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Filosofía prácticaEpisodio 90Leganés, Madrid

Píldoras del Conocimiento

Cuerpo, atención y largo plazo: una noche en la terraza de Pedro Vivar

En directo

«Tu atención es tu consciencia.» Una noche memorable en vivo con Pedro Vivar.

El creador de la Programación Neuromotriz y de Diario Estoico explica cómo el cuerpo condiciona la mente, por qué une la ley de Parkinson con el memento mori, por qué defiende que el ego no es el enemigo y que la felicidad es el problema, y qué aprendió del día en que un estornudo le dejó clavado en el suelo. Hablamos de intuición y ciencia, de carencias que nos empujan y de emprender fiel a tu esencia.

Carátula del episodio 90, En vivo con Pedro Vivar
Audiopodcast · Episodio 90 · 1 h 48 min Una noche memorable en vivo con Pedro Vivar
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Fue el primer episodio que grabé en persona después de la pandemia. Cargué con todo el equipo hasta casa de Pedro Vivar, un remanso de paz, y grabamos en su terraza una tarde de Semana Santa de 2023 que acabó de noche, con luna llena. Los dos empezamos nuestros podcasts casi a la vez, en el verano de 2018, y compartimos temas: estoicismo, psicología, mentalidad, emprendimiento y espiritualidad. En persona se nota: la conversación fue de las más personales que he tenido en el micrófono. Pedro estaba a punto de operarse de una hernia, y eso también salió.

Formación · Pensamiento y modelos mentales

El Metajuego

En este episodio cuento que llevaba meses preparando un curso sobre estrategia, toma de decisiones, sistemas complejos y pensamiento lateral. Aquel trabajo es hoy El Metajuego, mi máster en solución de problemas complejos.

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Quién se sienta a la mesa

Pedro Vivar

Movimiento y filosofía práctica

Pedro Vivar

Creador de la Programación Neuromotriz, que explica cómo la fisiología afecta a la psicología, y del proyecto divulgativo Diario Estoico. Presenta el podcast EmotionMe y es autor de La felicidad es el problema, Ecos estoicos, Super Sapiens y Programación Neuromotriz.

Su web: pedrovivar.com

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Fernando Alonso

Anfitrión

Fernando Alonso

Píldoras del Conocimiento. Ingeniero en inteligencia artificial, doctor en robótica, profesor universitario e investigador en robótica social.

Mi libro gratuito: Nacidos para Aprender

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Píldoras del Conocimiento · Episodio 90Página 1 de 6

Primera parte · El cuerpo

El cuerpo también habla a la mente

Pedro se presenta por lo que hace: explicar cómo la fisiología afecta a la psicología. Solemos pensar al revés, que cómo te sientes determina cómo actúas, pero el cerebro está monitorizando el cuerpo constantemente; en el nervio vago, por ejemplo, la mayoría de las fibras llevan información del cuerpo al cerebro y no al revés. Para Pedro, una postura cerrada, con los hombros caídos hacia delante, empuja hacia la tristeza y la apatía, y una postura abierta, hacia lo contrario. Cita a Milton Erickson, a Amy Cuddy y a Jordan Peterson en 12 reglas para vivir; conviene saber que los estudios de Cuddy sobre las «posturas de poder» no se han replicado bien en sus efectos hormonales, aunque sí en cómo se siente la persona.

La Programación Neuromotriz parte de dos principios: el ser humano es una máquina de eficiencia energética, por eso pospone el despertador y come el pastelito por si acaso, y de adaptación al entorno: en un sitio lleno de sillas acabas con postura de silla; en uno lleno de árboles, colgado de las ramas. Frente a escuelas centradas en evitar la rotación de la columna, como la de Stuart McGill, Pedro y su compañero Josué se apoyan en Serge Gracovetsky, en el Weck Method de David Weck y en GOATA, que estudian cómo nadamos, lanzamos o corremos: con torsión y rotación entre cadera y hombros, no de forma rígida.

El problema no está en el sofá. El problema está en la incoherencia.Pedro Vivar

Y lo aterriza con el sofá. Si estás escribiendo un libro, lo eficiente es estar sentado. El problema aparece cuando quieres un físico de diez y te pasas el día sentado: la incoherencia entre lo que quieres y lo que haces. Lo mismo que decía Antonio Escohotado de las drogas: el problema no es la sustancia, sino la pérdida de la voluntad, de la moderación, de la elegancia, que viene de saber elegir.

El ebanista y el largo plazo

De adolescente, Pedro quería lo de cualquier chaval: levantarse tarde, pizza, videojuegos. Rocky y las películas de Stallone y Schwarzenegger le metieron en el deporte, y de ahí, una bola de nieve: querer estar en forma lleva a querer saber más, y así peldaño a peldaño. Hoy conduce un coche de veinte años: el antiestatus.

El cambio de paradigma llegó a los 17, trabajando en la empresa de muebles de sus padres como ayudante de un ebanista que era un fenómeno. Un día ese hombre se enteró de que su mujer, con la que llevaba más de diecisiete años, le era infiel, y empezó a llegar tarde y a descuidarse. Ver cómo una vida ejemplar se tambaleaba de un día para otro le hizo empezar a mirar a muy largo plazo. Tanto que, a los 21, dejó a una pareja que le encantaba, de una familia estupenda, porque no quería que dentro de veinte años se arrepintieran de estar juntos.

Yo lo conecté con una idea de Naval Ravikant: hay que luchar cada día por tres cosas, la riqueza, la salud y el amor de tu familia y tus amigos. Para mí no son independientes: se realimentan. Y Pedro añadió el mecanismo, la identidad de la que habla James Clear: repites tanto algo que te conviertes en eso. A alguien como Nadal le cuesta más saltarse un entrenamiento que hacerlo, porque choca con quien es.

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Segunda parte · El tiempo y el ego

La ley de Parkinson y el memento mori

Me fascinó una conexión que le había escuchado a Pedro. La ley de Parkinson dice que el trabajo se expande hasta ocupar todo el tiempo disponible: si tienes seis meses para escribir un libro, escribirás tres páginas en los cuatro primeros y el resto al final. Con el dinero pasa igual: si ganas 800 euros, se te van 700; si ganas 7.000, se te van 7.000. Si pensaras que vas a vivir 500 años, te pondrías en forma en el año 250. Por eso el memento mori estoico funciona como la fecha límite de la vida: recordar que vas a morir es el antídoto contra la ley de Parkinson.

Yo añadí que nunca es tarde: Ray Kroc se unió a McDonald’s pasados los 50 y el coronel Sanders empezó a franquiciar Kentucky Fried Chicken con más de 60. Y recordé el testimonio que recogió una enfermera de cuidados paliativos, Bronnie Ware: el arrepentimiento más repetido entre sus pacientes era no haber vivido la vida que querían, sino la que esperaban los demás. Pedro lo confesó en primera persona: lleva más de cinco años sin jugar al baloncesto, que le apasiona, esperando a «cuando tenga tiempo». Cayó en el estándar de ser responsable, y con un punto obsesivo.

También hablamos de lo que algunos llaman la maldición del emprendedor: caer enfermo justo al empezar las vacaciones. Pedro tiene su propia lectura, desde su experiencia: el cuerpo aguanta mientras estás convencido de lo que haces, y te para cuando tú mismo te repites que deberías parar y no lo haces.

El ego no es el enemigo

Pedro lleva la contraria a Ryan Holiday. Cree que vivimos en un mundo que huye más del éxito que del fracaso: «yo con llegar a fin de mes me conformo». Si nadie se arriesgara ni mirara al horizonte con ambición, no existiría la cirugía que le iban a hacer en dos días; le operarían con martillo y cincel. Lo llama ego a propósito, porque el lenguaje condiciona cómo pensamos, como sostiene la hipótesis de Sapir-Whorf, y parece que querer ser grande está mal. Yo lo veo más como autenticidad y autoestima: no presentarte con falsa modestia.

Su otra cara es la responsabilidad. Según Pedro, las relaciones fracasan cuando dices «es que me ha hecho esto», en lugar de «me falta paciencia, he sentido celos, no he sido valiente, me falta disciplina». Las cosas casi siempre van de dentro. Y citó de memoria un pasaje de las Meditaciones de Marco Aurelio: si cumples tu tarea presente siguiendo la recta razón, con cuidado, firmeza y serenidad, sin distraerte con nada ajeno, sin dejarte atormentar por el deseo ni el temor, y diciendo la verdad, vivirás bien, y nadie puede impedírtelo. No habla de trofeos ni de que te llamen guapo.

Yo añadí la herramienta que más me ha ayudado a ver mis puntos ciegos: ampliar la ventana de Johari, pedir a los demás su opinión sobre ti. Duele, pero si varias personas coinciden en algo, merece una reflexión. Pedro confesó que lo pide a regañadientes, y lo aplicó en directo: le prometió a su audiencia mejorar el audio de su podcast.

La felicidad es el problema

El título de su primer libro, traducido al árabe y al ruso, parte de una distinción: bienestar no es felicidad. El bienestar está en un atardecer, una taza de café o alguien que te quiere, cosas preciosas pero externas, que no dependen de ti. La felicidad, para Pedro, está dentro, y tiene que ver con la atención: aquello donde pones tu atención se expande, sea tu negocio, tu podcast o tu cuerpo. Lo apoya en Epicteto, que avisaba de que la atención que sueltas no la recuperas cuando quieres, y de que lo peor es acostumbrarse a aplazarla. Pedro afrontaba su operación así: como una prueba más, a ver con qué humor la recibía.

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Intuición, ciencia y una heurística evolutiva

Pedro da mucho peso a la intuición frente a los datos agregados, y lo ilustra con el agua fría: no es lo mismo meter en una bañera helada a alguien al que pagas 30 euros al día por un estudio que a un amigo convencido de que le va a sentar de maravilla. Unos lo llamarán placebo; yo le puse el nombre de efecto observador. Y su conclusión: que nadie le haga caso, que lo prueben.

Yo, que hago ciencia, defendí el método: tiene problemas, sesgos de selección, de observador, de publicación, y no todo tiene el mismo nivel de evidencia, pero es lo mejor que tenemos. Y compartí una heurística que uso desde hace años: sospechar de lo que va en contra de lo que la evolución ha conservado. Si la fiebre ha persistido, probablemente sea porque a más temperatura el sistema inmunitario combate mejor la infección; la inflamación inmoviliza y lleva sangre a la zona dañada. Cuando ir en contra de eso se vuelve la norma, me da que pensar. Pedro lo resume a su manera: analiza cuál es tu naturaleza. Si tu vida es abrir la nevera a cualquier hora y pasarte el día sentado, serás una máquina muy eficiente, pero no te pidas sentir energía.

La tragedia de lo común

Saqué una idea que acababa de aprender de Donella Meadows, una de las referentes del pensamiento sistémico. Lo que es de todos, un parque, una cultura o el planeta, tiende a descuidarse: es la tragedia de los bienes comunes. Meadows propone tres vías: educar y persuadir, privatizar o repartir, para que cada uno se juegue la piel en lo suyo, y regular, castigando a quien lo daña. La educación es la mejor a largo plazo, y también la más lenta.

Pedro lo llevó a lo que Escohotado llamaba la cultura del pobrismo: si das dinero a un cocinero, fomentas que cocine; si se lo das a alguien por pedir, fomentas que pida. Mejor enseñar a ganarlo. Yo le puse un matiz: la especie ha sobrevivido gracias a la diversidad de perfiles, y no todo el mundo puede ni debe ser emprendedor. En eso coincidimos con su respuesta: el problema no es lo que eliges, sino desde dónde. Opositar por pasión, perfecto; opositar solo por la inseguridad de que el emprendimiento salga mal, no.

Tercera parte · El silencio

Biografía de un estornudo

Le pregunté por un episodio suyo sobre la contemplación, porque poco después cayó enfermo. Pedro lo contó sin adornos: leyendo Biografía del silencio, de Pablo d’Ors, se dio cuenta de que se creía un ermitaño y no estaba nunca solo: se evadía entrenando, con podcasts, en reuniones, en redes. Estar solo es contemplar, sentirte suficiente sin nada externo. Mientras tanto acumulaba proyectos: la certificación de Programación Neuromotriz, talleres por toda España, retiros, blogs, redes, el podcast y un libro. Se fijó una meta: llegar a la orilla y descansar. Llegó. Pero alguien de su equipo le propuso regrabar un material para mejorar el audio y, sabiendo que no hacía falta, dijo que sí. Ese mismo día estornudó y se quedó clavado en el suelo. Después, las pruebas mostraron una hernia, probablemente de caídas anteriores entrenando en la montaña.

Su lectura: había dicho que iba a parar y no paró. Y aun así, tirado en el suelo, daba gracias: había cumplido lo que se propuso. El dolor, dice, te devuelve al presente. Y se centró en lo que sí podía hacer, porque centrarte en lo que te falta es ingratitud.

Lo explicó con el efecto Zeigarnik, por la psicóloga soviética Bluma Zeigarnik: el camarero recuerda cada consumición de la mesa hasta que le pagáis; después, ni se acuerda. Recordamos lo pendiente y olvidamos lo conseguido. Es útil para meterte en la siguiente aventura, pero te convierte en un desgraciado si vives centrado en lo que te falta y olvidas que tienes un podcast que funciona o un hijo de tres años. Por eso uno de sus propósitos de ese año era no tener propósitos. Yo coincido: los objetivos marcan el camino, pero es mejor centrarse en el proceso.

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¿Qué es ser?

La pregunta me la pasó Abraham Jiménez, mi antiguo compañero de podcast. Pedro me pidió la mano y me la apretó hasta hacerme daño: «¿Dónde estás? ¿Qué más hay en tu cabeza?». Para él, ser es estar en el cuerpo, sentir, no pensar. El cuerpo no es vanidad ni estética: es tu interfaz con la realidad. Por eso lo de las duchas frías y el entrenamiento: te devuelven al presente. Y una frase para quien escuche «¿en qué estás pensando?»: prestar atención no es pensar. Las marcas pagan a los influencers por visitas porque, en el fondo, pagan atención.

Sobre el físico: no se trata de poner años a la vida, sino vida a los años, y para sentirte bien necesitas un cuerpo funcional. Si te empachas, embotas los sentidos: una onza de chocolate sabe mejor tras una semana sin chocolate que después de tres tabletas. Yo le puse nombre: adaptación hedónica, o utilidad marginal decreciente. Y lo que más se disfruta es lo que casi se te escapa: los dos hemos tenido lesiones de pensar que no volveríamos a entrenar, y ahora disfrutamos cada sesión.

De ahí salió una idea que a mí me interesa mucho: muchas veces destacamos en algo para cubrir una carencia. Pedro no sacó buenas notas y se prometió que algún día sabría; nunca tuvo un físico notable y se prometió tenerlo. Yo recordé a Alfred Adler y el complejo de inferioridad que se disfraza de superioridad: quien persigue el éxito financiero tapando una carencia afectiva, o la aprobación social que buscaba de un padre exigente. Pedro lo conectó con Anatomía emocional, de Stanley Keleman, y con su propia experiencia: con ayuda de su amiga Vanessa del Toro descubrió que buscaba reconocimiento cuando lo que de verdad necesitaba era un abrazo. Le educaron en que conseguir cosas era ser buen hijo. Su podcast se llama EmotionMe por algo: se define como una persona muy emocional.

Pedro VivarÉxito es cuántas personas han mejorado su vida solo porque tú existes.Pedro Vivar

Diez personas en una Tierra vacía

Otra pregunta de Abraham: si aparecieras en la Tierra con diez personas, ¿en qué tres cosas te centrarías para crear una humanidad con más potencial? Pedro eligió no juzgar, porque las cosas no son buenas ni malas, sino que nosotros las representamos así; que aquello donde pones tu atención se expande; y que estás aquí por un motivo que eliges tú. Yo le discutí lo primero: nuestras representaciones de la realidad son parciales, pero útiles para sobrevivir, como ver el color de una manzana y no el infrarrojo.

Mario Alonso Puig le dijo una vez que tiene éxito quien, sean cuales sean sus circunstancias, se siente agradecido. Pedro lo lleva a la contribución: el propósito de la vida no es ser feliz. Marco Aurelio no presumía de felicidad: vio morir a buena parte de sus hijos, gobernó durante la peste antonina, pasó años en guerra en la frontera del Danubio y sufrió la rebelión de uno de sus generales, Avidio Casio. Y su forma de comunicar huye del «tú puedes» sin base: ni puedes ni no puedes; si haces esto, pasa esto, y cuanto más lo haces, más fácil es repetirlo.

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Cuarta parte · Emprender

Emprender sin saber que emprendías

Pedro no buscaba libertad: quería ser entrenador y tener su gimnasio. En 2015 abrió su centro de CrossFit y descubrió que era empresario sin saber nada de marketing, publicidad ni impuestos. Así que hizo lo que hacía con el entrenamiento: leer, primero de empresa, y luego conocer a gente que sabía más, como nuestro amigo Alberto Álvarez, Macro Wizard. Con los años, lo que antes le costaba 40 horas le cuesta muchas menos. Cita al luchador Ilia Topuria, que no piensa dar dinero a sus hijos, sino enseñarles a ganarlo. Y reconoce que, si llegara un mecenas, trabajaría para él encantado, como Miguel Ángel o Leonardo: lo que le mueve es lo que hace, y el emprendimiento es solo el medio.

¿Equipo o solo? Ha probado las dos cosas y avisa de una trampa: facturas mucho, contratas un equipo para crecer y, si el siguiente lanzamiento baja, ya no celebras, sino que piensas en cómo mantener el chiringuito. Ha visto a gente excelente acabar anunciando cualquier cosa y cargarse su esencia. Él prefiere ir paso a paso, centrado en el proceso, sin prisa: cuando llegue, le va a parecer poco, como enseña el efecto Zeigarnik. Diversifica en sectores, libros, fitness, docencia, y en canales. Y recomienda el consejo de Jordan Peterson: diseña tu horario como si fueras a la vez tu jefe y tu empleado, con tiempo para todo, también para los videojuegos y la pizza. ¿Cuántos lo harán tras escuchar esto? Según él, un 20 %.

Yo añadí dos ideas. La primera, subirse a las olas a tiempo: con 17 años, en la universidad, ya se veía que internet venía para quedarse; luego llegó la ola de los podcasts y, en 2023, la de la inteligencia artificial. Puede ser una sobreexpectativa, pero en la prueba y error se gana experiencia. La segunda, el contrapeso: los humanos nos copiamos muchísimo, y si haces lo que hace la masa, acabas en la media. A veces innovar es tan sencillo como hacer lo contrario, si soportas el dolor de ser diferente.

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A los jóvenes que me preguntan, sabiendo que no hay recetas, les doy este orden: inversor profesional, escritor que vende durante años, emprendedor en serie, investigador o inventor de primer nivel y, después, artistas y servicios de nicho. Y un recordatorio: crear algo nuevo cuesta un esfuerzo brutal; apalancarte en lo que otros ya han hecho, empezando por los libros, es la forma más fácil de acelerar.

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