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Tenía unos treinta y pocos años.

Recuerdo perfectamente dos comentarios que me hicieron algunos amigos y conocidos de aquel entonces. Eran de esos consejos que se lanzan con un tono de resignación disfrazada de sabiduría, como si la vida fuera un proceso de erosión inevitable donde el entusiasmo es solo un síntoma de juventud que el tiempo se encarga de curar.

Un amigo de mi misma edad me dijo un día: “Fer, tú ya tienes el currículum hecho”. Me lo soltó como si fuera un premio, como si la meta de la existencia fuera rellenar dos folios con nombres de empresas y ya pudieras sentarte a esperar que pasen los años sin más ambición.

Poco después, otro conocido, este ya en los cuarenta, remató la jugada: “No vas a tener el hambre que tienes ahora cuando llegues a mi edad. El impulso se va apaciguando. Es ley de vida”.

Bien. Han pasado los años. Hoy tengo 42.

Y he comprobado que ninguno tenía razón. Ni el currículum estaba terminado —porque si tu único afán es acumular folios estáticos, algo estás haciendo mal— ni mi energía ha disminuido. Al contrario: estoy con más intensidad y hambre vital que nunca.

Pero para mantener este ritmo sin descarrilar, tuve que entender un obstáculo psicológico que la mayoría de los profesionales ignora y que explica por qué tanta gente brillante se detiene justo antes de alcanzar su máximo potencial. Gay Hendricks lo denomina el problema del límite superior.

La gran revelación: El miedo al éxito es, a menudo, mucho mayor que el miedo al fracaso. Inconscientemente, nos asusta tanto que las cosas vayan bien que nosotros mismos provocamos la tormenta para volver al refugio de lo conocido.

1. El termostato interno: la tesis central de “The Big Leap”

En su obra fundamental, The Big Leap (Tu gran salto), Gay Hendricks plantea que cada persona tiene un “termostato interno” configurado para una cantidad específica de felicidad, amor y éxito. Es una configuración mental que determina cuánta abundancia nos permitimos experimentar antes de que salten las alarmas.

Imagina que tu termostato está a 20 grados. Es tu zona de confort emocional. Mientras te muevas ahí, todo parece estar bajo control. Pero de repente, ocurre algo extraordinario: consigues un ascenso importante, tu negocio escala o tu relación personal alcanza un nivel de plenitud inusual. Tu temperatura vital sube a 28 grados.

En ese momento, según explica Hendricks en su libro, tu subconsciente entra en pánico. “Esto es demasiado bueno para ser verdad”, piensa. “Seguro que algo malo va a pasar para compensar tanta suerte”. Para bajar la temperatura de nuevo a esos 20 grados familiares, el ego activa el autosabotaje.

Es el mecanismo que usamos para reducir la “carga positiva” y volver a sentirnos seguros en nuestro nivel anterior.

La base biológica: la amígdala y la homeostasis

Para entender este fenómeno desde un prisma didáctico debemos mirar al cerebro. La mente humana prioriza la homeostasis —el estado de equilibrio interno— sobre la plenitud. Nuestro sistema nervioso está diseñado para la supervivencia, no para la autorrealización.

La amígdala, nuestro centro de detección de amenazas, no distingue entre un peligro real y un cambio positivo radical. Para el cerebro primitivo, lo “desconocido” suele ser interpretado como “peligroso”. Cuando superas tu límite superior, tu cerebro interpreta ese nuevo estado de éxito como una amenaza a tu equilibrio habitual y lanza señales de alerta para que retrocedas. Es pura biología aplicada al comportamiento.

2. El carácter y la disciplina: la fortaleza de ignorar el ruido

Hendricks insiste en que dar el gran salto requiere algo más que inteligencia: requiere carácter. El conocimiento hoy es accesible para casi cualquier persona. Sin embargo, la fortaleza de ser capaz de ignorar el ruido externo es un recurso escaso.

Vivimos en un mundo que grita constantemente, que lanza notificaciones y exige resultados inmediatos. Esa presión social empuja a muchos a hacer lo que hacen los demás por miedo a quedarse atrás. El carácter es lo que permite mantener la humildad, escuchar más que hablar y admitir cuando no se sabe algo.

Esa honestidad intelectual es la base de cualquier ventaja competitiva real. Emprender o crecer profesionalmente es un desafío de personalidad constante. Si el ego es mucho más grande que la perseverancia, el termostato del límite superior ganará la partida siempre. La autodisciplina es el puente entre la zona de excelencia y la zona de genialidad.

3. La profundidad de los matices: donde reside la genialidad

Mucha gente se queda en la superficie de las cosas porque carece de la disciplina para profundizar. Cuando no tienes disciplina, te falta información real. No porque los datos no estén ahí, sino porque no llegas a la profundidad de los matices que hacen toda la diferencia.

En cualquier disciplina, ya sea inversión, gestión o ciencia, la diferencia entre un profesional excelente y uno extraordinario reside en los detalles que el resto ignora por las prisas. Para entender esos matices, necesitas tiempo, enfoque y una disciplina férrea.

Si eres impaciente y lo quieres todo para ya, nunca llegarás a esa capa de conocimiento profundo. Simplificar la vida y fortalecer el carácter es lo que te da la paciencia necesaria para excavar hasta encontrar lo que otros pasan por alto. Hendricks explica en su obra The Genius Zone que el genio no es el que más sabe en bruto, sino el que mejor habita sus dones únicos en esos matices específicos.

La paradoja de la profundidad: Cuanto más ignoras el ruido externo y te enfocas en los matices internos de tu trabajo, más control real ganas sobre tus resultados. La superficialidad es una forma sutil de autosabotaje para no enfrentar el esfuerzo que requiere la maestría.

4. Las cuatro zonas de existencia: de la excelencia a la genialidad

En su bibliografía, Hendricks clasifica las actividades humanas en cuatro cuadrantes fundamentales. Identificar dónde estás es el primer paso para no estancarse.

Zona Descripción según Gay Hendricks Sentimiento asociado
Incompetencia Tareas que otros hacen mucho mejor que tú. Frustración y pérdida de tiempo.
Competencia Cosas que haces bien, pero que muchos otros también pueden hacer. Aburrimiento y falta de valor diferencial.
Excelencia Eres extremadamente bueno, te pagan bien y recibes aplausos. Es la “Trampa de Oro”. Comodidad peligrosa.
Genialidad Donde utilizas tus talentos únicos y el tiempo desaparece. Flujo, expansión y alto impacto.

La Zona de Excelencia es donde vive la mayoría de la gente con éxito aparente. Moverse hacia la zona de genialidad requiere el carácter suficiente para renunciar a los aplausos seguros de hoy por el impacto real de mañana.

Hendricks profundiza más en esto en su libro de 2021, The Genius Zone, donde explica que vivir aquí es la única forma de eliminar el estrés crónico, ya que operamos alineados con nuestra naturaleza más profunda.

5. El físico como infraestructura del carácter

Mantener una buena forma física no es una frivolidad; es parte de la infraestructura que sostiene tu carácter y tu propósito. El físico es algo que no se puede comprar ni delegar: o trabajas por él o no lo tienes.

Entrenar la disciplina física te prepara para la disciplina mental que requiere romper tu límite superior. Es mucho más difícil sabotearse y volver a la mediocridad cuando has construido una voluntad de hierro a través del esfuerzo físico.

Tu cuerpo es el soporte de tu propósito. Como destaca Hendricks en sus estudios de psicología somática, el cuerpo es el barómetro de nuestra verdad interna; cuidarlo es una cuestión de ética de trabajo y respeto hacia el propio potencial.

Ejercicio: El Auditor de Genialidad

  • Identifica las tareas de “Excelencia” que te mantienen cómodo pero estancado.
  • Busca el espacio para profundizar en un solo matiz técnico esta semana.
  • Respira y sostén la sensación de éxito cuando las cosas salgan bien.

6. Barreras ocultas y “Five Wishes”

Hendricks explica en The Big Leap que el autosabotaje nace de cuatro miedos subconscientes muy potentes:

  1. Sentirse defectuoso: La creencia de que si tienes mucho éxito, la gente acabará descubriendo que eres un fraude.
  2. Deslealtad y abandono: El temor a que, si prosperas demasiado, estarás traicionando tus orígenes o dejando atrás a tu tribu.
  3. El éxito como carga: Pensar que brillar significa inevitablemente más responsabilidades y menos libertad.
  4. Miedo a eclipsar a otros: Temor a que tu luz sea tan intensa que haga sentir mal a los demás. Te haces pequeño para no incomodar.

En su libro Five Wishes (Cinco deseos), Hendricks nos invita a no esperar al lecho de muerte para evaluar nuestra vida. “Si muriera hoy, ¿qué lamentaría no haber hecho?”. La mayoría de esos lamentos nacen de no haber tenido el carácter de romper estas barreras invisibles.

7. Herramientas tácticas: Respiración y Tiempo Einstein

Para elevar tu capacidad de sostener el éxito, Hendricks propone integrar la mente y el cuerpo:

“El miedo es entusiasmo sin respiración”

Fisiológicamente, el miedo y el entusiasmo son casi idénticos. La única diferencia es que cuando tenemos miedo, contenemos la respiración. Hendricks sugiere que, ante un nuevo reto profesional, respires profundo. Al oxigenar la sensación, el miedo se transforma en entusiasmo y energía creativa.

Tiempo Einstein frente a Tiempo Newtoniano

En su obra, el autor describe el Tiempo Newtoniano como la creencia de que el tiempo es finito y externo, lo que genera estrés y victimismo. El Tiempo Einstein postula que tú eres la fuente del tiempo. El tiempo se expande o se contrae según tu nivel de energía y compromiso. Cuando operas en tu zona de genialidad, el tiempo rinde exponencialmente más.

8. Integridad y Responsabilidad Radical

En su libro The Corporate Mystic, Hendricks une la integridad con los negocios: la honestidad radical es la mayor ventaja competitiva. Un líder que actúa con integridad atrae mejores oportunidades que uno que actúa desde el ego.

Además, en sus obras sobre relaciones como Conscious Loving, introduce la responsabilidad del 100%. Si hay un problema, no culpes al entorno ni a los demás. Pregúntate: “¿Cómo estoy yo creando esta situación?”. Esto elimina el rol de víctima y te devuelve la agencia absoluta para actuar y cambiar tu realidad.

Conclusión: El hambre vital no se apaga

Aquel amigo de los treinta pensaba que el camino terminaba ahí. El conocido de los cuarenta creía que el fuego se apagaba por ley natural. Ambos se equivocaron porque aceptaron los límites que su entorno les impuso y llamaron a eso “madurez”.

El problema del límite superior es la última frontera hacia una vida de impacto real. Al otro lado no hay más esfuerzo agónico, sino más claridad y una satisfacción que nace de la coherencia interna.

A mis 42 años, entiendo que trabajar, vivir y disfrutar son la misma cosa cuando dejas de pedir permiso por tu genialidad. La mente humana prioriza la homeostasis, pero tú tienes la responsabilidad de fortalecer tu carácter, ignorar el ruido y permitirte brillar con toda la intensidad de la que eres capaz.

Sé bueno con los tuyos. Sé generoso. Sé fiable y honesto. Pero con tu ética de trabajo y tu hambre por crecer, sé implacable.

El único límite real es aquel que decidas aceptar como verdad hoy mismo.

P.S.: …se rompió la cadena que ataba el reloj a las horas ♪.

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