Viajar como forma de vida, con sus luces y sus sombras
«Tu carácter viaja contigo vayas donde vayas.» Vagabonding: la vida nómada digital, con Alberto Álvarez.
Alberto Álvarez, The Macro Wizard, pasa ocho o nueve meses al año viajando. Cuánto cuesta de verdad, cómo se financia, la soledad que nadie enseña en Instagram, cómo mantener una pareja a distancia, sus trucos para volar barato con puntos y alianzas, cómo viajar con una mochila de 20 litros, por qué dejó Apple poco a poco y cómo crear una tribu allá donde vayas.
¿Por qué nos vamos? Para poder volver. Para ver el lugar del que venimos con ojos nuevos y colores nuevos. Volver al punto de partida no es lo mismo que no haber partido nunca.Terry Pratchett
Lo grabamos en abril de 2020, en pleno confinamiento. Alberto acababa de volver a España: estaba en Japón, bajó a Tailandia para pasar allí la pandemia con un amigo y, cuando el país empezó a endurecer los visados, tuvo que decidir de un día para otro. Ya había pasado por el podcast; esta vez quise centrarme en Vagabonding, el libro de Rolf Potts que propone el viaje largo no como una vía de escape, sino como un proyecto de vida.
PdC Emprendimiento
Mi formación para construir un negocio digital con el tablero completo a la vista: captación, oferta, ascensión y ventas por correo. Lo que permite, como a Alberto, trabajar desde cualquier sitio.
Conocer PdC Emprendimiento Pregúntame por WhatsAppQuién se sienta a la mesa
Divulgador y viajero
Alberto Álvarez
The Macro Wizard. Adelgazó más de sesenta kilos y convirtió esa experiencia en su proyecto de nutrición, entrenamiento y aprendizaje, con libros, blog y redes. Se fue al extranjero con 16 años, vivió en Irlanda, Londres y Ámsterdam, trabajó en Apple y desde hace años viaja buena parte del año.
Anfitrión
Fernando Alonso
Píldoras del Conocimiento. Ingeniero en inteligencia artificial, doctor en robótica, profesor universitario e investigador en robótica social.
Píldoras del Conocimiento · Episodio 52Página 1 de 5
Primera parte · El estilo de vida
Ni nómada digital ni nada: un culo inquieto
A Alberto no le gusta la etiqueta de nómada digital. Cree que una de las mayores virtudes de una persona es poder cambiar de opinión, y las etiquetas, al atarse a la identidad, lo dificultan. Se define como un culo inquieto que pregunta el porqué de todo: por qué trabajar de nueve a cinco y no de tres a siete, por qué siempre la misma ruta al supermercado. Hacia 2010 y 2011, cuando esto no estaba tan extendido, leer a Rolf Potts y a Tim Ferriss y ver que había gente que viajaba por el mundo sin dejar de trabajar, y parecía feliz, le encendió un fuego. Lleva así desde 2015 aproximadamente, y pasa en España tres o cuatro meses al año.
Su forma de viajar es espontánea. Tiene amigos repartidos por medio mundo, y eso marca buena parte de su calendario; el resto lo decide lo que le pica: ve un documental sobre el cráter del meteorito de Yucatán y sus cenotes, y quiere bucear allí. Y aclara la primera creencia equivocada: no tiene mucho dinero ni un avión privado. Lo que tiene es flexibilidad de tiempo y de organización: puede pausar, acelerar o delegar tareas y seguir trabajando desde el portátil. Y recuerda algo que vale para cualquier decisión: cuando dices sí a una experiencia, dices no a todas las demás.
La cara que no sale en Instagram
Le pregunté por el lado oscuro. El primero, la soledad, un yunque que aún no ha conseguido quitarse de encima, y por el que no descarta volver algún día a trabajar en equipo. El confinamiento lo hacía aún más evidente: hablar por audio no es lo mismo que mirarse a los ojos. El segundo, enamorarse de la idea del vagabonding y estrellarse con la realidad: te vas un mes a Bali convencido de que vas a vivir la vida, sin pareja ni compromisos, y acabas solo en una cafetería, aburrido, trabajando sin parar y sin atreverte a hablar con nadie. Tu carácter y tu persona viajan contigo vayas donde vayas. Si viajas para huir de quien eres, no es la solución.
Píldoras del Conocimiento · Episodio 52Página 2 de 5
Cuánto cuesta y cómo se financia
Hace falta mucho menos dinero del que se cree. Imaginamos el viaje perpetuo como nuestras dos semanas de vacaciones en temporada alta, con todo incluido. Pero quien vive viajando hace en otro sitio lo mismo que haría en casa. Alberto viaja muy despacio y, al llegar, lo primero no es hacer turismo, sino buscar sus anclas: un alojamiento parecido al suyo, un gimnasio cerca, un buen café y buena conexión. En esa cafetería suele encontrar a tres o cuatro personas como él con las que formar una pequeña tribu, sin comprometerse demasiado; como dice el zorro de El principito, sin dejarse domesticar del todo.
El otro secreto es una mochila económica pequeña: no tiene coche, ni hipoteca, ni siquiera una casa alquilada a su nombre; la tiene su pareja, y él contribuye los meses que está. Con fechas flexibles, calcula que este estilo de vida es sostenible con unos 1.500 o 2.000 euros al mes por persona, idealmente en ingresos semipasivos. Su estrategia: crear de forma activa muchas cosas para que una pequeña parte se convierta en semipasiva, como un libro en Amazon, que se encarga de posicionarlo y enviarlo.
Pero insiste en que lo pasivo puro no existe: todo exige mantenimiento. Y financia su vida haciendo lo que le hace brillar: escribir, crear contenido y responder a todo el que puede, con una parte gratuita y otra de pago. Lo ve como un intercambio de valor que muchas veces no le vuelve en dinero, sino en libros recomendados, invitaciones y nuevos puntos de vista.
Pareja y amigos a distancia
Con su pareja, Marina, lleva siete años. A los veinte, ante un conflicto, lo habría dejado; con treinta y pocos, para, reflexiona sobre por qué dijo lo que dijo y lo hablan con calma. Ella entiende que cuando se va un mes no huye de ella, sino que se expande, y que se expanden los dos. Lo llaman conversaciones incómodas: si un tema sigue saliendo, es que sigue en su cabeza, y hay que volver a él hasta resolverlo. Le recomendé Conversaciones cruciales. Con los amigos, reconoce que nunca ha tenido lazos muy fijos: se fue con 16 años al extranjero y ha ido saltando de país en país.
Si viajas para huir de quien eres, no es la mejor solución.Alberto Álvarez
Segunda parte · Los trucos
Volar barato: fechas, búsquedas y puntos
Primer consejo: fechas lo más flexibles posible. Si trabajas por cuenta ajena, quizá basta con negociar vacaciones fuera de verano. Alberto intentó en 2016, con La semana laboral de 4 horas en la cabeza, trabajar en remoto desde Ámsterdam: se hizo a propósito más productivo fuera de la oficina para que su jefe viera las métricas. Las vio, pero desde Estados Unidos llegó un no. La pandemia, creía, podía cambiar eso. Yo añadí que el teletrabajo contamina menos y ahorra costes a la empresa.
Segundo: un buen agregador. Alberto usa Google Flights, que busca en todos a la vez, y le saca partido con una búsqueda avanzada: en lugar de Madrid a Tokio en una fecha, pones varios aeropuertos de salida, Madrid, Barcelona, Valencia o Bilbao; varios de llegada, como los dos de Tokio y los de Osaka; y un rango de fechas. Es como programar «si no es esto, enséñame lo otro». Así puede salir un Valencia-Ámsterdam-Osaka de ida y vuelta por 280 euros. Las VPN para cambiar de país, en cambio, apenas le compensan ya.
Tercero: una estrategia de fidelidad. Hay tres grandes alianzas de aerolíneas: Oneworld, SkyTeam y Star Alliance. Elige una cuenta de puntos en cada una, él tiene British Airways, KLM y Singapore Airlines, y acumula siempre en ella, también con tarjetas de puntos como American Express. Es como una cuenta que genera interés compuesto: acabas con acceso a salas VIP volando en turista y, con suerte, con un vuelo en business pagado con puntos. Su sueño era la Qsuite de Qatar Airways, que nunca pagaría con dinero: miles de euros por unas horas en el aire no le compensan. Para el dinero: Stripe para cobrar, una tarjeta de prepago para países poco fiables y una cuenta principal sin comisiones en cajeros de todo el mundo. Para invertir, un gestor automatizado de fondos indexados.
Píldoras del Conocimiento · Episodio 52Página 3 de 5
Una mochila de 20 litros y armarios por el mundo
Si viaja acompañado, le gusta organizarlo todo. Si va solo, no investiga nada: llega, busca sus anclas y pasa dos o tres días yendo de casa al gimnasio y del gimnasio al café, para ir ampliando poco a poco su radio. Aprendió por las malas: al principio quería verlo todo deprisa y acababa quemado y con ansiedad. Acumulaba medallas en lugar de disfrutar. Hasta abandonó el objetivo de visitar todos los países del mundo: no irá a ninguno solo por el sello en el pasaporte.
Viaja solo con equipaje de mano: una mochila de unos 20 o 30 litros, con hueco para el portátil, dos pantalones, dos camisetas, cuatro mudas, unas zapatillas y otras minimalistas de dedos para entrenar, cables, cargadores, adaptadores, un disco duro y auriculares con cancelación activa de sonido. Lo demás lo compra en destino y lo regala, o lo deja guardado en los sitios a los que vuelve a menudo, como Toronto, Tokio, Florencia o Nueva York, en casas de amigos u hoteles. Su objetivo: llegar al control de pasaportes de Tokio con las manos en los bolsillos. Comparte su equipo en su web.
Salir del camino de siempre, poco a poco
No fue un salto al vacío. Cuando dejó Apple, pidió incluso un préstamo que no necesitaba, solo para tener una pista de despegue más larga; luego lo fue devolviendo tranquilamente. Fue muy progresivo, pero emocionalmente duro: pasar de nueve a seis en la oficina pensando en escribir, en tomar un café con alguien o en mandarle un correo a Tim Ferriss le estaba comiendo por dentro, así que trabajaba en lo suyo de seis de la tarde a dos de la madrugada. Y reconoce que hasta que no dejó el trabajo, no se volcó de verdad. No todo el mundo tiene que hacerlo: muchos deberían emprender hacia dentro, ser tan buenos que no puedan ignorarlos, como en el libro de Cal Newport.
¿Para siempre? A medio plazo quiere crear una plataforma con un equipo de personas a las que les apasione el acompañamiento uno a uno, mientras él se centra en lo que le gusta: cómo hablarle a la gente, cómo provocar cambios duraderos. Porque la felicidad es compartida: en un resort idílico de Tailandia en plena cuarentena se dio cuenta de que, solo, no lo habría disfrutado nada.
Cómo crear una tribu
Su consejo: haz cosas que te encanten y que te hagan brillar los ojos, y la gente se dará cuenta. En una cafetería de Bali, encogido y triste, nadie te mirará; en Tel Aviv, concentrado y emocionado con lo que hacía, se le acercaba gente a preguntar. Él pensaba ir a jugar al baloncesto cada sábado, estuviera donde estuviera: llevaba veinte años sin jugar y le encantaba. A mí me pasaba igual con el fútbol: los momentos más felices de los últimos meses habían sido echando partidos. Y los dos coincidimos: mejor eso que un evento de networking, donde cada uno enseña la versión que cree que los demás quieren ver. En una cancha te resbalas, te caes y eres tú; quien se acerque, se acercará por eso.
Píldoras del Conocimiento · Episodio 52Página 4 de 5
Tercera parte · Lo personal
Lo que le quita el sueño
Dos cosas le obsesionan. La primera, generar tanto valor que su capacidad de impacto sea enorme, no por el dinero, sino por lo que permitiría: sueña con un peso muerto simultáneo en plazas de todo el mundo cuyos kilos se donen en comida. Y se pregunta si sus finanzas reflejan el esfuerzo que pone. La segunda, la muerte: unos días le enciende para hacer cosas; otros le hunde, y ahí aparecen las conversaciones profundas con los amigos. Lo que más valora en una persona: la visión a largo plazo, hacerle la compra al vecino de ochenta años porque es lo que hay que hacer; la perseverancia; y servir a los demás. Yo le definí con tres palabras: actitud, gratitud y servicio.
Su peor momento: quedarse dos días en la calle en Londres, con 18 o 19 años, por no saber gestionar sus relaciones, sus expectativas y su dinero. El mejor, dos escenas de Japón. En el cruce de Shibuya, uno de los más concurridos del mundo, un anciano se cayó y todo se detuvo, con el semáforo en verde, hasta que le ayudaron a cruzar; luego se giraron a dar las gracias a todos. Y en Koyasan, el monte sagrado del budismo japonés, conoció a un hombre de más de cien años que llevaba casi toda su vida vendiendo huevos cocidos en aguas termales en la misma esquina. Ese era su propósito. Cuando te vendas la idea de que no eres suficiente, bájalo a un huevo cocido. Yo lo comparé con el farolero de El principito.
La semana laboral de 4 horas, de Tim Ferriss, su punto de inflexión: imaginar tu vida ideal y hacer ingeniería inversa. The $100 Startup, de Chris Guillebeau, veinte historias de negocios empezados con muy poco. Anything You Want, de Derek Sivers, que vendió su empresa y destinó lo obtenido a la educación musical. Sum, del neurocientífico David Eagleman, cuarenta cuentos sobre lo que podría haber después de la muerte. Y El obstáculo es el camino, de Ryan Holiday.
¿Qué le falta a Occidente? Viendo cómo en Ruanda una jornada productiva puede ser subir una colina con tu hijo a por una garrafa de agua, Alberto cree que damos muchas cosas por hechas y nos falta gratitud. En Japón, sin idealizarlo, la gratitud es un pilar de la convivencia. Y al final me devolvió la pregunta: ¿qué problema intentaba resolver yo? Que hacía dos años me di cuenta de que, tras carrera, máster y doctorado, no sabía nada. Desde entonces busco más perspectiva: dejé la televisión y las noticias, sigo una quincena de podcasts, cuido mucho lo que entra en mi cabeza y quién forma mi círculo íntimo, intentando no caer en elegir solo lo que confirma lo que ya pienso.
Nacidos para Aprender
Viajar, como aprender, es ver lo de siempre con ojos nuevos. Mi libro, gratis.
Conseguir el libroDirectorio
InvitadoAlberto Álvarez: The Macro Wizard
InvitadoSu equipo de viaje
LibroVagabonding, de Rolf Potts
GuionGuion completo del episodio
Episodio49. Reinterpretando la semana laboral de 4 horas
Episodio86. Un paseo por el Lejano Este con Adrián Díaz
Episodio21. Múltiples formas de ingresos pasivos
ArtículoEl emprendedor estoico
ArtículoCómo mejorar la claridad mental cada día
FormaciónPdC Emprendimiento
Libro gratuitoNacidos para Aprender
Píldoras del Conocimiento · Episodio 52Página 5 de 5
El emprendedor estoico