La nueva carrera espacial, contada como industria y como negocio
Especies interplanetarias: SpaceX, Blue Origin, Virgin Galactic y la carrera por convertirnos en una civilización del espacio.
Con Erik Hernández repasamos en qué trabaja la industria espacial, la visión opuesta de Elon Musk y Jeff Bezos, por qué Starlink puede pagar el viaje a Marte, el riesgo de llenar la órbita de basura, el turismo suborbital, las empresas que cotizan, el regreso a la Luna con Artemis y por qué la exploración espacial puede tirar de muchas otras tecnologías.
La exploración espacial ha dejado de ser cosa solo de agencias públicas: la impulsan multimillonarios del mundo digital como Elon Musk, Jeff Bezos o Richard Branson. Quería entenderla también como negocio, y para eso invité a Erik Hernández, que lleva años escribiendo sobre empresas espaciales. Ninguno de los dos somos expertos: compartimos lo que habíamos estudiado. Grabamos a principios de febrero de 2021, y al final del artículo cuento qué pasó después con algunas de las previsiones.
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Inversión y sector espacial
Erik Hernández
Inversor desde muy joven y autor desde 2009 del blog Small is more en Rankia, donde muchos le conocen por sus seudónimos. Vive en Florida desde hace años y se ha especializado en escribir sobre compañías espaciales, un sector que considera poco conocido y con mucho potencial a largo plazo.
Anfitrión
Fernando Alonso
Píldoras del Conocimiento. Ingeniero en inteligencia artificial, doctor en robótica, profesor universitario e investigador en robótica social.
Píldoras del Conocimiento · Episodio 63Página 1 de 5
Primera parte · El contexto
La escala de Kardashov
En 1964 el astrofísico ruso Nikolái Kardashov propuso medir el avance tecnológico de una civilización por la energía que es capaz de aprovechar. Una de tipo I domina los recursos de su planeta; una de tipo II, los de su sistema planetario; una de tipo III, los de su galaxia. Cada salto es exponencial. Con los cálculos de Carl Sagan, la humanidad estaría en torno a 0,7: ni siquiera hemos llegado al tipo I. Según algunas estimaciones, alcanzarlo nos llevaría uno o dos siglos, y hay quien especula con que esa transición es la más peligrosa, porque una civilización puede autodestruirse si no tiene más espacio donde expandirse.
Cinco grandes frentes
Lo resumí así: lanzamientos, aterrizajes en la Tierra y en la Luna, llevar carga y personas, satélites de comunicaciones e internet desde el espacio, y estaciones espaciales. Lo que antes hacían solo las agencias públicas ahora lo hacen cada vez más empresas privadas con contratos. En lanzamientos, la clave es abaratar costes y tener disponibilidad, y para eso la reutilización es decisiva: recuperar al menos la primera etapa del cohete, la que más empuja.
Erik recuerda por qué era tan importante para Estados Unidos: desde la retirada del transbordador en 2011, dependía de las naves rusas Soyuz para llegar a la Estación Espacial Internacional, y Rusia subía el precio en cada renegociación. En 2020 recuperó esa capacidad con la cápsula Dragon de SpaceX.
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Segunda parte · Las compañías
SpaceX: Marte como brújula
SpaceX nació en 2002 para abaratar el acceso al espacio con un objetivo declarado: colonizar Marte. Su historia es la de una apuesta al límite. El Falcon 1 falló en tres de sus cuatro primeros lanzamientos y, según el propio Musk, si el cuarto hubiera fallado en 2008 la empresa habría quebrado. Funcionó, llegó la financiación de la NASA para llevar carga a la estación y con ella el Falcon 9. Tras muchos intentos fallidos, a finales de 2015 logró aterrizar una primera etapa en tierra y en 2016 sobre una barcaza en el mar. En febrero de 2021 llevaba ya unas setenta recuperaciones.
Musk acababa de decir que el ser humano llegaría a Marte en cinco años y medio. Erik lo veía muy complicado: los prototipos de Starship explotaban al aterrizar, y además del transporte hacen falta hábitats, energía que no dependa del sol (las tormentas de polvo tapan los paneles y la atmósfera marciana es demasiado tenue para el viento), trajes, vehículos y la financiación de muchas agencias. Su apuesta: unos veinte años, y antes la Luna.
¿Cómo se paga todo eso? Mi tesis, compartida con Erik, es Starlink: miles de satélites en órbita baja que dan internet rápido y con poca latencia en cualquier lugar. Compite con las infraestructuras de telecomunicaciones, que viven endeudadas por tener que renovar antenas en cada generación. Si genera tanta caja como parece, puede financiar el resto. Tendrá competencia (OneWeb, Kuiper de Amazon, proyectos rusos y chinos) y vetos en algunos países, pero el mercado es enorme. Y si Starship baja el precio de poner un kilo en órbita a unos pocos cientos de dólares, cambiarían las reglas: estaciones mucho más grandes, viajes a la Luna, nuevas industrias.
El riesgo de llenar la órbita
Hablamos de decenas de miles de satélites. Los astrónomos ya protestan porque aparecen en sus fotografías y porque interfieren con la radioastronomía; SpaceX probó a oscurecerlos y a ponerles viseras. Pero el riesgo mayor es el síndrome de Kessler: si unos cuantos satélites fallan y chocan, generarían millones de fragmentos que podrían inutilizar la órbita baja durante décadas. Erik lo compara con un tráfico aéreo sin regulación. Las grandes potencias espaciales tendrán que ponerse de acuerdo.
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Blue Origin: ir al espacio para proteger la Tierra
La visión de Bezos es casi la opuesta a la de Musk, y me costó descubrirla. Para él, la Tierra es el mejor planeta del sistema solar, por goleada. No se trata de tener un plan B por si se destruye, sino de evitar una civilización estancada: si seguimos creciendo, agotaremos la energía del planeta, y racionarla sería estancarse. Su idea es llevar la industria pesada y contaminante al espacio y dejar la Tierra para vivir. Y se ve a sí mismo como quien construye la infraestructura para que otros emprendan, igual que él se apoyó en internet, la logística y las carreteras para crear Amazon.
También el estilo es distinto: proyectos más silenciosos y un lema en latín, Gradatim ferociter, paso a paso y con fiereza, con una tortuga como emblema. Erik explica que durante sus primeros años la financiación fue modesta para el sector, y que Bezos eligió empezar por un mercado que no existía, el turismo suborbital, con el cohete reutilizable New Shepard, que sube hasta la línea de Kármán, a unos 100 kilómetros, donde suele situarse el inicio del espacio. Lo siguiente era el New Glenn, de categoría pesada, para competir con los cohetes grandes de SpaceX. ¿Para qué tanta capacidad? En parte, ellos mismos serán sus clientes: los satélites de órbita baja duran cinco o seis años y hay que reponerlos sin parar.
Virgin Galactic y el turismo espacial
Era la única de las tres que entonces cotizaba en bolsa. Su origen está en la SpaceShipOne, financiada por Paul Allen y diseñada por Burt Rutan, que ganó el premio X en 2004; Richard Branson se quedó con esa tecnología. Su sistema es un avión nodriza que suelta una nave que funciona como un planeador y aterriza en una pista. El punto débil es su motor híbrido, difícil de domar: en 2014 un accidente en pruebas costó la vida a un copiloto. Erik, que había invertido en la compañía, acababa de vender a la espera de la siguiente prueba; Branson, recordé yo, es una máquina de vender.
Además de las grandes, Erik citó a las tradicionales con divisiones espaciales y defensa (Northrop Grumman, Lockheed Martin, Raytheon, L3Harris, Thales, Boeing) y a recién llegadas como Astra, Momentus, AST SpaceMobile o Voyager Space. Yo mencioné empresas españolas como PLD Space, Arquimea, GMV, Sener o Pangea Aerospace. Nada de esto es una recomendación de inversión.
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Tercera parte · La visión
Artemis: volver a la Luna para quedarse
Llevamos más de cincuenta años sin pisar la Luna. Artemis, la hermana gemela de Apolo en la mitología, quiere volver para quedarse, con la Luna como base para ir después a Marte. Necesita un cohete (el SLS), una cápsula (Orion, para cuatro astronautas frente a los tres de Apolo), una estación en órbita lunar (Gateway) y módulos de aterrizaje, por los que compiten SpaceX, Blue Origin y Dynetics. La idea es ir al polo sur, donde nunca se aterrizó: allí hay zonas con luz casi permanente para paneles solares y cráteres en sombra perpetua que podrían guardar hielo para obtener agua y oxígeno. Erik la llama el portaaviones de la Tierra: despegar desde la Luna exige muchísima menos energía que desde aquí.
Un objetivo que tira de todo lo demás
Mi reflexión final: desde el teléfono inteligente no habíamos tenido una gran disrupción tecnológica visible, y un objetivo ambicioso compartido puede arrastrar muchos campos a la vez: impresión 3D, combustibles, motores, economía circular y, sobre todo, la robótica. El espacio es quizá el lugar donde más sentido tienen los robots autónomos. Erik lo compara con el programa Apolo, que hizo avanzar la computación, los materiales y los sistemas de soporte vital, y pone ejemplos como el helicóptero Ingenuity en Marte o el dron Dragonfly que volará por Titán.
Algunas previsiones se cumplieron y otras se retrasaron. En julio de 2021 Branson voló en la nave de Virgin Galactic nueve días antes de que Bezos lo hiciera en el New Shepard. En septiembre de 2021 Inspiration4 se convirtió en la primera misión orbital tripulada solo por civiles. La misión Artemis I dio la vuelta a la Luna sin tripulación en noviembre de 2022, y el New Glenn hizo su primer lanzamiento en enero de 2025. El ser humano, en cambio, sigue sin pisar Marte.
El guion completo
Todo el material que preparamos sobre la escala de Kardashov, los frentes de trabajo y las compañías del sector, en un documento abierto.
Ver el guionDirectorio
InvitadoErik Hernández: Small is more
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FormaciónPdC Inversión
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