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Filosofía prácticaEpisodio 119Leganés, Madrid

Píldoras del Conocimiento

Sócrates, los estoicos y Lao Tse aplicados a la vida de hoy

Entrevista

«Puedes leer muchos libros sobre natación, pero hasta que no te tiras a la piscina no sabes lo que es nadar.» Pedro Vivar y la filosofía que se vive.

Una conversación larga y tranquila sobre filosofía clásica llevada a la vida diaria: por qué nació la filosofía, qué aprendió Sócrates de un juicio, la diferencia entre Séneca y Marco Aurelio, honor frente a integridad, principios frente a valores, el coste hundido, la fe como motor, la relación con el dinero y cómo construir un entorno de personas que te eleven.

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Carátula del episodio 119 con Pedro Vivar
Audiopodcast · Episodio 119 · 1 h 37 min Filosofía clásica en el mundo moderno, con Pedro Vivar
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Pedro vino a casa por segunda vez. La primera fue el episodio 90, y desde entonces le he visto cambiar: más pausado, más viajero, menos en la lucha y más en el camino. Llevaba un guion preparado y no sirvió de nada, como él había anticipado. Salió una de las conversaciones más largas y tranquilas del canal.

Formación · Pensamiento y modelos mentales

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Quién se sienta a la mesa

Pedro Vivar

Movimiento y filosofía práctica

Pedro Vivar

Creador de Programación Neuromotriz, un proyecto que enseña a construir el movimiento con programas motores y «consciencia de hueso», con formaciones presenciales en varios países. Se define como un apasionado del conocimiento práctico. Hace años se propuso publicar un libro al año y lo ha cumplido.

Instagram: @pedrovivar_

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Fernando Alonso

Anfitrión

Fernando Alonso

Píldoras del Conocimiento. Ingeniero en inteligencia artificial, doctor en robótica, profesor universitario e investigador en robótica social.

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Píldoras del Conocimiento · Episodio 119Página 1 de 5

Primera parte · La buena vida

Ahorrar por naturaleza, disfrutar con medida

Pedro se describe como alguien que fue muy teórico. Vivía en los libros, había trabajado en Rusia y en Oriente Medio, pero iba de casa al trabajo y del trabajo a casa, sin conocer la cultura de ningún sitio. Viene de una familia de agricultores y empresarios «de la antigua clase», gente que madrugaba para ir andando al campo. Cuando le dan la mano a su padre, dice, se siente un niño. Por eso le cuesta llamar trabajo a lo suyo: dedica muchas horas a lo que le gusta, y da la casualidad de que le da dinero.

De esa educación le quedó un instinto para ahorrar, no consumir, mirar precios y postergar la gratificación. El giro llegó al entender que la mejor forma de honrar a sus padres era vivir lo mejor posible. Su frase: «la buena vida es cara; la hay más barata, pero no es tan buena». Ahora se permite un buen restaurante, un viaje o una copa de vino, siempre con el meden agan clásico, el nada en exceso. Si no pruebas algo, ¿cómo vas a opinar sobre si es bueno o malo?

Yo le planteé el otro lado: eso se lo ha ganado. Antes ahorró y se formó de forma obsesiva. Pedro lo matiza con números redondos: quien se dedica un año en serio a un objetivo no pasa hambre; quien lo hace cinco, de forma prioritaria, muy probablemente acaba rico; diez, todavía más. Pero se paga un precio en familia, amigos y salud. Mi propuesta es verlo como un puzle: unos años de foco extremo para encajar la pieza económica, y después tiempo para las demás. Pedro añade otra idea que comparto: igual que conviene dedicar un par de años a entender cómo funciona tu cuerpo, conviene dedicar otros tantos a entender el dinero, las ventas y la psicología humana.

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Segunda parte · Los clásicos

La filosofía nace con el estómago lleno

Pedro arranca por el origen. Mientras somos nómadas y no sabemos si mañana comeremos, nadie se pregunta para qué está aquí. Cuando aparecen las ciudades, los rebaños y los huertos, y el estómago está lleno, surge la pregunta: ¿y qué más hay? En las polis griegas aparecen los primeros pensadores.

Y aparece Sócrates. Pedro cuenta que vio cómo juzgaban por impiedad a Anaxágoras, un intelectual que sabía muchísimo de astronomía y cuyas ideas chocaban con la imagen oficial de los dioses (los historiadores sitúan su final en el destierro). Lo que Sócrates sacó en claro, según Pedro, es que acumular información no basta: hace falta fortalecer el carácter. De ahí su filosofía del cuestionamiento, cercana a la idea de Heráclito de que el carácter es el destino. Cuando a Sócrates le tocó su propio juicio y su condena, no se derrumbó. Encarnó lo que predicaba, y sus alumnos quisieron vivir esa «vida examinada», cada uno a su manera. Casi todo lo que sabemos de él nos llega por Platón, porque Sócrates no dejó nada escrito.

Por qué leer tanto no basta

Le pregunté por algo que veo a menudo: personas con heridas de infancia que leen muchísimo desarrollo personal y filosofía y, en el momento crítico, no aplican nada. Para Pedro, la clave es que no nos conocemos. Somos rapidísimos señalando los vicios ajenos (cómo trata a su pareja, el trabajo que no deja) y lentos con los nuestros. Muchas veces nuestra personalidad no es nuestra esencia, sino la carcasa que construimos para sobrevivir en un entorno. Pone el ejemplo de Andre Agassi, que en sus memorias cuenta que detestaba el tenis al que le empujó su padre y en el que era un genio. Y confiesa que él mismo ha tapado algún dolor de ego con capas de información: una explicación racional para no hacer el trabajo interno.

Ahí conecté con la procrastinación productiva. No es solo quedarse en el sofá: es cambiar la tarea que te da resistencia por otra que te da menos. Barres la casa en lugar de entrenar, entrenas en lugar de escribir el libro, publicas un post en lugar de mandar el correo importante.

Séneca, Marco Aurelio y Epicteto

Los dos nos enamoramos del estoicismo al empezar a emprender, gracias a gente como Marcos Vázquez, y con los años lo vemos con más matices. Pedro distingue dos estoicos. Uno estructurado y mental, como Séneca, que escribe muy bien y te enseña a gestionar el tiempo y tus relaciones. Otro más espiritual, el de Marco Aurelio y Epicteto, lleno de referencias a la divinidad. Epicteto habla de cada tentación como de un gran combate y una empresa divina; Marco Aurelio, en sus Meditaciones, de conservar puro el espíritu que llevamos dentro. Y escribía para sí mismo, sin imaginar que alguien lo leería.

Le señalé que ambos fueron incongruentes en ocasiones. Pedro responde con una idea útil: leemos al Marco Aurelio anciano y lo comparamos con nuestro yo de hoy. El de veinte o treinta años seguramente tenía otras ambiciones. No te compares con una figura acabada; compárate contigo del año pasado.

Pedro VivarHonor es reputación frente a otros. Integridad es reputación frente a ti mismo.Pedro Vivar

Lo que más le atrae de ellos es que buscaban ganarse su propia estima. Recuerda a Jim Carrey cuando dijo que ojalá todo el mundo pudiera ser rico y famoso para comprobar que esa no es la respuesta. De ahí su distinción entre honor e integridad, y su tesis sobre la gratitud: igual que el polvo vuelve si no barres, la gratitud hay que entrenarla a diario. Agradecido y desgraciado comparten raíz: la gracia.

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Tercera parte · Ideas y decisiones

Principios frente a valores

Mucha gente dice «mis principios y valores» sin saber qué distingue unos de otros. Para Pedro, los principios son universales e inamovibles: respeto, consideración, humildad, honestidad, honradez, diligencia, disciplina. Los valores dependen de cada persona y de su momento: unos valoran la familia y otros no, unos el dinero y otros fingen despreciarlo. Incluso cambian a lo largo de la vida, como pasa con la paternidad. Y conecta con otra trampa: hablamos de forma muy automática y asociativa, repitiendo lo que otro dijo sin examinarlo.

Libertario, sistemas complejos y coste hundido

Pedro se define libertario, no liberal, y no se esconde: ve al Estado como un tumor. Su coherencia, dice, le obliga a hacerse cargo de su vida, ser su propio médico y su propio gestor, y colaborar con otros de forma voluntaria. Se guía por la regla de plata que populariza Nassim Taleb: no hagas a otros lo que no quieres que te hagan. Yo comparto su punto de partida, pero le añadí un matiz desde la teoría de sistemas que estudia Donella Meadows: cualquier sistema tiende a acabar en jerarquía, y en política está la ley de hierro de la oligarquía de Robert Michels, según la cual en toda organización unos pocos acaban imponiendo sus decisiones. Entender por qué pasa no es estar a favor.

¿Por qué tanta gente defiende ideas que no le benefician? Pedro lo explica con el coste hundido. Buscamos certezas, y lo contrario de lo conocido es la incertidumbre. Por eso nos aferramos al sistema, la relación o la idea en la que ya hemos invertido, aunque no funcione. Y añade una mentalidad que repite a menudo: el estado natural del ser humano es la pobreza. Naces desnudo y vulnerable; lo que construyas a partir de ahí depende de ti y de tu entorno. Para él, quien nace con diez millones y muere con nueve ha perdido; quien nace con diez euros y muere con once, ha ganado.

La fe y el orden correcto: ser, hacer, tener

Aquí Pedro se emociona. Le fascina la fe porque, si se pudiera demostrar, dejaría de ser fe. Quien la tiene ve la incertidumbre como posibilidad y no se encierra en lo que una «mente de mono evolucionada» es capaz de imaginar. Jamás imaginó, dice, que crearía Programación Neuromotriz, que en su última formación en Chile reunió a alumnos de Chile, Argentina, Colombia, Perú y España. Cuenta también que atravesó una época muy oscura y que fue la fe lo que le sacó de ahí.

Su ejemplo favorito es Ilia Topuria. Año tras año le preguntaban cuándo llegaría a la UFC, y año tras año seguía entrenando y sacrificando. De los miles que empezaron con su sueño, cada pregunta, cada año sin llegar, iba dejando a unos cuantos por el camino. Él mantuvo la fe y debutó ganando en 2020. Pedro lo resume en una secuencia: ser, hacer, tener, en ese orden. Si no eres, lo que tienes es impostado.

Para mantener la cabeza en lo que quiere, usa anclajes físicos. Me enseñó el amuleto que dan a quien completa el reto de 77 días de su camino hacia la enkráteia, el autodominio. Lleva grabada una frase del Tao Te Ching: quien vence a otros es fuerte; quien se vence a sí mismo es invencible. Para Pedro, Lao Tse es el mayor sabio que ha encontrado.

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El pensamiento positivo no es ingenuidad

Hay mucha crítica al pensamiento positivo «porque no es realista». Pedro cuenta que una dependienta economista le dijo que veía el futuro mal. Va a ir mal para muchos, sí; pero también va a ir bien para muchos otros, y eso se lo calló. Yo lo llevé a la inversión: a largo plazo le va bien a quien sabe que el mercado tiende a subir y no se descoloca con las caídas puntuales. Pedro lo matiza: fe sí, pero porque lo entiendes. Y cita a Wim Hof: sentir es entender. Conectamos con alguien cuando nos sentimos entendidos, como explicaba Dale Carnegie en Cómo ganar amigos e influir sobre las personas.

Su relación con el dinero

Pedro no se considera buen inversor, así que delega en alguien que sí lo es, sobre todo en inmuebles. Lo que procura es invertir en lo que un naufragio no pueda arrebatarle: experiencias, contactos, relaciones, conocimientos. Se pregunta si lo que hace hoy le haría más rico mañana aunque le quitaran todo el dinero. Ya no se priva de nada, porque tiene autocontrol. Cuenta, entre risas, que de joven jugaba a Magic con fotocopias porque no podía comprar cartas, y que hace poco ha invertido varios miles en ellas: un juego con más de treinta años y un mercado de segunda mano que, por el efecto Lindy, probablemente dure muchos más.

También avisa de lo que trae: cuando vives con holgura, algunas personas te miran desde la envidia y no desde la admiración, sin ver el sábado respondiendo mensajes o el domingo apagando fuegos. Y deja una recomendación para cualquiera de veinte, treinta o cuarenta años: juega con la idea de no jubilarte nunca, pero sin trabajar tanto que te quemes. Como en el podcast, la frecuencia que te permite durar vale más que competir con quien publica cada semana. No empieces batallas que no vas a ganar, y gana contra ti: la victoria es hacer lo que dijiste que ibas a hacer.

Cómo construir un entorno que te eleve

Le pregunté cómo ha creado su núcleo de amigos que entrenan en su casa, porque estudiando a autores como Michael Singer en El experimento de la rendición he llegado a la conclusión de que buena parte de la felicidad es tu comunidad presencial. Su receta tiene tres pasos. Primero, no necesitarlo: en la venta y en la seducción, la necesidad aleja. Segundo, aumentar tu atractivo mostrando constancia, paciencia y dedicación; él lleva siete años con agua fría, flexiones, carrera y un libro al año, y eso atrae miradas sin buscarlo.

Tercero, saber decir que no y elegir a quien está en tu misma línea, aunque sea más fuerte o más débil que tú. De cada dos mil que llaman a su puerta, calcula, unas cincuenta entrenan algún día con él, tres repiten y uno se queda. Por eso insiste en jugar a diez años: jugar a un mes es jugar a perder.

Cerramos citando un pasaje del Enquiridión de Epicteto: ¿hasta cuándo vas a esperar para considerarte digno de lo mejor? Ya no eres un muchacho; la competición es ahora.

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