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Teoría de juegosEpisodio 61Leganés, Madrid

Píldoras del Conocimiento

Un ensayo en voz alta para cerrar 2020

Ensayo

Hay juegos que se juegan para ganar y juegos que se juegan para seguir jugando. Un negocio, una carrera, una amistad o una cartera de inversión pertenecen al segundo tipo, aunque casi siempre los juguemos como si fueran del primero.

Cuarenta minutos sobre juegos finitos e infinitos, el volante de inercia que hace grandes a las empresas, el deseo que copiamos de los demás, los juegos de suma positiva y lo que aprendí en un año extraño.

Carátula del episodio 61: juegos infinitos
Audiopodcast · Episodio 61 · 42 min Juegos infinitos: cómo ganar jugando para siempre
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Abrí el episodio con una imagen de Simon Sinek. Llegamos a una bifurcación con dos carteles. Uno dice «victoria» y el otro, «realización». Si elegimos la victoria, vivimos la emoción de la competición, la gente nos anima en la meta y, al terminar, todos se van a casa. Si elegimos la realización, el viaje es largo, hay que vigilar los pasos y a ratos pararse a mirar el paisaje. Y quienes se unen por el camino siguen cuando nosotros ya no estamos.

Este fue el último episodio de 2020. Lo grabé solo, con un tono muy personal, y me llevó dos meses prepararlo. Quería dejar por escrito lo que más me había dado que pensar ese año, y casi todo giraba alrededor de una idea: la diferencia entre jugar para ganar y jugar para seguir jugando.

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Un juego infinito hecho de muchos juegos a la vez: eso es un metajuego, y de ahí viene el nombre de mi máster en solución de problemas complejos. Teoría de juegos, modelos mentales y estrategia para decidir mejor, con un grupo privado de alumnos.

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Quién habla

Fernando Alonso

En solitario

Fernando Alonso

Píldoras del Conocimiento. Profesor universitario e investigador en robótica social. En este episodio no hay invitado: solo un año de lecturas y paseos puesto en orden.

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Píldoras del Conocimiento · Episodio 61Página 1 de 5

Primera parte · Dos tipos de juego

Qué son los juegos finitos y los juegos infinitos

La distinción viene del filósofo James P. Carse, que la planteó en 1986, y Simon Sinek la llevó a la empresa en El juego infinito. En un juego finito conoces las reglas, los jugadores, cuánto dura y cómo se decide quién gana. Se puede medir. El ajedrez o un campeonato son juegos finitos. En un juego infinito conoces a algunos jugadores, no a todos; las reglas cambian con el tiempo; y no está claro quién va ganando, porque no hay un intervalo ni una métrica que lo decida.

Puse un ejemplo de la época. Hacer clickbait es jugar un juego finito: robar o comprar atención de forma efímera. Lo que dura es lo que se consume con intención, de forma expresa. De la economía de la atención a la economía de la intención, y la intención es la que crea comunidad.

Fernando AlonsoLa meta no es vencer a tu competencia. La meta, si acaso, es durar más que tu competencia.Fernando Alonso

Un juego infinito es también hacer este podcast con la idea de seguir haciéndolo toda la vida, por el placer de hacerlo. Es lo que se llama una experiencia autotélica: la recompensa está en la propia actividad. El peligro es el hastío, y para no caer en él veo dos ingredientes. El primero, la curiosidad del explorador que siempre quiere aprender algo más, con cuidado de no convertirse en el mono loco que salta de rama en rama sin disfrutar de nada. El segundo, la valentía, que se convierte en una bola de nieve cuando hay compromiso. Lo dice Andre Agassi en sus memorias: lo que cuenta no es lo que sientes, sino lo que haces.

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Segunda parte · Cómo se juega

El volante de inercia

En las empresas, el juego infinito tiene una imagen que Jim Collins hizo famosa en Empresas que sobresalen: el volante de inercia. Imagina un disco enorme y pesadísimo que tienes que hacer girar. Al principio empujas con todas tus fuerzas y apenas se mueve unos centímetros. Si sigues, cada vuelta se apoya en la anterior, y llega un momento en que gira mil, diez mil veces más rápido, con un impulso casi imparable.

Si te preguntan cuál fue el empujón decisivo, no sabrás contestar. No fue ninguno. Las grandes transformaciones no suceden de una vez: no hay una innovación espectacular, un golpe de suerte único ni un episodio de podcast genial que lo cambie todo. Hay un proceso acumulativo, decisión a decisión, giro a giro.

Collins cuenta que las empresas que sobresalen apenas dedicaron tiempo a motivar ni a gestionar el cambio. Empezaron a girar el volante y enseñaron resultados tangibles, y la gente ganó confianza con los éxitos, no con las palabras. Tampoco proclamaron grandes objetivos al principio. Terry Smith, el inversor, dice algo parecido cuando se queja de la palabra «hoja de ruta»: sirve para una carretera, no para predecir el futuro. Cuando el volante ya gira, la meta se establece sola.

Creo que lo que más deseamos en el trabajo, y casi en la vida, es formar parte de algo que funciona y sentir que avanzamos. Cuando la gente ve girar el volante, arrima el hombro. Cuando no gira, aparecen la envidia y la codicia, como contaba Bernat Farrero en el episodio 56.

El deseo que copiamos

Somos la especie más imitadora. Ya Aristóteles decía que imitar es natural en el ser humano desde la infancia, y probablemente es la base de nuestro aprendizaje. Pero el filósofo René Girard le vio la otra cara: al imitar a los demás imitamos también sus deseos, acabamos queriendo las mismas cosas y de ahí nacen la rivalidad y el conflicto. Basta ver a dos niños pequeños con un juguete. Para Girard no nos peleamos por ser diferentes, sino por ser iguales y querer lo mismo. Nadie se libra del contagio, pero saberlo ayuda a decidir mejor. Yo lo resumo en una regla que vi aplicar a C. Tangana en un directo: copia hasta que puedas ser original, y cuando copiar deje de aportar, explora y crea.

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Tercera parte · Qué juego jugar

Suma negativa, suma cero y suma positiva

La teoría de juegos también los clasifica por lo que crean. En los de suma negativa pierden todos, como en una guerra. En los de suma cero, lo que gana uno lo pierde el otro, como en el póquer o el ajedrez. Batir al mercado en bolsa es un juego de suma cero, aunque invertir en empresas no lo sea. Y luego están los de suma positiva, el famoso win-win: yo te compro algo por menos de lo que me aporta, con ello construyo algo más valioso, y así sucesivamente. Es el juego que me gusta jugar, y el de cualquier negocio bien planteado.

Cuando cada uno juega a algo distinto

Un sistema es estable cuando todos juegan al mismo juego. Dos jugadores de ajedrez saben que compiten. Dos amigos que quedan por el gusto de verse juegan a lo mismo. El problema llega cuando uno juega a ganar y el otro a seguir jugando, como el amigo que en realidad busca aprovecharse. Lo que delata a qué juega cada uno es lo que en microeconomía se llama preferencia revelada: no lo que dice, sino lo que hace. Detectar esa diferencia entre lo que se declara y lo que se hace es clave para tomar mejores decisiones. Esta idea de los juegos sociales la aprendí de Juegos en que participamos, de Eric Berne.

Los negocios son un juego infinito: nunca conoces a todos los competidores, las reglas cambian y ganar es un concepto muy particular. Aun así, muchas empresas hablan como si jugaran uno finito: ser el número uno, ¿según qué criterio y durante cuánto tiempo? Las que entienden que juegan un juego infinito acaban desesperando a las que se obsesionan con la competencia, porque ellas se obsesionan con mejorar. Unas veces serás el podcast de moda y otras no. Se compite contra uno mismo. Es el kaizen.

¿Cómo se cambia de mentalidad? Para mí, mejorando siempre alrededor de los propios valores, justo lo contrario de la frase atribuida a Groucho Marx: «Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros». Los míos son no hacer daño, contribuir a que la gente de mi entorno viva mejor, y también una buena vida, salud, libertad y control sobre mi tiempo. A veces, ser fiel a tus valores no coincide con tu interés del momento.

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Cuarta parte · Lo que aprendí en 2020

Reflexiones de un año en casa

¿Por qué jugar algo que no se acaba nunca? Además del placer de la propia actividad, porque cuando aprendes a reconocer estos juegos ves un camino de progreso que otros no ven. Se atribuye a Bill Gates la idea de que sobrestimamos lo que cambiará en dos años e infravaloramos lo que cambiará en diez. Y circulan frases célebres, de autoría dudosa, que lo ilustran: que las máquinas voladoras más pesadas que el aire eran imposibles, que el mundo solo necesitaría cinco ordenadores o que ya se había inventado todo. Predecir el futuro es dificilísimo.

En 2020 pasé más horas pensando en casa que en los cuatro años anteriores, y cerré el episodio compartiendo lo que más me había aportado, sin ninguna certeza:

Por qué funciona ser generoso. No solo por la reciprocidad. También porque, cuando juegas juegos infinitos de suma positiva, compartir el valor que generas acaba volviendo. Es el dador inteligente del que habla Adam Grant y del que hablamos en el episodio 19.

La importancia del continente. Lo que comunicamos se juzga por muchos canales a la vez, no solo por las palabras. Por eso cuido cómo suena cada episodio.

Todos mentimos, más de lo que creemos y a menudo para proteger a otro o por una causa que nos parece justa.

Casi todo lo que decidimos es un baile alrededor del temor a quedarnos sin lo que tenemos. Ese temor nos ha traído hasta aquí, y 2020 nos recordó lo frágiles que somos, pero si pesa demasiado nos cierra el universo de posibilidades. Y cuando te expones, recibes de todo: si El padrino o Cadena perpetua tienen críticas feroces, cómo no las vamos a tener nosotros.

La atención decide. En las finanzas personales se puede poner el foco en recortar o en ganar más. Ahorrar tiene techo; aumentar los ingresos, mucho menos, y además permite reinvertir en ti y poner a girar el volante. En los negocios me quedo con dos métricas: la rentabilidad sobre el capital empleado y la tasa de reinversión.

Dos caminos se bifurcaban en un bosque, y yo tomé el menos transitado. Y eso marcó toda la diferencia.Robert Frost

Terminé como empecé, con una bifurcación, la del poema «El camino no elegido», de Robert Frost.

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