Epifanías y falacias comúnmente aceptadas: lectura, identidades múltiples, cambio, humor, presente y complejidad, con Adrián Sussudio
La lectura rápida no existe: existen distintas velocidades según la página y el momento.
Adrián Sussudio, creador de «Charlando con libros», leyó cien libros en 2023. En mi casa, frente al micrófono, discutimos ideas de segundo y tercer nivel que salen de muchos libros y muchas conversaciones: cómo leer más, por qué tenemos muchos «yos», cuándo cambia de verdad la gente, el humor como prueba de inteligencia, el mito de estar siempre en el presente, encontrar el problema mientras buscas la solución y si hay que comprarle todo a un autor.

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Marzo de 2024. El episodio arranca con la célebre letanía de Dune, de Frank Herbert, la que el protagonista recita para dejar pasar el temor a través de él: una buena puerta para hablar de ideas que cambian cómo pensamos. Es la continuación del episodio con Sergio Parra, una conversación para aportar ideas de muchos temas, y para eso no hay casi nadie mejor que Adrián, amigo desde hace años y lector incansable. Como él dice, los libros, las ideas, te cambian la vida, y nunca vuelves a ser el mismo.
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Invitado · Creador de «Charlando con libros»
Adrián Sussudio
Se define como un chaval normal y corriente al que le gusta mucho leer. Leyó 85 libros en 2022 y cien en 2023, que publica y puntúa en Twitter. Su podcast nació de un club de lectura en Telegram que sigue vivo, y acababa de lanzar la newsletter «La cabeza de Adrián Sussudio». Ha visitado casi cuarenta países.
Anfitrión
Fernando Alonso
Píldoras del Conocimiento. Ingeniero en inteligencia artificial, doctor en robótica, profesor universitario e investigador en robótica social. Antes era de leer un solo libro y acabarlo sí o sí; hoy deja a medias los que no le aportan.
Píldoras del Conocimiento · Episodio 104Página 1 de 5
Tres pilares para leer más
Adrián lee sobre todo novelas, en especial de ciencia ficción, aunque su podcast es de ensayo; y cuando descubre un ensayo de Kahneman o de Taleb, disfruta como pocos, porque de pronto ve el mundo de otra forma. Una idea nueva es como una descarga de dopamina. Y todo acaba siendo comunicación: por muy genio que seas, si no sabes conectar con los demás, has fallado. Su club de lectura dio origen al podcast y después a un audiocurso sobre cómo leer más y aprender de verdad, del que comparte tres pilares.
Primero, lee lo que te gusta. Si te gusta el fútbol, hay muchos libros de fútbol; si te gusta la ciencia ficción, empieza por ahí. Como dice Naval Ravikant, lee lo que te gusta hasta que te guste leer. Él lo sigue aplicando: no lee para el podcast ni para que le sigan, sino porque disfruta, y así se estresa menos y es más constante. Segundo, deja libros a medias, estés en la página veinte o a cinco del final, aunque lo recomiende el mayor crack del mundo; es contraintuitivo por el sesgo del coste hundido, pero con el tiempo se aprende.
Los cien libros de 2023 son los que terminó; por el camino quedaron muchos. Tercero, lee varios a la vez. Él lleva tres o cuatro, y si temes mezclarlos, combina una novela y un ensayo que no tengan nada que ver. Si en una tarde de dos horas un libro te aburre, cambias a otro, en lugar de acabar con el móvil o con Netflix, y superas el valle del libro.
Le doy la razón. Yo era de leer un solo libro y acabarlo sí o sí, porque reforzaba mi identidad de persona que termina lo que empieza. Hoy descarto los que no me aportan. Y leer varios se parece al aprendizaje entrelazado: como practicar volea y revés a la vez en el tenis, parece que avanzas más despacio, pero a largo plazo funciona mejor. También hay riesgo de convertir los libros en un juego de estatus. Adrián lo asume: somos animales de estatus, así que elige a qué juego juegas, al de los libros o al de la casa grande y la camiseta de marca, pero sin dejar de disfrutar.
Contra la lectura rápida
Adrián está en contra de los cursos de lectura rápida, aunque sean los que más venden: no hay lectura rápida o lenta, sino distintas velocidades. Hay páginas que lee cinco veces para absorberlas y otras que pasa en diagonal porque le sale, porque ya conoce el tema. Ir siempre al mismo ritmo, pasando el dedo por las líneas sea la página importante o de relleno, es justo lo contrario: un estado de alerta que estresa y no se sostiene; quien empieza así acabará odiando leer. Y si lees para aplicar, en tu negocio o en tu investigación, a toda prisa no da tiempo: más vale leer cuatro páginas, parar, mirar al techo, probar y seguir.
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Con la concentración pasa igual: no es blanco o negro. Un día lees dos horas seguidas y otro no aguantas cinco minutos, y no significa que hayas dejado de saber concentrarte. Por eso viene bien tener varios libros: si tu cabeza no da para uno denso, te vas a uno más ligero. Hay épocas para cada tipo de libro. El aprendizaje no es lineal: un mes aprendes como nunca y otro el cuerpo te pide parar y asimilar. A mí me pasa con la creatividad: meses de foco láser en los que no quiero ver a nadie y meses de divagar. Y a los escritores, que se encierran meses para escribir y luego contestan al momento a cualquier hora.
Identidades múltiples: no dejes que un «yo» se coma a los demás
Carlos Rojo ya me habló de esto, y Adrián le da su propio enfoque. Tenemos muchos «yos»: el que quiere estar delgado por estética, el que quiere estar sano y el que quiere disfrutar del momento. Si siempre mandara el último, no tendrías salud. No es cambiar de opinión: es que un día habla un «yo» y otro día, otro. Lo que yo había escuchado en el episodio cien de su podcast es que el peso de cada identidad depende de la escala de tiempo, del objetivo y de la energía mental que tengas: si estás volcado en un proyecto, quizá descuides la salud durante una época.
El problema llega cuando uno de ellos domina demasiado: los demás se quedan agazapados y algún día te explotan en la cara. Adrián lo vivió en un viaje. Viaja muchísimo y de todas las formas: solo, en pareja, con amigos, con todo organizado o a la aventura. Antes de un viaje de dos semanas no le apetecía nada prepararlo; era su «yo» de la salud avisándole. A la semana se volvió, por primera vez en su vida, y lo agradeció. Hay que saber bailar con las identidades sin dejar que ninguna se coma a las demás.
Y entenderlo ayuda a perdonarse, cuando pecas con la comida o no tratas a alguien como querías, porque, en sus palabras, «no hay buenas y malas personas; hay personas que hacen buenos actos y malos actos». Cuando te perdonas, empiezas a entenderte, y luego a entender a los demás, y ves que todo es complejo: si cada persona tiene infinitos «yos», ocho mil millones de personas somos muchísimos más. Por eso es tan difícil predecir. Y explica algo que me ha pasado: gente que ha leído montones de libros de desarrollo personal y aun así trata mal a alguien. No es que no haya interiorizado nada; es su lado oscuro, que es difícil que no salga. Adrián añade que a veces quienes más leen sobre psicología son quienes más lo necesitan, y que los grandes estoicos son a menudo quienes no estudian estoicismo.
¿Cuándo cambia la gente?
Mucha gente empieza a estudiar inversión cuando lo necesita, o psicología cuando tiene una herida grande. BJ Fogg, uno de los grandes investigadores de los hábitos, sostiene que cambiamos mejor sintiéndonos bien que sintiéndonos mal. Se suele decir que cambiamos cuando el dolor de seguir igual supera al de cambiar, pero yo creo que también cambiamos por inspiración y por información nueva: estando cómodo, con la pirámide de Maslow cubierta, he cambiado de rumbo por lo que he aprendido. Adrián lo ve como dos caras de la misma moneda: ver a alguien que te inspira es ver la persona que podrías ser, otra forma de dolor; y a veces cambiamos para evitar un dolor que vemos venir.
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Para él, la gente no cambia sin un golpe fuerte. A él se lo dio la pandemia: volvió a interesarse por la inversión, encontró mi curso entre muchos que no le inspiraban confianza, y volvió a leer como de niño, cuando usaba el carné de la biblioteca de su padre para llevarse más libros y envidiaba el superpoder de su madre, que le leía en la cama. Curiosamente, 2020 fue el año con más tiempo libre y en el que menos leyó, unos cuarenta libros: se lee más con los años, no con un curso milagroso. Por eso desconfía de quien dice que ha cambiado: quizá ha cambiado uno de sus «yos», pero los otros acabarán apareciendo. ¿Por qué somos como somos? Para Adrián, primero la genética, aunque no sirva de excusa, y después el entorno: dime con quién te rodeas.
El humor, una forma de demostrar inteligencia sin decirlo
Charlie Munger y Warren Buffett eran unos cachondos, y no es casualidad: el humor es otro punto de vista, una forma de relativizar y de no tomarse tan en serio. Adrián echa de menos el humor entre las técnicas estoicas, y lo usa como termómetro: cuando un enfermo deja de bromear, preocúpate; cuando vuelve a hacerlo, se está recuperando. Lo confirmo en mis clases: los primeros años no me daba para bromear, y hoy, dominando la materia, disfruto y meto chistes de todo tipo; con el podcast, igual. Adrián, que en redes muestra su lado serio, con los amigos es el más bromista. Y leyó que las bromas de provocación juguetona, como quitarle a alguien el vaso justo cuando va a cogerlo, se han observado en los grandes simios, lo que sugiere que este tipo de humor tiene al menos trece millones de años.
El mito de estar siempre en el presente
Adrián ha hecho retiros de meditación y de silencio, y su conclusión es que no podemos estar todo el rato en el presente. Un estudio de Harvard estimó que pasamos cerca de la mitad del tiempo despiertos con la mente en otra parte. Exigirse estar siempre presente solo genera frustración. Además, pensar en el pasado y en el futuro nos ha permitido sobrevivir: recordamos lo que nos hizo daño y anticipamos lo que puede hacérnoslo; por eso ahorramos, invertimos y aprendemos. Como todo, se ha llevado al extremo: es el amigo que siempre «fluye», no prepara los viajes y llega tarde, porque hay otro que compra los billetes. Queremos recetas que nos quiten la incertidumbre ya, y no funciona así.
Encontrar el problema mientras buscas la solución
A los dos nos apasiona la complejidad, una metahabilidad que ayuda a leer y a decidir mejor. Adrián aprendió de César Astudillo, invitado de su podcast que trabaja con grandes empresas, que a veces no puedes definir el problema y luego resolverlo: encuentras el problema a la vez que la solución, probando de forma intuitiva. Si el cliente y sus trabajadores, que lo viven a diario, no saben cuál es el problema, ¿cómo vas a saberlo tú el primer día? Va contra lo que decía el libro de solución estratégica de problemas de Giorgio Nardone que leíamos, y eso le encantó: para eso están las conversaciones, para discutir con los libros. Por eso su podcast se llama «Charlando con libros» y no «de libros»: hay que charlar con el libro, discutir con él, no comprarle todo. Un resumen hoy te lo hace ChatGPT; eso no aporta valor.
No hay buenas y malas personas. Hay personas que hacen buenos actos y hacen malos actos.Adrián Sussudio
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El orden que no aporta
A veces sobreoptimizamos sin sentido, algo que ya hablé con Marcos Vázquez. ¿Ordenar la biblioteca por autor? ¿Cuánto tiempo te ahorra encontrar un libro frente a lo que cuesta mantener ese orden cada vez que coges uno? Adrián la ha ordenado por colores, porque le apetecía y porque recuerda los libros por el color de la portada. Pero el orden también tiene su lado bueno: a veces ordenar la mesa o limpiar la casa calma la voz interior que te está machacando, un dos por uno. Por eso conviene entender a la pareja un poco maniática, sin llegar al extremo. Se trata de un equilibrio sano entre la claridad mental y el coste de oportunidad: el tiempo que pasas ordenando libros es tiempo que no pasas leyéndolos.
¿Hay que comprarle todo a un autor?
Para Adrián hay dos capas. La primera: compras una idea cuando te impresiona; el factor sorpresa hace que recuerdes un libro entero. La segunda, la que importa: comprobar si esa idea te sirve a ti. Se dice que para ser feliz hay que estar rodeado de gente o formar una familia; pero si vives solo y te crees esa idea a pies juntillas, pasarás de estar solo a sentirte solo. Siempre habrá un crack que diga una cosa y otro que diga la contraria. Él analiza qué ideas le hacen un dolor que le ayudará y cuáles no.
Yo he evolucionado al revés. Antes cogía lo mejor de cada persona; con los años, si no me gusta alguien en su conjunto, si no me inspira, tiendo a no comprarle nada, aunque sepa que quizá se me escapan cosas. Adrián hace lo contrario: es capaz de ver la parte mala hasta de Gandhi, así que, si se fijara en eso, se quedaría sin nadie. Taleb le encanta, y tiene ideas malísimas y un carácter complicado en Twitter.
Él compra las ideas, no el paquete completo. Y me señala algo: yo tengo un curso de sesgos y, sin embargo, obvio el sesgo de supervivencia en mi propio proyecto. Tiene razón, y es lógico: si todos lo tuviéramos presente, no habría escritores ni emprendedores. Las probabilidades son bajas y la suerte cuenta, pero empezar pensándolo es cargarse la mochila de piedras. Tener una misión me hace disfrutar enormemente, aunque sepa que quizá no llegue a ningún lado.
Libros o conversaciones
La última píldora de Adrián: si no te gusta leer, no pasa nada, hay muchas formas de disfrutar. Pero los libros te meten en un estado de flujo que pocas cosas consiguen y te dan detalles que no te da un documental. Las personas más brillantes que conoce o leen muchísimo o pasan el día hablando con quienes saben más; los libros también son una conversación. Yo lo noto estos meses estudiando marketing: conozco a gente con agencias a la que le va genial, pero estoy aprendiendo mucho más leyendo los libros originales, con calma y con estructura. Y si un autor te aburre, puedes mandarlo callar y pasar a otro sin que se queje. Sobre novelas o ensayos, Adrián cree que en los clásicos hay grandes ideas, pero menos masticadas; muchas las descubrió en novelas porque antes las había leído en ensayos. La combinación de ambos es la clave.
Lee lo que te gusta, deja a medias lo que no te aporta y lleva varios libros a la vez. Cambia de velocidad según la página. Discute con el libro en lugar de comprarle todo, y comenta lo que lees con alguien: leerlo sabiendo que lo vas a contar te obliga a leerlo de otra forma.
A Adrián se le encuentra en Twitter e Instagram, en «Charlando con libros», en YouTube, Spotify y demás plataformas, en su newsletter y en su grupo de Telegram, donde llevan más de tres años con una videollamada el primer domingo de cada mes para comentar un libro.
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