El arte de dar y recibir: los que toman, los que igualan y los que dan, según Adam Grant, y por qué el que da con inteligencia llega más lejos
Los generosos están a la vez abajo y arriba del todo. La diferencia está en cómo dan.
Abraham Jiménez y yo repasamos la clasificación de Adam Grant en Dar y recibir: los takers, que buscan su beneficio; los matchers, que juegan a la igualdad; y los givers, que dan sin esperar nada. Cómo reconocer a cada uno, por qué el mismo perfil puede acabar arriba o abajo, el ejemplo de la mascarilla de oxígeno, qué dicen los juegos del ultimátum y del dictador, y cómo transitar hacia una generosidad inteligente.
Diciembre de 2018. Yo acababa de terminar el libro de Richard Thaler, premio Nobel de Economía en 2017, Todo lo que he aprendido con la psicología económica, que es casi una biografía de cómo nació la economía conductual junto a Daniel Kahneman, y El cerebro del inversor, de dos autores españoles, con curiosidades como los estudios que relacionan las fases lunares o las tormentas solares con la bolsa. Empezaba El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, que sobrevivió casi tres años en campos de concentración y luego fue un profesor muy influyente, y El gen egoísta, de Richard Dawkins. Abraham preparaba la nueva web del pódcast. Y hablamos de algo que nos toca a todos: cómo damos y cómo recibimos.
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Copresentador
Abraham Jiménez
Copresentó Píldoras del Conocimiento en sus primeros episodios. En 2018 preparaba la web del pódcast como punto de partida para quien quiere dar un cambio a su vida.
Anfitrión
Fernando Alonso
Píldoras del Conocimiento. Ingeniero en inteligencia artificial, doctor en robótica, profesor universitario e investigador en robótica social. Cree que la buena combinación es ser muy curioso y muy efectivo.
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Tres formas de relacionarnos
Hay muchas clasificaciones de la personalidad, como el eneagrama, pero la de Adam Grant en Dar y recibir (Give and Take) es sencilla y muy potente. Según su investigación, tendemos a uno de tres estilos, aunque en momentos concretos pasemos por los otros: los que buscan su beneficio, los que buscan el de los demás y los que buscan el equilibrio entre dar y recibir. Seguro que al escucharlos te reconoces en alguno.
Los takers: los que toman
Los takers buscan su propio beneficio, sea dinero, fama, estatus o ego. Suelen generar problemas a largo plazo, con amigos y compañeros, porque buscan atribuirse méritos y visibilidad, no hacen nada gratis y, una pista clave para reconocerlos, son celosos de su trabajo y no comparten nada. Se apuntan los primeros a lo importante y dejan el trabajo duro a otros, pero cuando llega el premio del grupo están en primera fila. Yo lo resumiría en una palabra: desconfianza.
La gente recela de ellos, porque no sabe por dónde le saldrán; y ellos viven con el temor de quedarse sin su ventaja o sin la oportunidad de aprovecharse. Suelen ser algo narcisistas, con un ego frágil e inflado, y creen que para que uno gane otro tiene que salir mal parado. Según Grant, son en torno al 19 % de la población. Lo curioso: si preguntamos, casi nadie se considera taker, y lo peor no es serlo, sino no darse cuenta.
Lo veo en la inversión con Microsoft. En la época de Steve Ballmer era una empresa muy celosa de compartir, que cobraba por sus patentes cuando el software libre ya se imponía, y no le iba bien. Con Satya Nadella cambió la filosofía: abrió buena parte de sus patentes al ecosistema de Linux y compró GitHub, el gran repositorio de código abierto, sin cerrarlo. Con esa política de ganar todos, le ha ido muchísimo mejor.
Los matchers: los que igualan
Los matchers juegan al juego de la igualdad: si dan, esperan recibir algo, aunque sea una aprobación; y si les hacen un favor, no se quedan tranquilos hasta devolverlo. Les mueve la reciprocidad. Son la mayoría, en torno al 56 %. Yo los veo como la policía: si ven a un taker aprovecharse de alguien generoso, se enfadan y se le enfrentan. Su punto débil: a veces no comparten si no saben que van a recibir algo a cambio, y se quedan sin las opiniones de los demás que les harían mejorar y ser más creativos. Es como en informática: si compartes tu código, aumentan las probabilidades de que alguien lo mejore y te lo devuelva mejorado.
Hay experimentos que sugieren que no somos tan egoístas como dice la teoría. En el juego del ultimátum, uno reparte un dinero y el otro puede aceptar o rechazar el reparto; muchas personas ofrecen cerca de la mitad. En el juego del dictador, el segundo no puede rechazar nada, y aun así muchos repartidores ceden en torno a un 20 o un 30 %. Tenemos un componente altruista de serie.
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Los givers: los que dan
Los givers dan sin esperar nada a cambio, y no solo eso: disfrutan ayudando. Se meten en problemas para resolver los de los demás, se quejan poco y se sienten realizados. Son en torno al 25 %. Y aquí llega lo más llamativo de la investigación de Grant: los givers ocupan a la vez los puestos más bajos y los más altos en muchos indicadores de éxito. Abraham lo explicó con un ingeniero que ayuda tanto a sus compañeros que se queda sin tiempo ni energía para terminar lo suyo, y acaba el último. A corto plazo puede parecer que salen mal parados en el reparto; a largo, un tipo de giver llega más lejos que nadie.
Dar con inteligencia: la mascarilla de oxígeno
Hay dos tipos de givers. El que ayuda a cualquiera, en cualquier momento y en cualquier cosa, sin criterio, y acaba agotado. Y el giver inteligente, que se centra en aquello en lo que es realmente bueno. Abraham lo resume: si eres muy bueno en informática y te piden cambiar un grifo, mejor ayudar donde aportas valor de verdad, porque ahí puedes cambiarle la vida a alguien. Mi ejemplo es el de la mascarilla de oxígeno en un avión: el que da sin criterio le pasa la suya a uno, luego a otro, y al tercero ya no puede ayudar porque se ha quedado sin aire; el inteligente respira, ayuda a uno, respira, ayuda a otro, y así puede ayudar a muchos más. Ayuda en el mejor momento, en el mejor sitio y a la persona más adecuada.
Ese giver inteligente maximiza su impacto, y la gente le apoya, le recomienda y le percibe como alguien justo y especialista en lo suyo. Es el perfil con más probabilidades de llegar al éxito, entendido no solo como dinero; y al tener más medios, puede ayudar a más personas. ¿Hasta dónde dar? Hasta que dar empieza a perjudicarte, porque entonces dejarás de poder ayudar con la misma eficacia. Abraham contó que alguna vez tuvo que cortar su ayuda a alguien que no la agradecía ni la usaba bien. Y dejarse ayudar también está bien: si nadie se dejara ayudar, no podría haber givers.
El generoso inteligente ayuda en el mejor momento, en el mejor sitio y a la persona más adecuada.Fernando Alonso
¿De quién conviene rodearse?
Le pregunté a Abraham si un giver debería rodearse solo de givers. Suena maravilloso, pero conviene tener cerca algún matcher: como los generosos suelen evitar las confrontaciones, los takers se aprovechan de ellos, y el matcher es quien te avisa de que alguien te está chupando la energía. A Abraham, además, le parecía que alguien exigente cerca también te obliga a mejorar. A escala de grupo, una tribu de givers y matchers, que buscan el beneficio común, tiene más probabilidades de prosperar que una dominada por takers, donde no hay cooperación.
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¿Se puede cambiar? Cinco minutos al día
En este pódcast defendemos la mentalidad de crecimiento: no vale con decir «yo soy así». Si te reconoces como taker, puedes transitar poco a poco, con metas pequeñas. La propuesta de Abraham: ayudar cada día a una persona durante cinco minutos, en aquello en lo que eres bueno de verdad; no comprarle el pan, sino, por ejemplo, si sabes gestionar muy bien el dinero de tu casa, ayudar a alguien que quiere mejorar el suyo. Esas pequeñas píldoras pueden cambiarle la vida a otra persona, y en una semana notarás lo bien que te sientes.
Dejamos una pregunta abierta, a raíz de una charla con un amigo que ha viajado por más de cincuenta países: le llamaba la atención que en muchos lugares pobres la gente comparte lo poco que tiene, mientras en los ricos somos muy celosos de lo nuestro. Los estudios sobre felicidad no son concluyentes, y en general los países ricos declaran más satisfacción con la vida, pero la pregunta merece estar en la mesa: ¿puede que guardarnos tanto nos esté haciendo menos felices?
Al final, los generosos de verdad se reconocen por su reputación: son sinceros, lideran con el ejemplo y contagian ese estilo a quienes los rodean. Si incorporas este modelo a tu mapa mental, cambia tu forma de ver el mundo y te vuelve más generoso. La pregunta para cada día: ¿cómo puedo hacer que quien pase un rato conmigo se vaya sintiéndose mejor? Y como decimos siempre, es imposible arrepentirse cuando has dado lo mejor de ti.
Identifica tu estilo sin engañarte. Comparte tus ideas: otros las mejorarán. Especialízate y ayuda donde de verdad aportas valor. Ponte primero tu mascarilla. Para cuando ayudar empiece a perjudicarte. Ten cerca a alguien que te avise de quién se aprovecha. Y ayuda cinco minutos al día a alguien en lo que mejor sabes hacer.
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