Los hermanos Vázquez, juntos por primera vez en el podcast
Marcos divulga salud con rigor y es socio de una docena de empresas. Pablo fue consultor más de quince años y ha escrito Tsunami para entender la IA. Los senté a los dos en mi mesa para hablar de criterio.
Educación, inteligencia artificial y emprendimiento en una hora y cuarto de conversación. Qué hace la tecnología con nuestra memoria, nuestra atención y nuestra forma de decidir.

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Con Marcos había grabado varias veces, siempre a distancia. Con Pablo me senté hace año y medio en este mismo estudio. Faltaba tenerlos juntos, y esta vez vinieron los dos a casa, la víspera del primer evento presencial de Vida Inteligente.
Marcos habla desde la evidencia científica y desde la empresa. Pablo, desde la ingeniería y la consultoría. Y yo, desde la robótica y el aula, que es donde veo cada semana cómo aprendemos. Empezamos por la educación y el informe PISA, seguimos con la delegación cognitiva y los riesgos de la inteligencia artificial, y acabamos hablando de emprender y de lo que la IA no puede sustituir.
Todo gira alrededor de una pregunta: ¿qué tenemos que seguir haciendo nosotros para que la IA nos sume en lugar de restarnos?
Talleres de IA
Usar la IA para lograr más con el mismo esfuerzo, sin dejar de pensar: es el criterio con el que enseño cada herramienta. Abro los talleres por tandas; en la página verás si hay plazas o podrás dejar tu correo para que te avise.
Conocer los Talleres de IA Pregúntame por WhatsAppQuién se sienta a la mesa
Salud, filosofía y empresa
Marcos Vázquez
Fitness Revolucionario. Autor de Invicto y Vive más, divulga salud basada en la evidencia y es socio de una docena de empresas.
Inteligencia artificial
Pablo Vázquez
Vida Inteligente. Ingeniero informático con máster en IA, más de quince años de consultor y autor de Tsunami, publicado por Editorial Tenos.
Anfitrión
Fernando Alonso
Píldoras del Conocimiento. Profesor universitario e investigador en robótica social. En esta mesa, el que hace las preguntas.
Píldoras del Conocimiento · Episodio 144Página 1 de 7
Primer debate · Educación
Informe PISA: por qué baja el nivel y a quién perjudica más
Arranqué por la educación, porque de ahí sale todo lo demás. Los resultados de PISA empeoran y cada uno busca su culpable: las pantallas, el móvil, ahora la inteligencia artificial. Marcos pidió cuidado con señalar un único factor, porque la caída viene de lejos. Mientras en España mirábamos a Finlandia como el modelo a copiar, Finlandia ya estaba retrocediendo en esos mismos indicadores.
Se ha intentado revolucionar la educación en vez de reformarla.Marcos Vázquez
Para él, parte del problema es haber hecho cambios sin evidencia, con la idea de que esta vez es distinto. Hay cosas que no cambian: premiar el esfuerzo, el mérito y la exigencia da mejores resultados, en el aula y en el deporte. Y se han ido quitando obstáculos al aprendizaje con dos ideas: que ya no hace falta memorizar porque todo está en internet, y que hay que trabajar por proyectos en lugar de acumular conocimiento.
Su comparación me pareció muy clara. Es como decidir que los chavales ya no necesitan hacer ejercicio porque ya no van andando al colegio. Hacer ejercicio es bueno en sí mismo. Y memorizar, esforzarse con la cabeza o leer libros difíciles, también.
Un chaval de dieciséis años entiende cada palabra de la frase. Si no sabe quién era César, qué significaba que un general romano cruzara ese río con su ejército y lo que suponía para el Senado y la República, no entiende lo que pasó. Muchas veces, lo que llamamos falta de comprensión lectora es falta de conocimiento: para aprender algo nuevo necesitas conocimiento previo al que engancharlo.
Marcos lo llama el efecto Mateo aplicado al conocimiento: cuanto más sabes, más fácil te resulta aprender lo siguiente. Ahí le puse un matiz. ¿Mide PISA lo que de verdad importa para el futuro? Pablo contestó que pueden ser ciertas las dos cosas: el informe mide unas capacidades concretas, y quizá el sistema educativo esté optimizando variables que pesan menos de lo que creemos. Eso sí, la comprensión lectora no admite discusión.
Marcos cerró el debate con el argumento que más me hizo pensar. Un niño que crece en una casa con libros, conversación y contactos compensa lo que no le da la escuela. El que no tiene ese entorno depende de lo que aprenda en clase. Por eso estas reformas perjudican más a quien tiene menos recursos: la lectura es la puerta de acceso a todo lo demás, y si no entiendes lo que lees, tampoco puedes formarte por tu cuenta.
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Segundo debate · Delegación cognitiva
¿La IA nos está volviendo más torpes? La máquina del gimnasio
Le pregunté a Pablo si la tecnología puede compensar lo que vamos dejando por el camino. Su ejemplo fue el GPS. Hemos dejado de saber llegar a muchos sitios, pero ahora podemos llegar a cualquiera. En conjunto somos más capaces, aunque cada uno tenga menos habilidades. Con un detalle: saber llegar a cuarenta y siete sitios de Madrid vale mucho menos que entender lo que lees.
Aunque la tecnología pueda elevarte, te va a elevar desde tu base. Y sigue teniendo valor que tu base sea más alta.Pablo Vázquez
Después confesé mi sesgo. Paso unas diez horas al día trabajando con inteligencia artificial y no conozco a nadie que la use a fondo y se esté quedando más torpe. Quizá mi entorno sea una burbuja. Marcos me contestó con estudios.
Toman dos grupos de estudiantes y a uno le dejan usar IA para los deberes. Ese grupo los hace más rápido y mejor. En el examen, sin IA, sacan mejor nota los que estudiaron sin ella: aprendieron más. Hay una correlación entre esfuerzo y aprendizaje, y si la herramienta te ahorra casi todo el esfuerzo cognitivo, aprendes menos. Con la escritura pasa lo mismo: escribir es una forma de pensar, y si siempre escribe la máquina, esa capacidad se va debilitando.
Una máquina con la que haces el mismo esfuerzo que antes, pero mueves ciento ochenta kilos en lugar de cien. Logras más y el músculo sigue trabajando.
Una máquina que levanta el peso por ti. El músculo deja de trabajar y se atrofia. Es lo que ocurre cuando la IA sustituye tu escritura, tu razonamiento o tu comprensión lectora.
Marcos lo resumió con esa imagen del gimnasio, y para mí es la regla más útil de toda la conversación: usar la IA para llegar más lejos con el mismo esfuerzo. Si la usas para ahorrarte el esfuerzo, al cerebro le pasa lo mismo que al músculo.
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Tercer debate · La gran bifurcación
La IA como amplificador: autorregulación y agencia
Aquí le pasé la palabra a Pablo, porque en Tsunami habla de cómo usamos la tecnología y de la brecha que está abriendo entre las personas. Su tesis cabe en una frase, aunque cueste aplicarla.
La IA es un amplificador y va a amplificar aquello que le des. Puedes usarla para pensar más y mejor, o para pensar menos.Pablo Vázquez
La tecnología ya estaba separando a la gente, y la IA va a acelerar esa bifurcación. Según Pablo, saber usarla se combinará con dos rasgos. Uno defensivo, la autorregulación, para protegerte de todo lo que te roba la atención, que es tanto como robarte vida, tiempo, dinero y energía. Y otro ofensivo, la agencia, que él describe como un tambor interno que te empuja a hacer cosas.
Quien reúna esas piezas, y además tenga curiosidad, llegará a niveles de capacidad que antes solo veíamos en algunos genios. Pablo lo explicó con la vieja imagen de subirse a hombros de gigantes: esta vez, los gigantes también pueden ser de silicio.
A mí esa tesis me inquieta, y así se lo dije. Si se cumple, tendremos a unas cuantas personas multiplicando sus capacidades con la tecnología y a un noventa y tantos por ciento de la gente sin propósito, un Pareto al cuadrado.
Marcos lo ve posible a corto plazo, aunque recordó que muchas tecnologías benefician primero a quienes se adelantan y después acaban llegando a todos. Si la IA dispara la productividad o descubre fármacos para enfermedades que hoy no tienen cura, eso nos beneficia a todos. La pregunta que dejó en el aire me parece la buena: ¿vamos a ser más iguales por arriba o más iguales por abajo?
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Cuarto debate · Riesgos
Terminator, Un mundo feliz y 1984: cuánto preocuparse por la IA
Pablo había escrito en su newsletter que hemos empezado a cruzar un nuevo umbral, y le pedí que lo explicara para todo el mundo. Primero usamos la IA por turnos, en un chat: ella responde y tú haces algo con la respuesta. Después llegaron los agentes, que actúan por su cuenta dentro de su propio entorno. Ahora la IA puede manejar tu ordenador con su propio teclado y su propio ratón, abrir el navegador y hacer clic como lo harías tú. Y puedes tener muchas trabajando a la vez.
Estamos cerca del punto en el que muchas tareas de oficina salen más rápido si las hace la IA que si las haces tú. Para el trabajo de cuello blanco, es un cambio de paradigma. Yo añadí lo que estoy viendo en robótica: los modelos de lenguaje empiezan a controlar robots, así que la IA ya no actúa solo en tu escritorio, también en el mundo físico.
Con eso sobre la mesa, Pablo dibujó los tres escenarios extremos. Terminator, en el que la IA nos extermina. Un mundo feliz, en el que nos atonta. Y 1984, en el que alguien la usa para montar una dictadura permanente. Entre esos tres vértices hay mucho espacio, y su intuición es que a corto y medio plazo nos moveremos por dentro del triángulo, lejos de los extremos. Si tuviera que elegir, el más probable le parece Un mundo feliz, y el menos, Terminator.
Marcos aportó perspectiva histórica. Cada tecnología nueva ha despertado pánico: Platón ya advertía de que la escritura debilitaría la memoria, y después vinieron la electricidad, las bicicletas o GPT-2, un modelo que en su día se presentó como demasiado peligroso para publicarlo. Admite que la IA es de otra naturaleza, aunque menos de lo que pensamos, y le cuesta creer que esta primera tecnología seria de IA sea la que dé el salto a una inteligencia general.
Si crees de verdad que eso va a destruir el mundo, no lo haces.Marcos Vázquez
Ese es su argumento contra el tono alarmista: si quienes construyen estos modelos creyeran de verdad lo que anuncian, no volverían al día siguiente a seguir construyéndolos. Le discutí el punto con la lógica de la carrera armamentística, porque con la bomba atómica sabían que era peligrosa y siguieron adelante convencidos de que, si paraban, los nazis llegarían antes. Marcos mantuvo su postura: si vieran una amenaza seria a cinco o diez años, se sentarían a firmar acuerdos, como se hizo con las armas nucleares. Su hipótesis es otra: parte del mensaje sirve para pedir más regulación y dejar el mercado en manos de pocas empresas.
Pablo ordenó a quienes dan la alarma en tres grupos según sus incentivos: quienes lo creen de verdad desde hace años, quienes ganan dinero cuando la tecnología parece más poderosa y quienes ganan relevancia con el mensaje más alarmante. Entre los tres hay mucho solape. También me contó que, en una encuesta a su comunidad, la preocupación por la IA estaba más cerca del cuatro que del dos, en una escala del uno al cinco. Para él, repartir probabilidades sobre el fin de la humanidad sin cuidado genera una ansiedad innecesaria, y quien tiene altavoz debería explicarlo mejor.
Yo defendí no ridiculizar el riesgo, con el principio de precaución y con el título de aquel libro de Andy Grove que tanto se aplica en inversión: solo los paranoicos sobreviven. Marcos lo aceptó y dio la vuelta a la pregunta. Hay riesgos reales, desde estafas y robos de identidad hasta armas biológicas, y también beneficios enormes, como los fármacos que ya se han descubierto con IA. Hay que medir el riesgo de seguir y también el de detenerse. Pablo fue más allá: no avanzar tiene un coste casi seguro, incluso en vidas.
Pablo añadió que la inteligencia artificial tiene una forma muy distinta a la nuestra: está muy por encima de nosotros en unas tareas y muy por debajo en otras, así que la vieja definición de inteligencia general pierde sentido. Y entre los dos dejaron el criterio que más me convenció, porque se fija en lo que hacen las empresas y deja a un lado lo que dicen. Si alguien tuviera un modelo realmente superior, lo lógico sería guardárselo para construir sus propios productos. Liberarlo sería como anunciar que has descubierto el algoritmo de trading perfecto y, acto seguido, vender un curso. El día que dejen de publicar sus mejores modelos, habrá que prestar atención.
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Quinto debate · Emprendimiento
De la consultoría a emprender, sin apostar la granja
Cambiamos de tema para hablar de negocio, y empecé por una etapa menos conocida de Marcos. Además de Fitness Revolucionario, llegó a tener un proyecto aparte, Vida Revolucionaria, con su propio podcast de portada amarilla, para hablar de filosofía y emprendimiento sin mezclarlo con la salud. Se dio cuenta de que la gente que le seguía era la misma y de que mantener dos proyectos era complicado, así que lo juntó todo.
Hoy es socio de unas doce empresas. Me explicó por qué pasó de promocionar productos de otros a crear los suyos. A largo plazo es más rentable, aunque a corto suponga poner dinero, no cobrar durante un tiempo y asumir que alguna no saldrá adelante; con que unas pocas salgan bien, cubren con creces las que salen mal. Y se siente más cómodo ante su audiencia, porque controla la calidad y el trato al cliente, y puede sacrificar rentabilidad para que el producto sea mejor.
Un negocio es como una utopía: más allá de las reglas contables y legales, nadie te dice cómo tienes que hacerlo.Marcos Vázquez, citando a Derek Sivers
Le pregunté algo que llevaba pensando desde la noche anterior: ¿es emprender el punto natural para alguien curioso y disciplinado? Marcos, que también pasó muchos años en la consultoría, contó que la eligió porque no se imaginaba yendo siempre a la misma oficina a hacer lo mismo. La consultoría le dio aprendizaje, ritmo y una carrera rápida. Emprender es el siguiente nivel: mucha más libertad, pero si no cazas, no comes.
Lo que más me gustó fue cómo gestiona el riesgo. Cuando dejó la consultoría ya tenía un colchón, y hoy no entra en ningún proyecto en el que pueda perder una parte importante de su patrimonio. Hace apuestas pequeñas, en negocios sencillos y controlados. Si todas sus empresas fracasaran, estaría bien, y eso le deja dormir tranquilo.
Pablo, que hizo carrera de consultor en Madrid y en Nueva York, añadió una observación que me hizo reír por lo cierta: los empresarios quieren ser deportistas, los deportistas quieren ser divulgadores y los divulgadores quieren ser empresarios. Muchas veces queremos lo que hacen los demás.
Aproveché para contarles algo que quiero empezar en enero: una consultoría de negocio pequeña, tipo boutique. Pablo fue sincero: hoy no quiere tener ni clientes ni jefes. Si disfrutas metiéndote en las tripas de una empresa, con su consejo y sus directivos, lo vas a disfrutar mucho; él no. Marcos matizó que depende del modelo, porque no es lo mismo asesorar que cargar con los problemas del cliente.
Y lo conectó con el principio del episodio. Cuando él empezó, la consultoría era un ascensor social: te contrataban por mérito, vinieras de donde vinieras, y con esa exigencia aprendías muchísimo. Hoy las carreras son más largas y los sueldos, peores. No lo dijo como crítica, porque le parece bien que haya otras prioridades, pero nadie regala nada: no se puede pedir una carrera rápida y mucho dinero trabajando de nueve a cinco y con seis semanas de vacaciones.
De niños, iban a jugar al fútbol con su padre. A punto de entrar en el ascensor, el padre vio que el balón estaba deshinchado y volvió a casa a inflarlo: noventa segundos. Pablo se quedó sujetando la puerta. Cuando el padre volvió, preguntó por Marcos. Había vuelto a su cuarto a estudiar. Pablo lo recuerda como uno de los momentos en que pensó: «Este nos ha salido rarito».
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Sexto debate · Lo que no se puede sustituir
Lo que la IA no puede sustituir: productos físicos y experiencias
En el episodio anterior de Pablo se nos quedó pendiente el movimiento FIRE, el de la independencia financiera para retirarse pronto, y esta vez lo contó con su propia experiencia.
Pablo recorrió ese camino y descubrió lo mismo que le habían anticipado otros en Nueva York. La independencia financiera es un espectro, y quien ordena su vida lo suficiente para alcanzarla casi nunca se queda sin hacer nada. Lo habitual es cambiar la R de retiro por la T de transición: se cierra una etapa para empezar otra. Por eso conviene que la motivación sea empezar algo, más que dejar de hacer algo.
A Marcos yo le veo en una tercera transición: más proyectos con socios y más eventos en persona. Busca socios que le complementen, y prefiere a alguien sin redes sociales que ejecute muy bien antes que a un influencer con un millón de seguidores. Lo siguiente me pareció muy honesto. Su ventaja de siempre ha sido analizar información, resumirla y convertirla en algo útil, y reconoce que la IA ya lo hace muchas veces tan bien como él, o mejor. Por eso quiere crear cosas que la IA no pueda sustituir: productos físicos, como una barrita de proteína o la creatina, y experiencias, porque para vivirlas sigues teniendo que viajar y juntarte con gente.
Siendo introvertido, los primeros eventos le agotaban y no los disfrutaba: estaba demasiado pendiente de que todo saliera bien. Con un equipo que se encarga de la logística ha aprendido a disfrutarlos, incluso en experiencias de varios días con grupos de treinta a cincuenta personas. Cree que, después de la pandemia y con tanta pantalla, vamos a buscar cada vez más el cara a cara. Le pasa lo mismo con los libros de Editorial Tenos, la editorial de la que es socio: el conocimiento puede ser etéreo, pero un libro se toca y se firma.
La grabación fue la víspera del primer evento presencial de Vida Inteligente, y Pablo explicó por qué lo hacen aunque no escale y dé muchísimo trabajo. Durante años trabajó en entornos muy cerrados, rodeado de gente de las mejores universidades de Estados Unidos, y lo que veía en redes le hacía pensar que fuera hacía mucho frío. Este proyecto le ha cambiado esa visión.
La inmensa mayoría de la gente es buena, es maravillosa, es muy ética, es muy razonable.Pablo Vázquez
Me recordó algo que repite un buen amigo: hay que trabajar más la presencialidad. Ir a sitios, conocer gente, preguntar a qué se dedica cada uno. Ahí aparecen oportunidades que no surgen detrás de una pantalla.
Ronda final
Lo que han aprendido este último año
Pablo. Ha ajustado sus probabilidades sobre las inteligencias artificiales de compañía, como la de la película Her: conocimiento, inteligencia emocional y conversación sin esperas. Serán difíciles de gestionar, porque nuestro cerebro no está hecho para distinguir una relación humana de una virtual, pero bien llevadas pueden aportar mucho. Cree que llegarán antes de lo que habría dicho hace un año.
Marcos. Está pensando mucho en la atención. Antes de la lectura hay un paso previo: si no prestas atención, nada entra en tu mente. En casa le cuesta cada vez más leer sin mirar el móvil, y en un avión sin wifi vuelve a leer tres o cuatro horas seguidas, como antes. Quizá su próximo libro vaya de esto, aunque todavía no lo ha decidido.
Al final se unió a la foto Paco Lodeiro, autor de Cómo invertir en bolsa, que andaba por casa. Me quedo con la idea que atraviesa todo el episodio: la tecnología nos puede llevar muy lejos, siempre que sigamos haciendo nosotros el esfuerzo de pensar.
Nacidos para Aprender
Memoria, esfuerzo y conocimiento previo: buena parte de lo que se habló en esta mesa está en mi libro sobre cómo aprendemos.
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