. Si su perro está acostumbrado a recibir siempre dos golosinas y hoy sólo le da una, puede parecer un poco decepcionado. ¿Y qué pasa si recibe exactamente la recompensa que esperaba? Pues que tampoco tiene tanta dopamina. Esta es la experiencia común que todos tenemos cuando nos aburrimos de algo, ya sea un videojuego o un postre concreto que nos encantaba.

Lo que ayer fue un placer inesperado es lo que sentimos que nos corresponde hoy, y lo que no será suficiente mañana.

La dopamina se convierte pronto en la ANTICIPACIÓN aprendida de la recompensa.

Hicieron unos estudios con monos y pasas. Enseñaron a los monos que pulsando una palanca diez veces obtienen una recompensa en forma de pasas. Y al principio, la dopamina se libera en sus cerebros cuando obtienen la pasa. Pero entonces ocurre algo sorprendente. Después de que los monos lo hagan unas cuantas veces y aprendan a esperar la recompensa de la pasa, el momento de la liberación de dopamina cambia. Empiezan a tener una gran liberación de dopamina justo ANTES de pulsar la palanca, en previsión de obtener la recompensa. ¿Qué significa esto? Los científicos creen que la dopamina es el combustible clave que motiva a los animales a actuar. Se han realizado estudios similares con humanos que anticipan una recompensa monetaria.

En otras palabras, la dopamina no tiene que ver con la felicidad de la recompensa. Se trata de la felicidad de la búsqueda de la recompensa que tiene una posibilidad decente de ocurrir.

Hubo otro giro interesante en los estudios sobre los monos y las pasas. Cuando los científicos cambiaron la recompensa de las pasas para que sólo se diera el 50% de las veces que se empujaba la palanca, ¿adivina qué ocurrió? Se liberó mucha más dopamina en el cerebro de los monos. La recompensa se volvió inconsistente, pero la dopamina se disparó. Esto podría explicar por qué el juego es tan adictivo, el jugador sólo recibe una recompensa al ganar de vez en cuando, pero en su interior su cerebro se inunda de dopamina cada vez que hace una apuesta o tira de la palanca de la máquina tragaperras.

RESUMEN DE LA LECCIÓN

El sistema de recompensa de la dopamina en nuestro cerebro es la razón por la que nos sentimos bien cuando comemos, tenemos sexo o jugamos a los videojuegos. La cantidad de dopamina que se libera está directamente relacionada con nuestras expectativas. Obtener una recompensa mayor de la esperada provoca un pico de dopamina mucho mayor, pero esto significa que también nos aburrimos rápidamente de las recompensas antiguas que sólo cumplen nuestras expectativas. Cuando aprendemos que un comportamiento conduce a una recompensa, la dopamina empieza a liberarse antes de actuar, no después de obtener la recompensa. Esto debe ser la clave de la motivación.

6. Hormonas: Cómo nos afectan la testosterona, la oxitocina y el estrés

Las hormonas son mensajeros químicos liberados por las glándulas de todo el cuerpo e influyen en muchas cosas como nuestro estado de ánimo, el hambre, los sistemas de reproducción, etc.

Testosterona

Veamos primero la testosterona. Como la mayoría de nosotros probablemente ya puede adivinar, la testosterona es mayor en los machos que en las hembras en casi todas las especies. La testosterona está estrechamente relacionada con la agresividad. Por ejemplo, en los presos, cuanto mayor es el nivel de testosterona, mayor es el nivel de agresividad. Esto debe ser parte de la razón por la que en todas las culturas humanas y en la mayoría de las especies animales, los machos llevan a cabo la mayor parte de la agresión y la violencia.

Sin embargo, la verdad no es tan simple como testosterona = agresión. En un estudio realizado en 1977 se administró testosterona a grupos de monos talapoin macho, y se descubrió que la testosterona sólo exageraba los patrones de agresión preexistentes en lugar de crear otros nuevos. Así, un mono de rango medio al que se le diera testosterona no empezaría a pelearse con los machos alfa, sino que se limitaría a molestar a los monos que estuvieran por debajo de él con más frecuencia. La testosterona también aumentó la agresividad específicamente durante los momentos de desafío, como cuando un mono joven e inquieto intenta arrebatar el puesto de liderazgo al actual alfa gris canoso.

La testosterona puede disminuir los sentimientos de miedo y también es responsable de una mayor impulsividad y comportamiento de riesgo, al disminuir la actividad en la corteza prefrontal y su conexión con la amígdala. Por ejemplo, un estudio descubrió que los hombres con niveles de testosterona superiores a la media asumían un 13% más de riesgos financieros en un juego de inversión.

La testosterona también está estrechamente relacionada con los comportamientos de búsqueda de estatus. Se realizó un estudio en el que se pidió a los hombres que practicaban el monopatín que hicieran trucos delante de un investigador masculino o de una mujer atractiva. Probablemente puedes adivinar lo que ocurrió. Delante de una mujer, los patinadores intentaron hacer acrobacias más arriesgadas y tuvieron más éxitos, pero también más aterrizajes forzosos. Los niveles de testosterona fueron significativamente más altos en los patinadores en presencia de la mujer atractiva, lo que sugiere que la testosterona medió en la toma de riesgos. Es muy posible que las demostraciones arriesgadas de fuerza física, audacia, salud y vigor hayan evolucionado como una forma de atraer a posibles parejas y disuadir a posibles rivales o retadores.

La testosterona nos hace estar más dispuestos a hacer lo que sea necesario para alcanzar y mantener el estatus. Y el punto clave es lo que hace falta. Si se diseñan bien las circunstancias sociales, el aumento de los niveles de testosterona durante un desafío haría que la gente compitiera como loca por hacer el mayor número de actos de bondad al azar. En nuestro mundo plagado de violencia masculina, el problema no es que la testosterona pueda aumentar los niveles de agresión. El problema es la frecuencia con la que recompensamos la agresión.

Oxitocina

Pasemos ahora a la oxitocina. Esta hormona ha recibido el estupendo apodo de “la hormona del amor” porque suele estar relacionada con el comportamiento prosocial y la conexión. La oxitocina se libera cuando las parejas románticas se cogen de la mano, se abrazan y durante la actividad sexual. Parece que facilita la confianza y la vinculación.

Las hembras de los mamíferos suelen tener niveles más altos de oxitocina que los machos, y está muy relacionada con el comportamiento maternal. Se libera en grandes cantidades durante el embarazo, preparando el cuerpo para el parto y la lactancia. Si se administra oxitocina a una rata virgen hembra, empezará a actuar de forma maternal, incluso recogiendo y aseando a crías que no son suyas. Pero cuando se bloquea la oxitocina en el cerebro de una madre roedora, los comportamientos maternales, incluida la lactancia, cesan. En las madres y los bebés humanos, la oxitocina es crucial para el establecimiento de vínculos. Las mujeres tocan a sus bebés y los miran más a los ojos cuando tienen genes con niveles o receptores de oxitocina más altos.

La oxitocina también podría estar relacionada con el fomento de la monogamia. Esto se demostró en un estudio en el que se administró a los hombres oxitocina o un placebo rociado en la nariz, y luego se les pidió que calificaran el atractivo de su pareja y de mujeres desconocidas. Los hombres bajo la sutil influencia de la oxitocina calificaron a su pareja como más atractiva. En otro experimento se administró oxitocina a hombres con relaciones estables y se comprobó que pasaban menos tiempo mirando fotos de mujeres atractivas. Otro experimento descubrió que cuando se administraba oxitocina a los hombres que tenían una relación, se sentaban entre 10 y 15 centímetros más lejos de una investigadora, un efecto que no se observaba en los hombres solteros o cuando la investigadora era masculina.

Sin embargo, no todo es positivo. Los estudios han descubierto que “la oxitocina promueve el etnocentrismo humano”. En otras palabras, hace que las personas sean más favorables a los que forman parte de su propio grupo y más despectivas o tendenciosas con los que están fuera del grupo. Así que la oxitocina puede haber desempeñado un papel en la violencia y las guerras humanas en el pasado, no sólo en el amor.

Hormonas del estrés 

Cuando hablamos de la amígdala, ya hablamos un poco de la “respuesta de lucha o huida” y de cómo ésta puede convertirse en estrés crónico. Cuando el estrés es una respuesta a corto plazo, puede ser muy útil. Puede ayudarte a huir de un oso o de un maníaco armado con un cuchillo. Pero, en muchos sentidos, la vida moderna ha secuestrado la respuesta de “lucha o huida”.

Ahora nuestra respuesta al estrés se desencadena por muchas cosas que no son una amenaza inmediata para la supervivencia, como los impuestos y el tráfico. Y lo que es más importante, no se puede huir de ellas, lo que significa que no hay alivio ni liberación de las hormonas del estrés.

Y cuando las sustancias químicas del estrés (también llamadas glucocorticoides) permanecen en tu cuerpo a largo plazo, pueden ser muy perjudiciales. Debilitan el sistema inmunitario, aumentan la vulnerabilidad a las enfermedades e infecciones y el riesgo de hipertensión y diabetes. El estrés dificulta la regulación de la amígdala por parte del córtex prefrontal, por lo que es más difícil deshacerse de los miedos irracionales. Y no sólo los niveles elevados de la hormona del estrés parecen perjudicar la memoria de trabajo, sino que también suprimen otras funciones cerebrales superiores. Cuando estás estresado, te enfermas más fácilmente y no puedes pensar bien.

Estrés y bajo estatus

El estrés también está muy relacionado con la subordinación social. En roedores y babuinos, cuanto más bajo está un individuo en la jerarquía social, más altos son sus niveles de glucocorticoides en reposo. Esto se traduce en todo tipo de efectos negativos para la salud como los que acabamos de mencionar. A medida que los babuinos ascienden en la jerarquía, tienden a tener niveles más bajos de hormonas del estrés, con una gran excepción. El macho alfa en la cima tiene niveles de estrés muy altos, tan altos como el babuino de menor rango. ¿Por qué? Bueno, probablemente porque tiene que pasar gran parte de su tiempo luchando y defendiendo sus parejas sexuales, lo que debe ser muy estresante.

En los seres humanos, solemos asumir que los que están en la cima son los más estresados y los que más trabajan. De hecho, los mandos intermedios se miden para estar aún más estresados que los ejecutivos, quizás porque tienen mucha responsabilidad combinada con poco control (lo que podría imitar la impotencia aprendida de la depresión).

El estrés también conduce a una mayor “agresión por desplazamiento”. En muchas especies, los animales golpean a los que están subordinados a ellos si tienen altos niveles de la hormona del estrés. En los babuinos, cerca del 50% de los comportamientos agresivos encajan en esta categoría. Lo peor es que a menudo funciona, la agresión por desplazamiento suele disminuir los niveles de estrés. Una oscura estadística relacionada con esto es que las tasas de abuso de cónyuges e hijos aumentan durante las crisis económicas.

RESUMEN DE LA LECCIÓN

La testosterona aumenta la agresividad, pero normalmente exagerando los patrones de agresión ya existentes en lugar de crear otros nuevos. También aumenta la impulsividad, la asunción de riesgos y el comportamiento impulsado por el estatus. La oxitocina facilita la confianza y el vínculo entre los amantes, entre las madres y los hijos y probablemente fomenta la monogamia, pero también puede aumentar el sesgo etnocéntrico. El estrés crónico, que es una perversión de la “respuesta de lucha o huida”, a largo plazo puede ser muy perjudicial para nuestra salud y la función cerebral. En general, los animales con menor estatus social tienen niveles más altos de hormonas del estrés.

7. La infancia: La influencia temprana de los padres y el entorno

Incluso antes de nacer, nuestros padres y nuestro entorno ya empiezan a influir en nuestro desarrollo. ¿Cómo? Durante el embarazo, estamos directamente conectados a nuestra madre durante nueve meses y no sólo pasan alimentos y nutrientes a través del cordón umbilical. Por ejemplo, cuando una mujer embarazada está estresada, las hormonas glucocorticoides del estrés también pasan al feto, produciendo un cerebro más sensible a los desencadenantes de la depresión y la ansiedad incluso en la edad adulta.

En 1944, cerca del final de la Segunda Guerra Mundial, los Países Bajos estaban siendo ocupados por las fuerzas nazis, lo que hizo que el pueblo holandés sufriera una terrible hambruna llamada el Invierno del Hambre Holandés. Murieron más de 20.000 personas, pero lo más sorprendente es que décadas después los efectos de la hambruna aún resuenan en los genes de los holandeses. Las mujeres embarazadas durante la hambruna dieron a luz a bebés que, más adelante, tenían más probabilidades de sufrir obesidad, diabetes y esquizofrenia. También mueren con más facilidad o en mayor proporción que otras personas. Este acontecimiento ilustró realmente a los científicos la poderosa influencia del entorno de una persona incluso antes de nacer.

Ahora bien, ¿qué ocurre después del nacimiento?

Bueno, durante mucho tiempo la gente tenía la idea equivocada de que un bebé es una máquina biológica y mientras tenga suficiente comida, agua y refugio, entonces crecerá sano. Por eso, antes de los años 50, muchos hospitales que mantenían a los niños enfermos de forma prolongada sólo permitían que los padres los visitaran en contadas ocasiones y durante poco tiempo. La presencia de la familia se consideraba una distracción innecesaria. Pero en aquella época, los niños hospitalizados morían en masa por infecciones y enfermedades no relacionadas con el motivo por el que habían acudido al hospital en primer lugar. Por aquel entonces, la gente no tenía ni idea de que la privación materna podía tener un efecto tan fuerte en los niños, provocando desesperanza y una mayor susceptibilidad a la muerte.

En los años 50, el psiquiatra John Bowlby elaboró unas teorías sobre el apego materno-infantil que siguen siendo fundamentales para la psicología moderna. Propuso la idea radical de que los bebés necesitan amor, cuidados y atención para sobrevivir y prosperar, no sólo comida y refugio. En 1951, la Organización Mundial de la Salud le encargó un informe que cambió para siempre las políticas de visitas de los padres en muchas instituciones, como los hospitales.

Los experimentos con monos bebés de Harry Harlow

Inspirado por este informe, otro influyente científico, Harry Harlow, ideó experimentos con bebés de mono macaco. En uno de estos experimentos, puso a un bebé mono en una habitación con dos madres falsas o sustitutas diferentes. Una de las madres sustitutas tenía forma de alambre y, aunque no se parecía mucho a un mono, tenía una botella de leche dentro del alambre. La segunda madre de alquiler se parecía más a un muñeco de mono, tenía cara y estaba cubierta con una tela parecida a una toalla. ¿Puedes adivinar lo que pasó?

El experimento de las dos madres sustitutas de Harry Harlow

Las crías de mono preferían abrumadoramente a la madre de tela. Sólo visitaban a la madre de alambre cuando tenían hambre, porque la botella de leche estaba dentro de ella, y luego volvían siempre a la madre de tela. Harlow supuso que las crías de mono preferían a la madre de tela porque se sentía más como su madre real y les proporcionaba un tipo de comodidad de contacto que el sustituto de alambre no podía ofrecer.

Otros experimentos de Harlow también mostraron cómo los bebés utilizan a la madre como base de exploración, incluso con una madre sustituta falsa. Cuando un mono bebé estaba solo y se le colocaba algo novedoso, como un oso de peluche que hacía ruido, se paralizaba de miedo y se acurrucaba en una bola. Pero si estuvieran con la madre sustituta en esta situación, al principio se esconderían detrás de la madre, y luego, poco a poco, sentirían curiosidad y se acercarían o incluso atacarían el objeto novedoso. Esto, por supuesto, imita lo que ocurre con los niños humanos. En un parque infantil, cuando un niño se hace daño o se asusta, corre hacia su mamá, que le tranquiliza, y pronto se siente lo suficientemente tranquilo como para volver a explorar.

La adversidad en la infancia adopta muchas formas y tiene muchos efectos negativos duraderos. Esta adversidad no se limita a la privación materna, sino que incluye haber sufrido abusos, negligencia, haber sido testigo de violencia, etc. Los estudios demuestran que cuantos más tipos de adversidad sufra alguien en la infancia, más probable será que en la edad adulta tenga depresión, ansiedad y mayor impulsividad, abuso de sustancias, comportamiento antisocial y violencia.

Así, la adversidad en la infancia puede atrofiar y embotar el funcionamiento del hipocampo y el córtex frontal. Pero ocurre lo contrario en la amígdala: si hay mucha adversidad, la amígdala se agranda y se vuelve hiperreactiva. Una de las consecuencias es el aumento del riesgo de trastornos de ansiedad; cuando se une al pobre desarrollo frontocortical, se explican los problemas de regulación de las emociones y del comportamiento, especialmente el control de los impulsos. Sin embargo, hay una advertencia al respecto. Muchas personas sufren adversidades extremas y terminan siendo adultos muy funcionales. Tenga esto en cuenta. Por lo tanto, aunque la adversidad en la infancia puede hacer que alguien sea más propenso a tener ciertos desafíos más adelante en la vida, nada de esto está garantizado o grabado en piedra. 

Jugar

Ya que hablamos de la infancia, hablemos también rápidamente del juego. Los animales de muchas especies juegan y retozan con sus compañeros. ¿Te has preguntado alguna vez por qué? Los científicos afirman que es una forma poderosa de que los niños aprendan la competencia social, incluyendo su lugar en la jerarquía, la cooperación y las reglas morales.

Un tipo de juego que los machos practican con más frecuencia que las hembras es lo que Harlow denominó juego “brusco”. Esto incluye pequeños elementos de agresión, pero no con la intención de causar daño. Por ejemplo, los niños que luchan, los cachorros que se muerden jugando o los corderos que se dan cabezazos. Este tipo de comportamiento es probablemente una práctica para futuras competiciones de estatus.

RESUMEN DE LA LECCIÓN

Hasta los años 50, la gente no sabía que la privación materna podía causar graves efectos en la salud, aumentando las tasas de mortalidad infantil en los hospitales. Harry Harlow demostró con muchos experimentos con monos bebés la importancia del calor y la presencia de la madre para el desarrollo del bebé, que no se trataba sólo de comida y refugio.

8. Epigenética: Cómo nuestro entorno influye en nuestros genes

En la cultura popular, los genes son casi un sinónimo de determinismo. Como cuando algunas personas ven a un culturista con músculos enormes y dicen: “Está en sus genes”. Quieren decir que la razón por la que esa persona puede desarrollar músculos (y ellos presumiblemente no) es por alguna ventaja genética inherente.

La comprensión científica moderna de los genes es mucho menos dicotómica que esto. Aunque algunos genes determinan el color del pelo y de la piel, por ejemplo, la mayoría de los demás rasgos personales no están causados por los genes, sino que simplemente están influidos por ellos. Y nuestro entorno también desempeña un papel importante en la forma en que se expresan nuestros genes. En resumen, nuestros genes no determinan mucho, pero influyen en todo.

Esto nos lleva al fascinante estudio de las interacciones entre el gen y el entorno.

La cultura popular ha repetido durante mucho tiempo la idea de que hay un gen para todo. Un gen para la depresión, un gen para la altura, un gen para el peso, un gen para la facilidad con las matemáticas que sólo tenían los hombres…. Lo que la ciencia ha descubierto en realidad es que el mismo gen puede tener efectos diferentes según el entorno y la educación. Por ejemplo, hay un determinado tipo de gen que parece aumentar el riesgo de depresión… pero (y aquí está la parte importante) sólo en personas que han sufrido un trauma en la infancia. Así que si tienes el gen y un trauma infantil, tu riesgo de depresión aumenta. Si tienes el gen pero no tienes ningún trauma, tu riesgo no es diferente al normal.

De hecho, este gen es un raro ejemplo de un gen que puede ser aislado para tener algún efecto medible. En la mayoría de los casos, cientos o miles de genes juegan un papel en un solo rasgo como la altura, por no hablar de los rasgos de comportamiento complejos como la agresión. Esto significa que los efectos individuales de un solo gen suelen ser minúsculos y muy difíciles de medir.

Sin embargo, aunque a los científicos les resulta difícil aislar los efectos de un solo gen, sí es posible estudiar los efectos de nuestros genes en general. Y los genes que heredamos afectan fuertemente a muchas partes de nosotros, incluidos los rasgos de personalidad como el coeficiente intelectual, la extraversión, la amabilidad, el neuroticismo y nuestro riesgo de depresión, autismo, ludopatía, alcoholismo y esquizofrenia. Los científicos han descubierto que los genes influyen incluso en rarezas personales como la participación política y la frecuencia de envío de mensajes de texto entre los adolescentes.

Pero, ¿cómo pueden los científicos aislar los efectos de los genes frente al entorno, la naturaleza frente a la crianza?

Bueno, han encontrado algunas formas creativas:

En primer lugar, los estudios con gemelos idénticos han sido muy útiles porque los gemelos idénticos comparten los mismos genes. Así, por ejemplo, si sabemos que cuando un gemelo padece esquizofrenia, el 50% de las veces el otro también lo hace, entonces sabemos que la esquizofrenia está determinada en un 50% por la genética.

Otro método consiste en estudiar a las personas adoptadas al nacer. Imaginemos 100 personas nacidas en Alemania y adoptadas inmediatamente en Francia. Pues bien, las diferencias entre estas personas y los alemanes biológicos criados en Alemania pueden aportar mucha información sobre los efectos de los genes frente al entorno.

Por último, tenemos el santo grial: Gemelos idénticos, separados al nacer y adoptados en hogares diferentes. En 1979, Thomas Bouchard, de la Universidad de Minnesota, comenzó a estudiar a gemelos de este tipo y, con el tiempo, estudió a más de 100 parejas. Comparten los mismos genes, pero entornos diferentes, por lo que las similitudes consistentes pueden atribuirse a los genes.

  • La herencia no es 50/50 exáctamente, las mujeres transmiten el ADN mitocondrial y ciertos factores de transcripción.

RESUMEN DE LA LECCIÓN

Aunque los genes influyen en la mayoría de las cosas que nos rodean, en realidad no determinan nada. Esto se debe, en parte, a que los propios genes están regulados por factores de transcripción, que se ven afectados por el entorno. Esto lleva a que muchos efectos genéticos sólo se expresen en determinadas circunstancias, como por ejemplo que tener el gen 5HTT puede aumentar el riesgo de depresión, pero sólo en personas que experimentaron adversidades en su infancia. ¿Cómo saben los científicos qué cosas son causadas por los genes o por el entorno? Una forma es estudiando las similitudes y diferencias entre gemelos idénticos, personas adoptadas y el santo grial: gemelos idénticos adoptados en hogares separados.

9. Cómo evolucionaron los genes: selección natural, selección sexual y sociobiología

Los genes han sido moldeados tanto por la selección natural como por la selección sexual. Los genes que conducían a rasgos que nos ayudaban a sobrevivir tenían más probabilidades de ser transmitidos, al igual que los genes de rasgos que simplemente eran favorecidos por el sexo opuesto. La sociobiología es el estudio de cómo los genes pueden influir en los comportamientos animales, como en el caso del infanticidio competitivo. Los monos adultos, los hipopótamos y los hámsters, entre otros, matan a los hijos de otros para aumentar las posibilidades de supervivencia de los suyos. En los primates, la diferencia entre las especies de pareja y las de torneo se refleja tanto en sus comportamientos de apareamiento y crianza, como en su aspecto físico y en el dimorfismo sexual entre machos y hembras.

10. Nosotros contra ellos: la neurociencia detrás de la comunidad, el conflicto y la guerra

En muchas especies animales existe un patrón común de hostilidad hacia los extraños de su propia especie. Los chimpancés y los babuinos a veces matan a miembros de otros grupos que encuentran. Jane Goodall fue la primera en presenciar una guerra de larga duración de 4 años cuando el grupo de chimpancés que estudiaba se dividió en dos grupos opuestos. Vio cosas que le produjeron pesadillas durante años y destrozaron totalmente su imagen de los chimpancés como seres humanos más pacíficos y primitivos.

La historia de la humanidad también está llena de ejemplos de humanos que se dividen en grupos de Nosotros y Ellos, lo que lleva a conflictos violentos. El primer ejemplo que me viene a la mente es el Holocausto, en el que los nazis definieron a “ellos” como el pueblo judío.

“Nuestros cerebros forman dicotomías Nosotros/Ellos con una velocidad asombrosa. […] Una exposición de cincuenta milisegundos a la cara de alguien de otra raza activa la amígdala, pero no activa el área facial fusiforme tanto como las caras de la misma raza, todo ello en unos pocos cientos de milisegundos. Del mismo modo, el cerebro agrupa las caras por género o estatus social más o menos a la misma velocidad”.

Las 4 categorías de “otros”

La psicóloga Susan Fiske creó un fascinante “modelo de contenido estereotipado” que ofrece más detalles y conocimientos sobre cómo las personas categorizan a los demás. Este modelo dice que los seres humanos generalmente estereotipan a los grupos externos según dos dimensiones: Calidez y Competencia. Calidez significa: ¿Esta gente quiere ayudarme o perjudicarme? Y Competencia significa: ¿Cómo de eficaces son estas personas para conseguir lo que quieren?

Los investigadores descubrieron estas dimensiones analizando estereotipos comunes. Así, por ejemplo, algunos grupos suelen ser estereotipados como bajos en calidez pero altos en competencia, esto incluye a los ricos, los judíos o los asiáticos. Con estos grupos la gente tiende a sentir envidia. Otros grupos son percibidos como poco afectuosos y poco competentes, como los pobres, los sin techo y los beneficiarios de ayudas sociales. Con estos grupos, la gente tiende a la emoción del asco. A continuación tenemos los grupos que se perciben como muy cálidos pero poco competentes, como los ancianos y los discapacitados. Estos grupos se asocian a la compasión. Y por último tenemos el grupo de alta calidez y alta competencia, que suele ser visto como el propio grupo de la persona, “Nosotros“, y esto se asocia con el orgullo.

Cuando el odio, la hostilidad y la violencia se producen entre grupos, casi siempre se dirigen hacia los percibidos como de baja calidez, los que provocan sentimientos de envidia o asco. Por ejemplo, durante la Revolución Cultural en China en los años 60, las élites intelectuales, artísticas y religiosas fueron humilladas públicamente y enviadas a campos de trabajo. En la Alemania nazi, fueron los judíos los que fueron envidiados y odiados, utilizados como chivos expiatorios de los problemas económicos de Alemania y de la pérdida de la Primera Guerra Mundial, retratados como codiciosos prestamistas, el pueblo judío fue capturado y enviado a trabajar hasta la muerte por inanición lenta. Por el contrario, los alemanes discapacitados (probablemente percibidos como de alta calidez / baja competencia) fueron tranquilamente puestos a dormir dentro de los hospitales. Por lo tanto, la envidia y el resentimiento pueden ser una emoción fuerte que puede ser avivada por los propagandistas y llevar a resultados violentos.

La emoción del asco también se asocia comúnmente con los enemigos. ¿Qué es el asco? Es la sensación que se tiene cuando se activa la parte del cerebro llamada ínsula. Esto puede ocurrir al morder comida podrida, y parece ser una defensa contra los patógenos. La ínsula también suele activarse cuando a las personas se les muestran imágenes de drogadictos o de personas sin hogar.

El asco también puede ser aprovechado por los propagandistas para crear división, odio y violencia hacia un grupo determinado. En 1994 se produjo el genocidio de Ruanda y más de un millón de personas de la minoría tutsi fueron asesinadas. Ahora bien, no es casualidad que durante mucho tiempo, antes de que salieran los machetes, muchas emisoras de radio dirigidas por la mayoría hutu se refirieran constantemente a los tutsis como cucarachas. Los animales como las cucarachas y las ratas provocan asco, cuando la mayoría de la gente ve uno quiere deshacerse de él lo antes posible. Relacionar a un determinado grupo étnico con las cucarachas es una forma rápida de hacer que la gente sienta asco por ellos, lo que conduce a impulsos violentos.

Las personas con las actitudes más negativas hacia los inmigrantes, los extranjeros y los grupos socialmente desviados tienden a tener umbrales bajos de repugnancia interpersonal (por ejemplo, se resisten a ponerse la ropa de un desconocido o a sentarse en un asiento caliente que acaba de quedar libre).

Del mismo modo que se puede provocar que las personas se sientan más negativas, envidiosas, asqueadas u odiosas con un grupo ajeno, también se puede fomentar que se sientan más conectadas y unidas con los demás. Se han encontrado varios métodos para disminuir los prejuicios que las personas tienen hacia los percibidos como “otros”.

Por ejemplo, utilizando un método llamado individuación. La gente suele ver a “Nosotros” como individuos y a “Ellos” como una masa homogénea amenazante. “Ellos” deben ser todos iguales. Para contrarrestar esto, podemos invitar a otra persona a ver a un miembro del grupo externo como un individuo. Por ejemplo, al ver a un indigente podemos pensar “¿qué tipo de comida podría gustarle?” y esto nos hará pensar en él más como un individuo y disminuirá ese estereotipo automático.

He aquí otro método llamado “teoría del contacto”. En los años 50, el psicólogo Gordon Allport creía que el tipo adecuado de contacto entre grupos de personas puede disminuir los prejuicios. Este contacto debe ser del tipo adecuado para que funcione, pensaba. Ambos grupos deben ser tratados por igual, minimizando las diferencias de edad, educación, riqueza y habilidad. Además, los grupos no deben competir, sino trabajar juntos hacia un objetivo común en un territorio neutral. Así, por ejemplo, un estudio de 2003 descubrió que los atletas blancos que practicaban deportes de equipo con compañeros negros (baloncesto o fútbol) declaraban tener menos prejuicios que los que practicaban deportes individuales (natación o atletismo).

Y, por último, compartiré uno de los ejemplos más inspiradores de personas que se unen a pesar de las definiciones de grupo que se les imponen. Está bien documentado que, en tiempos de guerra, los soldados enemigos a veces confraternizan entre sí, intercambiando noticias o haciendo trueques de cigarrillos. Durante la guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial, los acuerdos informales de contención mutua se producían a menudo de forma espontánea. Esto significa que ambos bandos evitaban bombardear objetivos fáciles, como las letrinas o los carros que entregaban alimentos. ¿Por qué? Bueno, los soldados de ambos bandos estaban en realidad en el mismo barco, miserable y embarrado. No querían que la vida fuera peor de lo que ya era, que es lo que ocurriría con un bombardeo despiadado. De hecho, muchos soldados escribieron en sus diarios el respeto que sentían por los duros soldados del otro bando, quizá más respeto que el que sentían por sus propios oficiales al mando y los políticos intrigantes.

El más famoso de estos acuerdos informales fue la Tregua de Navidad de 1914, cuando los soldados alemanes, franceses e ingleses decidieron espontáneamente dejar de luchar. Cruzaron las trincheras, celebraron servicios fúnebres conjuntos, intercambiaron comida y recuerdos, cantaron villancicos juntos y jugaron al fútbol entre ellos. En medio de años de violencia, fue un faro de paz.

RESUMEN DE LA LECCIÓN

Tanto la naturaleza como la historia de la humanidad están repletas de ejemplos de grupos que luchan violentamente con grupos percibidos como extraños y externos. Los propagandistas suelen suscitar emociones de envidia y asco hacia un grupo ajeno antes de que estalle la violencia, como ocurrió durante el Holocausto con los judíos presentados como avaros prestamistas y la causa de todos los problemas de Alemania, y durante el Genocidio de Ruanda de 1994 los tutsis fueron llamados a menudo cucarachas. En una nota más ligera, las personas pueden disminuir los prejuicios mediante métodos como la individuación y el contacto neutral, e incluso en medio de la guerra los soldados enemigos a veces se hacían amigos y se respetaban mutuamente.

E1. El castigo al comportamiento egoísta y al generoso

En todas las culturas, la gente era más prosocial de lo que la racionalidad económica pura predeciría. Pero un descubrimiento curioso es que cuanto menor sea el capital social de un  país, más altos son los índices de castigo antisocial. En otras palabras, ¿cuándo incluyen los sistemas morales de la gente la idea de que ser generosos merece un castigo? Cuando viven en una sociedad en la que la gente no confía en los demás y sienten que no son eficientes.

Un fuerte abrazo.

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