Filosofía práctica, salud e inversión con Marcos Vázquez
«Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio donde podemos razonar.» Marcos Vázquez explica cómo el estoicismo le ayuda a decidir mejor en la salud, en el dinero y en la vida.
De socio de una consultora a divulgador de salud, Marcos Vázquez, de Fitness Revolucionario, habla de construir puentes antes de saltar, de su forma de invertir, de los pilares del estoicismo, de la adaptación hedónica, de la incomodidad voluntaria, de la meditación y la respiración, del altruismo y de los libros que recomienda.
Marcos es un referente en español de la divulgación sobre estilo de vida, nutrición y entrenamiento, siempre desde la evidencia científica y con una visión transversal que me encanta. Grabamos en septiembre de 2019, cuando llevaba casi un año preparando un programa sobre estoicismo; aquel trabajo acabaría convertido después en su libro Invicto.
El Metajuego
Separar lo que depende de ti de lo que no, decidir con probabilidades y pensar con modelos mentales: es la base del Metajuego, mi máster en solución de problemas complejos.
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Salud y estilo de vida
Marcos Vázquez
Ingeniero y antiguo socio de una consultora internacional. Creador del blog y el podcast Fitness Revolucionario, desde donde divulga una visión evolutiva e integrada de la salud. Autor de varios libros, entre ellos Invicto, sobre estoicismo.
Anfitrión
Fernando Alonso
Píldoras del Conocimiento. Profesor universitario e investigador en robótica social. En esta mesa, el que hace las preguntas.
Píldoras del Conocimiento · Episodio 42Página 1 de 5
Primera parte · El camino
Construir un puente antes de saltar
Marcos estudió ingeniería y llegó a socio de una consultora internacional, expatriado en Latinoamérica, con un buen sueldo, bonos, coche y casa. Se describe como un mercenario: hacía bien algo que no le llenaba. La salud le interesaba desde niño, cuando el asma le llevaba al hospital en brazos de sus padres. Durante años siguió el paradigma convencional, mucho cardio y dieta baja en grasa, sin los resultados que esperaba. Hasta que, en un museo, mirando esculturas grecorromanas, se preguntó cómo tenían esos cuerpos sin batidos ni máquinas.
De ahí vinieron la calistenia, las pesas rusas, el CrossFit y, después, la misma pregunta aplicada a todo: si entrenar como antes funciona mejor, quizá comer, dormir o relacionarse como antes también. Así nació su visión evolutiva de la salud, que él ve como complementaria a la convencional, no alternativa. Cuando vendieron la compañía, el blog ya tenía cientos de miles de visitas al mes, y a finales de 2013 se dedicó a ello por completo.
Pero insiste: no fue un salto al vacío, fue un puente. Antes de dejar el trabajo ya tenía un producto digital que le daba ingresos y había validado la idea. Dejarlo todo con seis meses de ahorros y la presión de facturar ya, salvo que tengas mucho dinero, le parece una mala decisión. Y añade una frase que me encanta: hay gente que dice tener veinte años de experiencia cuando en realidad tiene un año repetido veinte veces.
Indexados, inmuebles y la estrategia de la haltera
Para Marcos, gestionar el dinero es algo que debería enseñarse en el colegio: pasamos ocho o diez horas al día trabajando por dinero y no sabemos casi nada de cómo ahorrarlo o invertirlo. Su primera experiencia fue la burbuja puntocom, a finales de los noventa, comprando tecnológicas con lo que ahorraba en la universidad. Le fue mal, y lo agradece: mejor darse un golpe pronto y con poco dinero que tener unos años buenos, creerse el rey de las finanzas e hipotecar la casa.
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Kiyosaki, con sus luces y sombras, le enseñó la diferencia entre activos y pasivos y la idea de que tus activos cubran tu nivel de vida. Empezar a ahorrar e invertir joven le dio la libertad de dejar un trabajo muy bien pagado. Su base fueron los fondos indexados, comprando cada mes una cantidad fija. En Chile hizo inversiones inmobiliarias que salieron muy bien. Y hoy le atrae la estrategia de la haltera de Nassim Taleb: la mayor parte en activos de bajo riesgo y liquidez, y un pequeño porcentaje en apuestas muy especulativas, como empresas emergentes del mundo de la salud, que pueden perderlo todo o multiplicarse. Los dos coincidíamos entonces en tener más liquidez de lo habitual tras años de expansión, sabiendo, como advertía Keynes, que el mercado puede seguir irracional más tiempo del que tú puedes aguantar.
Segunda parte · El estoicismo
El espacio entre el estímulo y la respuesta
Marcos no dice que el estoicismo sea la mejor filosofía para todo el mundo, pero sí una muy racional. Las emociones tienen su papel, porque la ira, la ansiedad o el temor nos ayudaron a sobrevivir, pero hoy nos engañan a menudo; en la inversión, decidir por emoción es de lo peor que puedes hacer. Lo esencial del estoicismo, para él, es separar lo que ocurre de cómo respondemos: dar un paso atrás y convertir reacciones automáticas en respuestas razonadas.
También ofrece una brújula. La mayoría vivimos en un hedonismo ilustrado: buscar el siguiente placer y huir de cualquier incomodidad, contenidos solo por las normas sociales. Si el placer es tu estrella polar, tendrás placeres inmediatos y una vida insatisfactoria; en la salud lo vemos claro, con el dónut y el sofá llevando a buena parte de las enfermedades modernas. Los estoicos ponían por encima la virtud: lo único bueno es actuar bien. El dinero o la fama son «indiferentes preferidos»: mejor tenerlos, pero no deben guiar tus decisiones. Los desafíos de griegos y romanos hace dos mil años eran, en el fondo, los mismos que los nuestros. Por eso el estoicismo vive un renacimiento entre inversores, deportistas y directivos.
Nuestros genes están mejor adaptados a la adversidad que a la abundancia.Marcos Vázquez
La adaptación hedónica
Yo le conté lo que más me impactó del último capítulo de Sapiens: alguien que vive en un 7 de felicidad, al que diagnostican diabetes, cae a un 2 y, con el tiempo, vuelve a su 7. Lo mismo con la casa en el campo que creemos que nos llevará al 9. Marcos lo confirmó con estudios clásicos: a quien le toca la lotería suele volver a su nivel de felicidad en meses, y quien sufre un accidente grave, tras el golpe inicial, se acerca a su nivel anterior. Somos muy malos prediciendo qué nos hará felices. La felicidad depende menos de lo que nos pasa que de cómo lo interpretamos.
Los estoicos proponían antídotos. El agradecimiento: mirar a quienes están detrás de nosotros y no solo a los de delante, porque mucha gente desearía que su vida entera fuera como nuestro peor día. Regular los deseos sin renunciar a la ambición: Séneca y Marco Aurelio fueron ricos y poderosos, pero poseían su dinero y su fama, no al revés. Y vigilar el punto de referencia: nos comparamos con nuestro grupo, por eso hay milmillonarios que sufren por bajar del puesto 15 al 18 de Forbes. Si cada subida de ingresos sube tu nivel de vida, no serás más feliz y tendrás menos opciones.
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Le planteé que, aunque lo entendamos, aplicarlo es muy difícil: el cerebro está cableado para fijarse en el peligro, en lo que falla. Marcos estuvo de acuerdo, y por eso los estoicos hablaban de práctica diaria, no de leer un libro y ya. Ese sesgo negativo tiene su lado bueno, porque nos alerta y nos empuja a crecer; el reto es equilibrarlo con cierta ecuanimidad, lo que los griegos llamaban ataraxia.
Incomodidad voluntaria
Le pregunté por su costumbre de ayunar, como cuando renunció a la comida de un vuelo. Para Marcos se trata de enfrentarnos a lo que tememos. Hoy nos asusta pasar tres horas sin picar algo, una ducha algo fría o salir en manga corta en octubre. Vivimos en un verano eterno: mucha comida, mucha luz, temperatura perfecta y nada de esfuerzo, y eso nos debilita. Séneca recomendaba reservar algunos días para conformarse con la comida más sencilla y la ropa más tosca. Cuando haces un ayuno de 16 o 24 horas y ves que estás bien, incluso con más claridad mental, pierdes el temor y ganas libertad.
Yo añadí un matiz: el estrés tiene que ser gradual. Es la hormesis: la dosis hace el veneno. Lo que en exceso nos daña, en la dosis adecuada nos fortalece, y su ausencia nos perjudica. Nadie empieza en el gimnasio levantando 150 kilos. Y el ejemplo extremo de lo contrario: los astronautas, sin el estrés de la gravedad, pierden masa muscular muy deprisa. Sin estresores, el cuerpo se vuelve frágil.
Atención, meditación y respiración
Para Marcos, la meditación es sobre todo atención. Los estoicos hablaban de la prosoché: observar tus pensamientos y emociones mientras ocurren, verte desde fuera, como en un cine, en lugar de ser el pensamiento. Él nota una tensión en la cabeza cuando algo le enfada, y esa es su señal para respirar y mirar la escena con distancia antes de reaccionar. Lo intenta mantener todo el día, sabiendo que es un ideal inalcanzable.
Lo complementa con una meditación de tipo vipassana, que significa ver las cosas como son, tres a cinco noches por semana, y con el método Wim Hof por las mañanas, que activa. En sesiones largas de respiración, cuenta, hay gente que alcanza estados de calma que no había logrado en años de meditación. Su protocolo: respiración por la mañana, atención durante el día y meditación por la noche. Yo uso el Wim Hof antes de momentos de tensión, como grabar un episodio importante.
Hay que tirar mucho el dado en juegos con esperanza matemática positiva.Fernando Alonso
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El altruismo, bien entendido
Para mí el altruismo es de lo más importante que se le puede recomendar a un joven. Marcos repasó el debate evolutivo: la visión del gen egoísta de Richard Dawkins, frente a la evidencia creciente de selección a nivel de grupo, que le convence. Los estoicos lo incluían en una de sus cuatro virtudes, junto a la sabiduría, el coraje y la templanza: la justicia, tratar bien a los demás. Y los estudios coinciden: las personas que ayudan a otros son más felices. Pequeños favores durante un mes, como ayudar con la compra o pagar el café al de detrás, mejoran el ánimo de quien los hace, en parte porque sacan el foco de nuestros propios problemas.
Con un equilibrio: primero ponte tu mascarilla, como en los aviones. Quien tiene su vida desordenada difícilmente puede ayudar bien, como explica Adam Grant en Dar y recibir con los «dadores inteligentes». En los negocios pasa igual: tienes que aportar valor y capturar lo suficiente para seguir haciéndolo, y la gente detecta enseguida cuando tu motivación es solo el dinero. Y céntrate en tu entorno cercano: los grandes problemas del mundo abruman, pero por tu vecino siempre puedes hacer algo.
Lo que depende de ti
Sobre los consejos, coincidimos en dar más valor a quien ha estado en la situación y se ha jugado algo. Si el especialista del banco supiera adónde van los tipos, no estaría en la oficina. Aunque el azar existe: dos personas igual de capaces pueden acabar en lugares muy distintos por pura suerte. Los estoicos tenían para eso la cláusula de reserva, «cruzaré el mar si nada lo impide», y la imagen del arquero: controla el entrenamiento, la puntería y la tensión del arco; una vez suelta la flecha, el viento ya no depende de él. Puedes cuidarte al máximo y enfermar, o hacerlo todo mal y vivir 99 años. La pregunta es en qué grupo quieres estar. Como el casino, que puede perder una noche pero gana siempre a largo plazo.
Hablamos también de la ambición. La corteza prefrontal nos permite aplazar la recompensa y sacrificarnos hoy por mañana, y gracias a eso hemos progresado; pero también puede hacer que nunca disfrutemos el presente. Marcos reconoce que tiende a lo segundo, y por eso valora el mejor consejo de su padre: trabaja, aprende, pero disfruta el presente. Cada uno debe conocer hacia qué lado tira y compensarlo a conciencia. ¿Lo que más ha aprendido en el último año? Al sintetizar el estoicismo para su programa, la conexión con las terapias psicológicas modernas. Cuando uno enseña, dos aprenden.
Los libros de Marcos
Practica lo que llama terapia literaria: antes de recomendar, pregunta qué te duele. En general, le gustan los libros que te cambian la forma de ver el mundo. Los clásicos estoicos, aunque le cuesta recomendar traducciones. El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, para poner nuestros problemas en perspectiva. Factfulness, de Hans Rosling, para corregir la idea de que el mundo va cada vez peor. Y sobre cómo funciona la mente: Pensar rápido, pensar despacio de Daniel Kahneman, La mente de los justos de Jonathan Haidt, Poor Charlie’s Almanack sobre Charlie Munger y Principios de Ray Dalio.
Nacidos para Aprender
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Quiero el libroDirectorio
InvitadoMarcos Vázquez: Fitness Revolucionario
Episodio51. El hombre en busca de sentido
Episodio46. Modelos mentales
EpisodioEl ego y la humildad
Episodio67. Compórtate, de Robert Sapolsky
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