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Libros que cambianEpisodio 51Leganés, Madrid

Píldoras del Conocimiento

Raúl Barrios y Fernando Alonso, en pleno confinamiento de 2020

Libro abierto

Viktor Frankl pudo huir a Estados Unidos y se quedó para cuidar de sus padres. Sobrevivió a cuatro campos de concentración y escribió el libro que explica por qué algunos aguantan lo inaguantable: porque tienen un para qué.

Un resumen de «El hombre en busca de sentido» y las lecciones que sacamos Raúl Barrios y yo, encerrados en casa en abril de 2020: la incertidumbre, el humor, la apatía, la decencia, el amor como sentido y la libertad última de elegir nuestra actitud.

Carátula del episodio 51: El hombre en busca de sentido
Audiopodcast · Episodio 51 · 48 min El hombre en busca de sentido, con Raúl Barrios
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Grabamos este episodio en abril de 2020, cada uno confinado en su casa. Raúl me propuso hablar de este libro y me pareció que no había mejor momento: uno de los más vendidos de la historia, escrito por alguien que lo perdió todo y aun así concluyó que la vida merece la pena. No somos psicólogos y lo dijimos al empezar. Es nuestra lectura, para que cada uno se la lleve a su terreno.

Si te quedas con una sola idea, que sea esta: nos lo pueden quitar todo menos la libertad de elegir cómo respondemos.

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Odontólogo y ortodoncista, lector incansable y viejo amigo del podcast. Poco antes de grabar había estado de voluntario en África.

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Fernando Alonso

Píldoras del Conocimiento. Profesor universitario e investigador en robótica social. En esta mesa, el que hace las preguntas.

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Píldoras del Conocimiento · Episodio 51Página 1 de 5

Primera parte · Los hechos

Resumen de «El hombre en busca de sentido»

Viktor Frankl nació en Viena en 1905 y murió en 1997, a los 92 años. A principios de los cuarenta era un neurólogo y psiquiatra prestigioso: en 1940 dirigía el departamento de neurología del hospital Rothschild y estaba terminando el manuscrito en el que fundaba la logoterapia. A finales de 1941 se casó con Tilly Grosser. Su hermana logró huir a Australia. Su hermano, deportado con su mujer, murió en Auschwitz.

Frankl consiguió un visado para emigrar a Estados Unidos y seguir su carrera, pero sus padres, ya mayores, no tenían papeles y solo le tenían a él. Dejó caducar el visado y se quedó con ellos. En 1942 fue deportado con su mujer y sus padres. Pasó tres años en cuatro campos, entre ellos Auschwitz, y su familia no sobrevivió.

El libro narra la llegada en trenes abarrotados, sin comida ni sitio para tumbarse, y la primera selección, el gesto del dedo de un oficial de las SS: a la izquierda, la cámara de gas en pocas horas; a la derecha, los trabajos forzados. Cuenta la ropa vieja, las literas compartidas por nueve, la sopa aguada y el trozo de pan. Y la figura de los capos, prisioneros con privilegios elegidos a menudo por su crueldad, que a veces trataban a los demás peor que los propios soldados.

Lo más importante es la persona que eres. Eso no te lo pueden quitar, aunque te quiten tu ropa y todo lo demás.Raúl Barrios

Frankl sobrevivió por una mezcla de suerte, que no conviene ignorar, y de algo que Raúl subrayó: su conocimiento de la mente humana y su trato con los demás. Se ganó el respeto de compañeros y de algunos capos, y en ciertos momentos pudo dejar los trabajos más duros para atender a enfermos. Quiso publicar el libro de forma anónima, solo con su número de prisionero, porque no esperaba que tuviera éxito. Hoy se ha traducido a decenas de idiomas y ha vendido millones de ejemplares.

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Segunda parte · La mente del prisionero

Del shock a la apatía

Lo primero es la incertidumbre. Lo pierdes todo de golpe y no sabes qué está pasando ni qué va a pasar. Es tan brutal que parece irreal: ves golpear al de al lado y piensas que a ti no te pasará. Raúl lo conectó con lo que estábamos viviendo en marzo de 2020, cuando veíamos lo de China como algo lejano hasta que nos tocó. Hasta que no nos golpea, no nos llega al alma.

Con la incertidumbre llegan cosas inesperadas. La curiosidad, porque el cerebro quiere saber qué viene después. Y hasta el humor negro, que funciona como protección emocional y ha aparecido en todas las guerras. Y la ilusión del indulto: el cerebro entiende fatal las probabilidades pequeñas, como explica Nassim Taleb, y el que está en la fila se convence de que se va a salvar.

Hay un momento clave. Frankl intenta conservar lo último que le queda, el manuscrito de su vida, y le dicen que eso no vale nada. Ahí entiende que tiene que soltar todo lo anterior para poder seguir. A nosotros nos pasa a menudo: nos anclamos a lo que éramos y lo que teníamos, y eso se convierte en una carga. Cuando cambia el tablero, cuanto antes te adaptas, mejor mueves tus piezas.

Después viene la apatía, una especie de muerte emocional que ayuda a sobrevivir. Todo se reduce a la base de la pirámide de Maslow: los prisioneros solo soñaban con comer. Raúl lo relacionó con la indefensión aprendida: cuando ves que nada de lo que haces sirve, dejas de hacerlo, aunque luego tengas la salida delante.

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Tercera parte · Lo que hay dentro

Decentes e indecentes

El libro no idealiza. En el campo, cada uno intentaba sobrevivir, y si había que llenar un camión con cincuenta números, cada uno intentaba que no fuera el suyo, ni el de sus amigos. Yo lo vi como un dilema del prisionero: actuar coordinados habría sido mejor para todos, pero se imponía el sálvese quien pueda. Aun así, había quien guardaba un trozo de pan para un enfermo o tenía una palabra de ánimo. Fueron los menos, pero existieron, incluso entre los guardias.

Para mí es uno de los grandes aprendizajes del libro: en cualquier situación y en cualquier estrato hay dos tipos de personas, las decentes y las que no lo son, y la crisis solo saca a la luz lo que había dentro. Y cada uno elige de qué lado está. Lo uní con Dale Carnegie: hasta el peor criminal tiene una buena imagen de sí mismo y una justificación para lo que hace. Raúl añadió lo que más dolía a los prisioneros, que no eran los golpes, sino sentirse desvalorizados como personas.

La salvación del hombre está en el amor y a través del amor.Viktor Frankl

Y en medio de todo eso, la vida interior. Los días se hacían más largos que las semanas, y algunos conectaban con algo íntimo: hablaban con los árboles, rezaban, recordaban. Frankl cuenta que una mañana, caminando hacia el trabajo con un frío terrible, un compañero mencionó a sus mujeres, y él pudo ver a la suya con una nitidez sorprendente y hablar con ella. Ahí entendió que el amor es la meta más alta a la que puede aspirar el ser humano, y que alguien desposeído de todo puede ser feliz, aunque sea un momento, contemplando a la persona amada. Ni siquiera sabía si ella seguía viva.

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Cuarta parte · Sentido y libertad

Logoterapia: un para qué hacia delante

De ahí sale la idea central de la logoterapia. Frente a otras escuelas que buscan hacia atrás las causas del problema, Frankl mira hacia delante: cuál es tu sentido y cómo lo llevas a cabo. Quienes lo tenían, o al menos lo buscaban, tenían más probabilidades de sobrevivir. Los que perdían la esperanza se notaban enseguida, en la mirada y la actitud. Muchos que se convencieron de que estarían libres en Navidad murieron poco después de que pasara la fecha. Frankl cita a Nietzsche: quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo.

Raúl insistió en que no hay recetas generales: cada uno tiene su para qué. Yo me acordé del farolero de El principito, el personaje que mejor entiende el protagonista, porque tiene un cometido sencillo y lo cumple. Para unos será la familia; para otros, mejorar, ayudar a su comunidad o invertir bien. De esto hablé también con un psicólogo en el episodio 72.

La liberación tampoco fue una fiesta. Salieron a un prado lleno de flores y no sintieron nada: tenían las emociones dormidas. Lo comparamos con Cadena perpetua y la institucionalización. Muchos descubrieron que sus seres queridos habían muerto y tuvieron que volver a buscar su sentido. Frankl escribe que los mejores no volvieron, y que algunos supervivientes repitieron la violencia que habían sufrido.

La última libertad

El mensaje más potente del libro es que la actitud importa. Depende del contexto, de la genética y de lo vivido, pero dentro de esos límites siempre queda un margen para elegir cómo te tomas lo que te pasa. Raúl lo resume con una oración que le gusta mucho: serenidad para aceptar lo que no podemos cambiar, valor para cambiar lo que sí podemos y sabiduría para distinguirlo.

Raúl contó también lo que vio poco antes en un pueblo muy pobre de África, con una ONG sevillana. Donde el agua y la comida escasean, había quien se aprovechaba de los demás y había un chico que intentaba ser un ejemplo para su pueblo. Otra vez la misma lección: tengas mucho o tengas poco, cada uno elige si actúa con decencia.

Si la alegría se puede desaprender, probablemente también se pueda aprender.Raúl Barrios

Él cerró con la idea de responsabilidad: elegir pese a las circunstancias, ponernos en el lugar del otro antes de juzgar y cuidar de nuestra propia alegría con agradecimiento y una vida interior sana. Yo me despedí con una frase de El principito: ser honesto quizá no te dé muchos amigos, pero siempre te dará los correctos.

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