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EstoicismoEpisodio 137Leganés, Madrid

Píldoras del Conocimiento

Filosofía práctica en la era de la fricción cero

Entrevista

«Estamos muy preocupados por mejorar las preguntas que le hacemos a la IA y nos olvidamos de hacernos preguntas a nosotros mismos.»

Pepe «el Estoico» habla de coherencia entre pensamiento, palabra y acción, de por qué no delega en la inteligencia artificial las grandes preguntas, de la ambición que elige ganar menos para ser dueño de su tiempo, de respiración, de reflexión diaria, de paternidad y de restricciones que liberan.

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Carátula del episodio 137 con Pepe el Estoico
Audiopodcast · Episodio 137 · 1 h 44 min Estoicismo en la era de la IA, con Pepe «el Estoico»
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Vivimos en la era de la fricción cero: todo es fácil, rápido y automático. ¿Qué pasa cuando empezamos a automatizar nuestra propia vida? Pepe y yo nos conocimos paseando hacia el Retiro con Alberto Álvarez, de Macro Wizard, y llevábamos desde entonces queriendo grabar. Lo hicimos en mi casa, con preguntas que habían dejado la comunidad de Píldoras y varios amigos comunes. Pepe se define como alguien de pueblo, campechano, que «fluye» y no tiene estrategia de negocio. Le han ofrecido mil veces llevarle el marketing y siempre dice que está bien así.

Formación · Pensamiento y modelos mentales

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Pensar con criterio propio, decidir con claridad y no delegar el juicio: es la base del Metajuego, mi máster en solución de problemas complejos, con una comunidad que practica contigo.

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Quién se sienta a la mesa

Pepe el Estoico

Estoicismo práctico

Pepe «el Estoico»

Manchego, antiguo abogado y divulgador de estoicismo práctico. Empezó su proyecto, El Estoico, hace seis años y medio en Australia, mientras trabajaba en una agencia de marketing. Hoy vive de él: libros, membresía, club de lectura, retiros, formaciones y podcast. Autor de Siempre en pie y Manual para la serenidad. Medita desde 2014, está casado y tiene dos hijos pequeños.

Su web: elestoico.com

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Fernando Alonso

Anfitrión

Fernando Alonso

Píldoras del Conocimiento. Profesor universitario e investigador en robótica social. En esta mesa, el que confiesa que cada vez lee menos y pregunta más a la IA.

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Píldoras del Conocimiento · Episodio 137Página 1 de 6

Primera parte · Coherencia

Pensamiento, palabra y acción

Hoy se confunde el estoicismo con reprimir emociones o aguantar con cara de póker. Para Pepe es otra cosa. Pierre Hadot lo describía como la filosofía de la coherencia con uno mismo, y él intenta ser coherente en pensamiento, palabra y acción. No siempre lo consigue, y cuando no, aparece una disonancia que pesa.

Jesús Arroyo, de Alfa Libre, le preguntó a través de mí si una etiqueta tan grande como «el Estoico» no limita. Pepe responde que unas veces le ayuda y otras le pesa. Le ayuda como recordatorio, como el viejo ejercicio estoico de imaginar que te observa un sabio: «si la gente de mi membresía me viera hacer esto…». Le pesa cuando tiende al autocastigo, algo que trabaja con compasión: ni los estoicos esperaban ser el sabio perfecto. La meta es estar el mayor tiempo posible en el punto medio, sin usar la imperfección como excusa.

A mí me pasó algo que lo ilustra. Estaba leyendo bajo un árbol, en un parque casi vacío, El libro rojo de la publicidad de Luis Bassat, y se me acercó un chico: «¿Tú eres Fernando, de Píldoras?». Me pilló justo haciendo lo que predico. Pepe citó una idea que atribuye a Sam Harris: la sabiduría es la capacidad de seguir tus propios consejos.

Científico de tu propia vida

Le pregunté cómo hace para no depender del móvil. De cuatro a ocho de la tarde, con sus hijos, el móvil se apaga: «Veo una foto de mi hija con cinco meses y pienso: esto fue antes de ayer». Probó también un móvil de tapa, y le funcionó hasta que un pico de trabajo le devolvió a la inercia. Pero el consejo depende del contexto: a mí, sin hijos, me sirve otra estrategia.

Su método es tratarse como un científico: una hipótesis, una prueba y datos sobre cómo te sientes. «Creo que después de cuatro horas sin móvil me sentiré bien.» Lo pruebas, superas el bache inicial, y si te sientes más tranquilo sin hacer nada especial, ahí hay algo. Lee un libro una hora sin móvil: es difícil sentirse peor después. Si eres capaz de soportar el aburrimiento sin refugiarte en la compulsión, eso es una ventaja competitiva.

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Segunda parte · La inteligencia artificial

Las grandes preguntas, a uno mismo

Me abrí en canal: este último año leo menos que nunca. Estoy más en el hacer, converso mucho con la inteligencia artificial en lugar de leer el libro, y la información que obtengo no me sosiega igual. «No te la has ganado», me dijo Pepe. Él también lee menos, por la paternidad, pero ahora elige libros difíciles, como Los hermanos Karamázov, y presta más atención a la experiencia, como recomendaba el propio Marco Aurelio.

Conoce gente que le pregunta a la IA hasta qué ropa ponerse, y que habla a diario con un «sabio estoico» artificial. ¿Por qué no te lo preguntas a ti? Le marcó una publicación: queremos que la IA haga la compra y las tareas de casa para que nosotros hagamos lo creativo, y está pasando lo contrario. Así que él delega facturas, análisis de documentos o la redacción de algo que se le atasca, pero no le hace a la IA las grandes preguntas de la vida. Para los estoicos y los epicúreos, la filosofía era la medicina del alma, y eso no se delega.

Pepe el EstoicoSi delegas el pensamiento, se te va atrofiando poco a poco, de manera muy sutil.Pepe «el Estoico»

Yo reconocí que es complicado: igual que pongo el GPS para todo, acabo preguntándole todo, con su recompensa variable incluida. Pepe propone un proceso de cocreación: pelearte primero con la idea quince o veinte minutos, llegar a una conclusión, y después preguntar. Lo que te ganas tú te enriquece más que lo que te dan hecho.

La tecnología que no libera tiempo

Hablamos de una idea que se repite: la IA es un superpoder, pero si la tenemos todos, deja de serlo. Pasó con los diseñadores: un logotipo que antes llevaba semanas pasó a hacerse en horas con nuevas herramientas, y el resultado fue hacer muchos más por el mismo dinero. Oliver Burkeman lo cuenta en Cuatro mil semanas con la lavadora: prometía liberar la mañana entera que se pasaba lavando en el río, y lo que hizo fue llenarla de otras tareas. Yo lo llamé la carrera de la Reina Roja: corres más, pero todos corren más. ¿Hasta dónde? ¿Hasta reventar?

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Tercera parte · Ambición

Ambición frente a tranquilidad

Séneca decía que no es rico quien tiene mucho, sino quien necesita poco. Yo le rebatí con Luis Monge Malo, que lo llama mendicidad. Pepe propone hacer el experimento: lleva el esfuerzo al máximo y observa cómo te sientes; si lo logras sin estrés, chapó. Y cita a Naval: si cambiara algo, habría conseguido lo mismo, pero sin estrés, ansiedad ni ira. ¿Quieres llegar hasta ahí? Vale. ¿Cómo quieres llegar? ¿Siendo el que se despierta a las dos de la mañana sin poder dormir?

Él ha elegido. Su ambición era vivir de su proyecto y no tener jefe, para ser dueño de su tiempo, estudiar y escribir. No para comprarse un yate. Le han escrito muchas veces que con otro embudo ganaría mucho más; probablemente sea verdad, pero para cómo quiere vivir no es un buen consejo. Es la historia del pescador: ¿para qué todo eso, si ya puedo hacer lo que quiero? Con su mujer se plantea el pavo de Acción de Gracias de Taleb, alimentado cada día hasta que llega el cisne negro: ¿sabrían vivir con mucho menos? Viene de un pueblo pequeño y antes conducían un coche heredado, así que sí. Y se entrena: ayuna a diario.

Yo le planteé el triángulo de salud, dinero y amor: el discurso de sacrificar dos lados un tiempo para optimizar el tercero, que en la práctica casi nadie consigue reequilibrar. Él se guía por la frase de Naval: un cuerpo en forma, una mente en calma y una casa llena de amor no se compran, se ganan. Y añade: se ganan y se mantienen. Piensa en ello como en las estadísticas de un jugador del FIFA: todo en un 6 o un 7, algún día un 8, nunca un 10.

Matizo algo desde mi experiencia en la universidad: costó muchísimo llegar a profesor titular, picando código a mano, y hoy un equipo de doctorandos motivados nos libera tiempo de calidad. Construir un buen sistema es a veces la única forma de ganar tiempo. Pepe coincide en parte, pero si tuviera que elegir, prefiere simplificar a crecer: reaprovechar contenido de un formato a otro antes que contratar y multiplicar cursos. Y le recordé que, para llegar a la pantalla de simplificar, muchas veces hay que pasar por la de complicar. Él trabajó jornadas de catorce horas antes de tener hijos, y llevó el proyecto por las tardes mientras trabajaba en una agencia.

Fernando AlonsoPara llegar a la pantalla de simplificar, muchas veces hay que pasar antes por la de complicar.Fernando Alonso

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Cuarta parte · Prácticas

La exhalación lenta

Pepe medita desde 2014 y está lejos de ser un Buda, pero ha ganado conciencia de sí mismo. Me contó algo del lunes anterior: con prisa, su hija sin querer vestirse, le habló más alto de la cuenta. Antes eso le habría costado días de autofustigación. Esta vez fue a la cocina e hizo una respiración que había escuchado a la neurocientífica Nazareth Castellanos: inspirar normal por la nariz y espirar despacio por la boca, con los labios fruncidos como para silbar, alargando la exhalación sin forzar. Ralentizar la respiración activa la rama parasimpática del sistema nervioso. Él pasó de nueve a cuatro respiraciones por minuto, y volvió con sus hijos de otra manera. No lo hizo en tiempo real, sino a los cinco o diez minutos, y eso ya es progreso.

Del método Wim Hof dice que no le aportó mucho en su momento; para bajar el estrés prefiere la lenta. Cada herramienta tiene su contexto: Wim Hof activa, y viene bien antes de un baño de agua fría o un reto de dominadas.

Reflexionar cada día

Para Pepe, la vida mejora con la reflexión y empeora con la irreflexión. Él ha usado diarios muy estructurados y ahora mantras por la mañana, pero lo esencial son tres preguntas al final del día: qué he hecho bien, qué he hecho mal y qué puedo hacer mejor. También probó las páginas matutinas de Julia Cameron en El camino del artista: veinte minutos de escritura sin pensar nada más levantarte, para vaciar la cabeza. Mis mejores decisiones, le conté, han salido paseando tres horas por un parque sin móvil. Aristóteles ya enseñaba caminando.

Los rituales ayudan. Antes de recoger a los niños, su mujer y él apagan el móvil en el coche y se recuerdan cómo quieren comportarse: poner límites asertivos, amables y firmes. Séneca decía que la ira disminuye cuando sabe que por la noche tendrá que comparecer ante el juez. Pepe, que fue abogado, lo lleva más lejos: a ti mismo también te convences con pruebas. Dices que eres disciplinado; ¿cuáles son las pruebas? Es lo que James Clear llama votar por la identidad que quieres tener.

Hablamos también de identidad en un sentido más hondo. Michael Singer, en La liberación del alma, pregunta quién observa la voz interior. Si te hubieran puesto otro nombre o hubieras estudiado otra carrera, tu identidad sería otra, pero quien observa seguiría siendo el mismo. Pepe distingue entre quién eres en esencia y en existencia, porque también hay que pagar facturas y llevar a los niños al colegio.

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Quinta parte · Dinero, hijos y contribución

¿Se puede vivir de enseñar filosofía?

Un oyente le preguntó si siente el síndrome del impostor por vender sabiduría. Pepe no ve tan clara la mala relación de los estoicos con el dinero: Séneca fue rico, Marco Aurelio era emperador, y Epicteto, tras ser esclavo y salir de Roma cuando Domiciano expulsó a los filósofos, montó en Grecia una escuela a la que acudían patricios. El problema no es el dinero, sino el dinero como fin, o prometer milagros. En su página de venta avisa de que sus cursos no convierten a nadie en estoico de la noche a la mañana. Yo le hablé de la convicción de satisfacción de Joseph Sugarman: si alguien considera que no le ha sido útil, se le devuelve el dinero sin dramas.

¿Y cómo se es emprendedor y estoico a la vez? Primero, un matiz: los estoicos no buscaban la ataraxia, la tranquilidad, sino la eudaimonía, la vida plena; la tranquilidad es un ingrediente. Y emprender no es montar Amazon: se puede emprender y vivir bien con un sueldo tranquilo. Su mejor consejo recibido fue ese, tener algo tuyo, aunque ocupe mucho ancho de banda mental.

Sobre los hijos, la frase de Airam, de Paleo Training: los hijos son los peores obedeciendo y los mejores imitando. Ser padre es el arte de saber renunciar: menos lectura, deporte en veinte minutos en lugar de tres horas, la tele fuera del salón. Le pregunté qué les diría a sus hijos en su último aliento: estar presentes. Yo pensé en vivir con virtud, y Pepe lo enlazó: para él la raíz de la virtud es la atención. Y una herramienta útil para todo: ponerse restricciones, como propone Edward de Bono, para que el cerebro encuentre caminos creativos sin saltárselas.

Los círculos de la oikeiosis

Me regaló un modelo mental precioso, el de Hierocles: círculos concéntricos que empiezan en uno mismo y se van ampliando a la pareja y los hijos, la familia, la comunidad, la ciudad y el mundo. ¿Cómo contribuyes en cada uno? Sirve para detectar incoherencias: hay quien aporta valor al mundo entero, sale en todas partes, y su hijo no le ve. Yo lo viví como profesor: escribíamos artículos que leían pocos, y por eso empecé el podcast. Pepe guarda una carpeta llamada «correos que alegran el alma», como prueba de que contribuye. Su consejo final: la atención es la base de todo.

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