Más de dos horas con uno de los divulgadores más rigurosos de la inversión en español
«Especula quien entra en el mercado para batirlo; invierte quien acepta lo que el mercado le ofrece.» Antonio Rico, de piloto a gestor de su propio fondo.
Antonio Rico, autor del blog El Inversor Inteligente y gestor de Baelo, explica cómo unió en una sola cartera la gestión pasiva, la cartera permanente y los dividendos crecientes; por qué casi nadie bate al mercado a largo plazo; qué hay de cierto en la burbuja de la indexación; y qué libros le marcaron.
Llevaba meses preparando esta entrevista. Me gusta traer invitados que se apoyan en libros, en datos y en artículos científicos, y en el mundo de la inversión Antonio es de las personas más rigurosas que conozco. A él, que le llamen referencia todavía le abruma.
Grabamos en diciembre de 2019. Las cifras del fondo son de entonces, y nada de lo que aquí se cuenta es una recomendación de inversión: es una conversación sobre cómo pensar la inversión.
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Inversión pasiva y cartera permanente
Antonio Rico
Malagueño, maestro de formación y piloto durante veinte años. Desde 2010 divulga gestión pasiva, cartera permanente y dividendos crecientes en su blog El Inversor Inteligente, y desde marzo de 2018 gestiona el fondo Baelo.
Anfitrión
Fernando Alonso
Píldoras del Conocimiento. Profesor universitario e investigador en robótica social. En esta mesa, el que hace las preguntas.
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Primera parte · La trayectoria
Del aula que no llegó a la cabina
Antonio nació en Málaga en 1975 y desde pequeño quiso ser maestro, como su hermana. Terminó Magisterio en 1997, cuando las oposiciones eran casi imposibles por el baby boom, e hizo la milicia universitaria, la última oportunidad de hacer la mili como oficial. Allí conoció a unos pilotos de helicóptero, se enteró de una oposición para universitarios y aprobó. Fue piloto durante veinte años: la primera mitad transportando autoridades, con mucho piloto automático, y la segunda apagando incendios, con vuelo manual y concentración máxima.
En 2009, buscando cómo aumentar sus ingresos pasivos, montó un blog sin saber muy bien cómo se hacía. En 2010 empezó a escribir sobre gestión pasiva y cartera permanente, cuando en español no había casi nada: ni Bogleheads, ni John Bogle, ni Vanguard. Dos años después, sobre aristócratas del dividendo. Se formó con un máster en mercados bursátiles y decenas de libros, y todo lo que había divulgado lo acabó reuniendo en un fondo.
Yo le dije que se había subido a dos olas a la vez, la de los blogs y la de la indexación. Él lo reconoce: hubo fortuna en que le atrajera justo lo que estaba a punto de explotar. Luego, claro, hay que saber surfear la ola.
Tres vértices y un fondo en el centro
Durante años llevó en paralelo, y publicadas, varias carteras: un 70 % al estilo Bogle con fondos y ETF de Vanguard, un 30 % en cartera permanente y un pequeño porcentaje en acciones de dividendos crecientes. Con el trabajo y los niños, no daba abasto, y acabó simplificando. Baelo nació para tener en una sola cartera las tres filosofías: la gestión pasiva, la cartera permanente y el dividend growth investing.
La cartera combina siete clases de activos poco correlacionadas entre sí, y se reequilibra con cada entrada de dinero. Un 40 % es renta fija de la zona euro. La renta variable se reparte en tres tercios iguales: zona euro, Estados Unidos y el resto del mundo. Como decía Harry Browne, hay que invertir para un mundo incierto: nadie sabe si mandará Estados Unidos, si Europa se recuperará o si serán China e India. Antonio prefiere no quedarse fuera del tercio que lo haga mejor.
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Él lo ve más como un servicio que como un producto: un piloto automático con un piloto en la cabina, repasando la lista de comprobación. De hecho, lo que más tiempo le lleva no es comprar y vender, sino contestar uno a uno a sus dos mil partícipes, muchos de los cuales no habían invertido nunca.
Rentabilidad esperada de tres o cuatro puntos por encima de la inflación, según las pruebas con datos históricos y por analogía con la cartera permanente. Volatilidad en torno al 6 %, que entonces iba en el 5,87 %. Peor año natural en esas pruebas, una caída cercana al 20 %, cuando el mercado cayó un 37 %. Él mismo advierte que lo pasado no tiene por qué repetirse: no buscaba el mejor ratio de los últimos veinte años, sino una filosofía con sentido para el inversor medio y prudente.
¿Por qué no hacerlo uno mismo con ETF? Se puede hacer algo parecido, le reconocí, pero hay que reequilibrar, dedicarle tiempo y aguantar emocionalmente la estrategia. Y hay clases que no existen en ETF, como los REIT o las mineras de oro de dividendos crecientes. Además, Baelo aplica criterios de seguridad del dividendo, como no admitir empresas con un payout o una deuda elevados. Por eso compra las acciones directamente, unas sesenta, sin pagar la comisión de otro fondo por debajo.
Sobre la fiscalidad de los dividendos, Antonio explicó que los fondos españoles tienen ventaja gracias a los convenios: los bonos y las acciones de Francia o el Reino Unido no sufren retención en origen, y el resto suele quedarse en un 15 %. En total, calculaba un coste extra del 0,16 % anual. Y aclaró un malentendido frecuente: dividendo creciente significa que cada acción paga cada vez más euros, no que la rentabilidad por dividendo suba, porque el precio de una empresa de calidad también sube.
Segunda parte · Las ideas
Activo, pasivo y un fondo que no ha tocado nada en décadas
¿Baelo es activo o pasivo? Antonio bromea con que hay tantas opiniones como habitantes del planeta: la gestión pasiva no está definida académicamente. Para él, si en una escala del 1 al 10 estás por encima del 8,5, eres pasivo. El S&P 500 tiene un comité que decide qué empresas entran y salen y rota en torno a un 4 % al año; Baelo, casi nada. ¿Cuál es más pasivo?
Su gran inspiración son dos fondos históricos. El Voya Corporate Leaders Trust compró en los años treinta las grandes empresas industriales de Estados Unidos, a partes iguales, y desde entonces no ha hecho ni una operación: los cambios vienen de quiebras, escisiones y fusiones. Por eso tiene acciones de Berkshire Hathaway, que compró el ferrocarril que tenía, o de ExxonMobil, heredera de la Standard Oil. Y, según cuenta, ha batido al mercado. Yo le pregunté por el sesgo de supervivencia, y él reconoció que es un caso casi único.
El otro es el Massachusetts Investors Trust, el primer fondo de inversión moderno, de 1924. Nació con una comisión del 0,4 %, la fue bajando al crecer y mantenía las acciones una media de 27 años. Lo compró otra gestora, subió la comisión, empezó a rotar y a intentar adelantarse al mercado, y empeoró. Hoy sobrevive, pero ya no es el que era.
Uno juega con ventaja en la inversión si sabe reconocer lo que no es capaz de saber.Antonio Rico
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Invertir y especular
Antonio se acerca a la definición de Harry Browne: especula quien entra en el mercado con la intención de batirlo; invierte quien acepta la rentabilidad que el mercado le ofrece. Con las acciones cuesta verlo, porque tenemos muy interiorizado buscar empresas baratas. Con otros activos se ve mejor: quien compra un piso para alquilarlo invierte; quien lo compra para venderlo en tres años porque cree que subirá, especula. Quien compra oro como parte fija de su cartera invierte; quien lo compra porque prevé inflación, especula.
Yo le planteé que la palabra arrastra una connotación negativa que no merece, y que cada uno haga lo que quiera: Jim Simons especula con modelos estadísticos y, si sus cifras son ciertas, con rentabilidades enormes. Antonio estuvo de acuerdo, y recordó que Browne decía que le encantaba especular. No hay nada malo en ello: solo hay que llamar a las cosas por su nombre.
Sobre Simons, por cierto, le conté que el libro sobre él lo escribió un periodista sin entrevistarle, y que los modelos los construyeron especialistas en reconocimiento de voz venidos de IBM. Antonio, con honestidad, dijo que apenas le conocía.
¿Se puede batir al mercado?
Antonio cree que Buffett no ha tenido solo suerte: compra negocios que entiende, con ventajas competitivas, cuando el precio le ofrece el rendimiento que considera suficiente. Le recuerda a los inversores en dividendos crecientes, y recomienda Buffettology para entender su método. Pero para el resto, los datos son tozudos. A diez años, alrededor del 90 % de los gestores profesionales queda por debajo de su índice, en parte por los costes. A veinte, solo un 4 % lo supera. A treinta, casi nadie. Si solo quedaban los buenos, ¿qué les ha pasado?
Yo añadí que los inversores particulares, sin comisión de gestión, tampoco lo tienen fácil, y que en el fondo es porque el futuro a largo plazo es impredecible. Nuestro cerebro predice constantemente a corto plazo, pero nadie sabe cómo será el mundo dentro de treinta años.
Antonio fue más allá: el análisis fundamental tiene, a su juicio, las mismas probabilidades de batir al mercado que el técnico o el macroeconómico. Todos trabajan con datos conocidos, y en el 95 % de las operaciones hay un profesional al otro lado, con las mejores máquinas y las mejores mentes. Es como salir a sacar y descubrir que enfrente está Rafa Nadal.
El cerebro predice todo el rato a corto plazo. A treinta años, nadie sabe cómo será el mundo.Fernando Alonso
¿Y si alguien tiene un talento especial? Un pianista toca bien hoy, mañana y dentro de diez años; Messi regatea en cada partido. Un talento que bate al mercado diez años y luego no lo hace, o al revés, es un talento un tanto raro.
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Dividendos crecientes: el historial como señal
Si Bogle decía que los factores que funcionaron en el pasado acaban revirtiendo, ¿no es apostar por los dividendos crecientes una apuesta por un factor? Antonio no lo ve así: no busca batir al mercado, sino una filosofía de cartera. Y recuerda que hay ciclos larguísimos: treinta años en los que el crecimiento ganó al valor, décadas en que las grandes ganaron a las pequeñas, y treinta años en que los bonos a largo plazo superaron a las acciones, para sorpresa de Jeremy Siegel.
Aun así, según los datos que maneja, las acciones de dividendos crecientes llevan casi cincuenta años superando al mercado en Estados Unidos, y recuerda un trabajo de Eugene Fama que venía a decir que una anomalía que dura décadas deja de ser una anomalía. Yo le señalé que en Europa no lo veía tan claro; él lo atribuye a que allí el historial es más corto. Porque el historial importa: entre los dividend kings, con más de cincuenta años subiendo el dividendo, casi ninguno lo ha recortado; entre los que llevan más de veinticinco, menos de un 10 % lo recorta al año siguiente; entre los que llevan de diez a veinticinco, más de un 15 %.
Y al revés: las empresas que recortan el dividendo han tenido después una esperanza matemática prácticamente nula. Recuerda una estadística según la cual la mitad de las que recortan publica pérdidas al año siguiente, frente a menos de un 5 % de las que lo suben. Si alguien cree tener talento para elegir las que se recuperarán, adelante; él prefiere cazar donde las presas son mejores.
Sobre los REIT, la inversión inmobiliaria cotizada: a largo plazo han rendido prácticamente lo mismo que la bolsa, pero en ciclos de inflación o deflación se mueven distinto, y eso, bien reequilibrado, suma unos puntos básicos. En 2008, sin inflación ni deflación especiales, cayeron como todo, o algo más.
Le hice una confesión que comparto: a veces hablamos de estos porcentajes como si fueran el futuro, cuando son el pasado. Él lo reconoce, y añade que en Twitter, en pocos caracteres, la asertividad puede parecer una verdad absoluta, aunque no sea esa la intención.
Tercera parte · Mercado y personas
La supuesta burbuja de la indexación
Yo había leído un artículo suyo sobre el tema. Su argumento: los indexados tienen una parte grande de las acciones, pero solo participan en torno al 5 % de la negociación, que es donde se forma el precio. Además, cada euro que entra en un índice empuja a cada empresa en proporción a su peso, así que no infla a unas más que a otras; las grandes tecnológicas suben porque lo hacen bien y la gestión activa las compra. En el S&P 500, los indexados tienen más porcentaje de la empresa número 400 que de la número 4. Y en Europa los indexados son un 10 % del mercado; en España, un 1 %.
Hablamos también de las trampas de marketing del sector: gráficas con dos ejes, escalas no logarítmicas que hacen parecer burbuja cualquier interés compuesto, o compararse con un índice inventado. Antonio se lo toma con deportividad: el marketing no es malo, siempre que sea honesto.
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El eneatipo 5 y los consejos a sus hijos
Le había escuchado decir que es un eneatipo 5, la personalidad más hermética y racional del eneagrama, una herramienta que le ha ayudado mucho a entenderse y a entender a los demás. Su mujer es un 2, justo lo contrario. Se describe con humor: si quisiera aprender a bailar, se compraría cinco libros de cinco tomos y nunca pisaría la pista. Cuesta pasar de la teoría a la acción, pero cuando pasa, lo hace con una asertividad que puede parecer soberbia y no lo es.
A sus hijos les dirá dos cosas. Que se ofrezcan siempre a hablar en público, en clase o con los amigos, porque abre muchas puertas. Y que pongan el esfuerzo en lengua, matemáticas y filosofía, la base de todo lo demás. Yo defendí el aprendizaje justo a tiempo, aprender cuando lo necesitas; él, la vuelta a lo básico. Y sobre leer, coincidimos: un buen libro condensa a veces más de un año de trabajo, ordenado para que lo entiendas, algo que una carpeta de artículos científicos no te da.
¿Cómo se ve dentro de diez años? Con energía para seguir gestionando Baelo, aunque prefiere no obsesionarse con el futuro: como decía Browne, no sabemos cuánto tiempo nos queda. Yo añadí que tampoco se trata de ser el más rico del cementerio, y que la mejor inversión es en uno mismo. Lo más valioso que ha aprendido en los últimos años, dice, es a comunicar según el canal y la persona: entender qué te preguntan y por qué. Y confía en que sus partícipes, como los de Vanguard en 2008, sigan ahorrando cuando el mercado baje.
Los libros de Antonio
Uno de cada mentor. De John Bogle, Common Sense on Mutual Funds, el «tocho», que para él es el mejor libro de inversión que ha leído. De Harry Browne, Fail-Safe Investing, un librito con las reglas básicas de las finanzas personales en el que basó su charla en Value School. Y de William Bernstein, además de Los cuatro pilares de la inversión, The Intelligent Asset Allocator: cómo construir una cartera diversificada y eficiente para cada nivel de tolerancia a la volatilidad. A mí El pequeño libro para invertir con sentido común, de Bogle, me abrió los ojos.
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