Cinco hacks de vida que aplico a diario: flujo de energía, construir tu sistema, inmersión, agujetas emocionales y la casa de tus sueños
No es lo mismo estar en equilibrio a 1.700 calorías que a 3.000. Cinco hacks de vida que aplico a diario.
Un episodio corto y práctico. Por qué prefiero un flujo de energía alto, cómo construir un sistema de vida con disciplina y estrategia, el poder de rodearte de lo que quieres conseguir, por qué conviene buscar las agujetas emocionales y qué aprendí al empezar a visitar la casa de mis sueños. Y un cierre con la tormenta de arena de Haruki Murakami.
Febrero de 2023, yo con 39 años. En este episodio cuento algunos de los hacks de vida que aplico y que no son tan conocidos, aunque su impacto es grande. No son trucos de una tarde, sino principios que cambian cómo comes, cómo trabajas, de qué te rodeas y cómo decides. Por entonces ya me rondaba la idea de una formación en directo sobre problemas complejos aplicada, sobre todo, a la inversión. Aquí aparece la semilla.
El Metajuego
La «capa por encima de los modelos mentales» de la que hablo en este episodio acabó siendo El Metajuego, mi máster en solución de problemas complejos: dinámica de sistemas, puntos de influencia y un método de siete pasos.
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Anfitrión
Fernando Alonso
Píldoras del Conocimiento. Ingeniero en inteligencia artificial, doctor en robótica, profesor universitario e investigador en robótica social. Deportista habitual y obsesionado con los sesgos, los modelos mentales y los problemas complejos.
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1. El flujo de energía: mejor equilibrio alto que equilibrio bajo
Se lo oí hace tiempo a Marcos Vázquez y me impactó. Si quieres mantener el peso, buscas una dieta normocalórica: que las calorías que entran por la comida equivalgan a las que consumes entre el metabolismo basal, la actividad diaria que no es ejercicio (lo que se conoce como NEAT) y el deporte. Para bajar de peso, hipocalórica; para ganar músculo, hipercalórica. Hasta aquí, lo conocido.
Ahora bien, no es lo mismo estar en equilibrio a 1.700 calorías que a 3.000. En ambos casos entra lo mismo que sale, pero el estilo de vida, el entorno hormonal y la composición corporal son muy distintos. Con un flujo bajo, propio de una vida más sedentaria, se tiende a tener menos masa muscular y ósea, algo cada vez más importante con la edad; menor rendimiento deportivo; un metabolismo más lento, con lo que a nada que te pases acumulas grasa; más riesgo de quedarte corto de nutrientes, porque comes poco; y más hambre. Una precisión que hago aquí sobre lo que dije en el audio: la leptina no aumenta el apetito, sino que lo reduce; lo que ocurre al comer poco durante mucho tiempo es que la leptina baja y el hambre sube.
Con un flujo alto, en cambio, es más fácil ganar músculo y cuidar los huesos, rendir más, recuperarse mejor, cubrir todos los nutrientes y tener un apetito más sano, sin la obsesión de restringir. Con la misma genética y el mismo balance, el resultado es muy diferente. Yo lo tengo clarísimo: prefiero el flujo alto. Me permite comer más, saciarme, entrenar más sesiones, recuperarme y disfrutar del deporte con otra gente. Si tienes tiempo para moverte, es de los hacks más sencillos y potentes.
2. Construye tu sistema: disciplina y estrategia
Llamo sistema a la forma de vida que te permite sacar lo mejor de ti, de tu tiempo libre y de tu día a día. Construirlo es difícil, pero cuando lo tienes, se vive muy bien dentro de él. Hacen falta dos cualidades, más algo de suerte. La primera es la disciplina, que engloba hábitos, resiliencia y visión a largo plazo; la prefiero a la motivación, que no dura. Creo que casi cualquiera puede conseguirla, porque estamos diseñados para vivir de hábitos: construyes una identidad, la identidad genera hábitos y los hábitos refuerzan la identidad.
La segunda, la estrategia, es más difícil: pide pensar mucho, curiosidad, experimentar y, sobre todo, actuar. Muchos de los que me escucháis os sentís diferentes, y está bien; yo también. Pero entre sentirse diferente y ser diferente está el hacer. Aquí toco un punto que me ha dolido a mí: hay que salir del paradigma del consumidor, también del consumidor de podcasts, libros y vídeos, que cree estar afilando la sierra sin cortar nunca nada. Consumir, sí, pero lo que sirva para construir. Y elegir el contenido que, además de informar, te empuja a actuar, frente al que te informa y te deja quieto.
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Para orientar el foco me ha servido el gran descubrimiento de esos meses: una capa que se sitúa por encima de los modelos mentales. Años atrás me obsesioné con los sesgos, las falacias, la teoría de juegos y los arquetipos, y de ahí salió mi curso Sesgados. El pensamiento sistémico, la resolución de problemas complejos y las herramientas de creatividad y planificación son el siguiente nivel: ayudan a decidir, en plena incertidumbre, qué pasos dar para ir de A a B con más probabilidades de éxito, y sirven para invertir, decidir y diseñar tu vida.
Tres ideas más para sostener el sistema. Guardar partida: ir escalando la montaña con puntos seguros, que dan tranquilidad y permiten arriesgar más. Recompensas variables alineadas: los videojuegos nos enganchan con cofres y premios inesperados, y podemos usarlo a nuestro favor, siempre que la recompensa empuje en la dirección del progreso. Comprarme el micrófono de 500 euros con el que grabo me hace feliz y, a la vez, mejora mis episodios y mis clases; tres días de juerga, no. Y no despreciar el dinero: compra tiempo, el tuyo y el de otros, libertad, seguridad, control y el estilo de vida que quieres, y amplifica tu propósito, aunque ese propósito sea vivir tranquilo. Lo resumo con una frase que le oí a Pedro Vivar: si no te sacrificas por tus sueños, tus sueños serán tu sacrificio.
Y unos trucos: aprende lo que la mayoría no está aprendiendo ahora, exponte a información y tecnologías incómodas, ve acostumbrándote poco a poco a la incertidumbre y haz algo por tu cuenta, aunque sea un pequeño proyecto propio.
3. La ley de la inmersión: rodéate de lo que quieres conseguir
Es extremadamente sencillo y su impacto es enorme: si te sumerges en contenido relacionado con lo que quieres hacer, aumentan mucho tus probabilidades de hacerlo. Si te da pereza ir al gimnasio, mira vídeos de entrenamiento de fuerza o de calistenia y verás cómo acabas entrenando. A mí me ha pasado viendo una contrarreloj del Tour: al rato me apetecía coger la bici. Con los programas de cocina, igual. Y hay libros que te arrastran a actuar, como Nunca te pares, las memorias de Phil Knight, el fundador de Nike.
Detrás hay varias piezas. El modelaje de la programación neurolingüística: hacer propias las creencias, estrategias y conductas de quien ya tiene la habilidad que buscas. El contagio emocional, que la psicología ha documentado bien: tendemos a imitar y sincronizar las emociones de quienes nos rodean, y una emoción intensa se propaga. Somos más espejos que paredes. Lo he comprobado en el podcast: cuando grabo con mucha energía, el episodio llega a más gente y genera más comentarios. Y lo que llamo realidad dominante: en un grupo, la forma de ver el mundo que se impone es la que más se contagia. Si tu energía es lo bastante fuerte, puedes ser tú quien marque el tono de tu entorno.
Su hermana mayor es la inmersión cultural: vivir en una tribu alineada con tu propósito multiplica tus probabilidades, y un entorno desalineado tira en sentido contrario. No es una idea nueva. Napoleon Hill, en Piense y hágase rico, hablaba del principio de la mente maestra: dos o más personas que colaboran en armonía por un propósito definido suman una fuerza que ninguna tendría por separado. Y cuando sientes certeza y la transmites, tu entorno la hace suya.
Entre sentirte diferente y ser diferente solo hay una cosa: hacer.Fernando Alonso
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4. Agujetas emocionales: el síndrome del astronauta
Quien entrena fuerza sabe que el músculo se adapta a la carga: la incomodidad de hoy es la fortaleza de mañana. Con la musculatura emocional pasa algo parecido. Regalar tu tiempo, venderte barato o dejarte arrastrar por el FOMO es dejarse vencer por la gravedad, renunciar al esfuerzo que nos hace más fuertes. El esfuerzo es inevitable: si no eliges el de crecer, tarde o temprano llegará el de las consecuencias de no haberlo hecho. Quien alimenta la dependencia emocional, o entra en las relaciones pensando en lo que recibe y no en lo que aporta, acaba sufriendo algo peor: la debilidad.
Le oí a alguien la idea del síndrome del astronauta emocional. Los astronautas que pasan meses sin gravedad vuelven a la Tierra con la musculatura y los huesos debilitados. Cada vez que decides no incomodarte en ninguna situación, te pareces un poco más a ese astronauta que ha pasado años flotando. Hoy te ahorras el esfuerzo de empujar contra las resistencias; mañana te dolerá más. Se aplica incluso al amor: si no te cuesta hoy como el gimnasio, mañana te dolerá como una enfermedad.
5. Visita la casa de tus sueños
Me habéis preguntado muchas veces si es mejor comprar o alquilar. Alquilar te deja más ligero de activos y, en general, interfiere menos con el interés compuesto de tus inversiones; por otro lado, en aquel momento veía la oferta de compra más amplia y menos disputada que la de alquiler. Pero el hack es otro, y es muy concreto: encuentra físicamente la casa de tus sueños. Haz visitas, haz ofertas, sé preciso. Yo empecé a hacerlo esas semanas, con 39 años, y fue una revolución.
¿Por qué funciona? Porque te da un foco láser: ves exactamente qué necesitas, y quizá descubres que es menos de lo que creías y está más cerca. Es una aplicación de dos herramientas del problem solving estratégico de Giorgio Nardone: imaginar el escenario más allá del problema, tu vida una vez resuelto, y la técnica del escalador, que planifica desde la cima hacia atrás, paso a paso, para ver qué te acerca y qué te aleja del objetivo. De paso, aprendes a negociar, a hacer ofertas y haces contactos. La casa es un ejemplo; sirve para cualquier meta. Solo un aviso: que el foco no se convierta en ansiedad.
La tormenta de arena
Cierro el episodio leyendo un pasaje de Kafka en la orilla, de Haruki Murakami. El destino, dice, se parece a una tormenta de arena que cambia de dirección cada vez que tú lo haces, porque la tormenta no viene de fuera: está dentro de ti. No queda más remedio que entrar en ella, protegerse y atravesarla paso a paso. Y cuando pase, ni siquiera sabrás cómo la cruzaste, pero sí una cosa: quien sale de la tormenta no es la misma persona que entró. Ese es el sentido de este episodio.
Flujo de energía: equilibrio, pero alto. Sistema: disciplina para los hábitos, estrategia para el rumbo y recompensas que empujen en la misma dirección. Inmersión: rodéate de lo que quieres conseguir. Agujetas emocionales: elige el esfuerzo que te fortalece. La casa de tus sueños: concreta el objetivo hasta poder visitarlo.
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