Distorsiones cognitivas e inversión: economía conductual, sesgos, anclaje, priming y cómo protegerse con un proceso, con Ignacio Moncada
El peor enemigo del inversor suele ser él mismo.
Cerramos 2018 con Ignacio Moncada, ingeniero, economista y analista de inversiones en infraestructuras. Hablamos de por qué estudiar economía ayuda menos de lo que parece, del homo economicus frente a cómo decidimos de verdad, de la aversión a los reveses, el anclaje y el priming, del efecto lollapalooza de Munger, de por qué la psicología pesa tanto como la valoración y del mejor antídoto: un proceso de decisión que se respete.
Diciembre de 2018, último episodio del año. Empezamos el pódcast para pasarlo bien e intentar aportar valor, y en pocos meses llevábamos más de 21.000 escuchas en iVoox y unos 2.000 suscriptores entre todas las plataformas. Leímos algunos comentarios que nos llenaron, y uno nos pedía recomendaciones de pódcast. Los míos de entonces: Entiende tu Mente, Buscadores de Sentido, Iceberg de Valor, Value Investing FM, Principio de Incertidumbre, Una Vida a tu Medida, The Tony Robbins Podcast, The Tim Ferriss Show, Radio Fitness Revolucionario, Invest Like the Best, El Arte de Presentar, Pensamiento Positivo, Radio Value School, Emprende Aprendiendo y The Success Academy, de Víctor Martín. Abraham coincidía en varios: los descubrió ese mismo año y le encanta elegir qué escuchar mientras hace otras cosas.
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Invitado · Analista financiero y economía conductual
Ignacio Moncada
Ingeniero industrial por ICAI (Universidad Pontificia Comillas) y economista. Trabajó cinco años y medio en banca de inversión en Estados Unidos y en 2018 analizaba inversiones en infraestructuras desde Madrid, en países como Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Colombia, Perú o Brasil. Colabora con el Instituto Juan de Mariana, donde ese septiembre dio una charla de economía conductual aplicada a la inversión.
Copresentador
Abraham Jiménez
Copresentó Píldoras del Conocimiento en sus primeros episodios. Aquí pregunta por el peso de la psicología al invertir y por la experiencia de Ignacio.
Anfitrión
Fernando Alonso
Píldoras del Conocimiento. Ingeniero en inteligencia artificial, doctor en robótica, profesor universitario e investigador en robótica social. Usa una lista de 73 sesgos cognitivos antes de tomar decisiones de inversión.
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¿Sirve estudiar economía para invertir?
Ignacio se interesó por la economía en sus primeros años de universidad, con la llegada de la crisis: leyó tanto que decidió estudiar la carrera, aunque fuera para ordenar sus lecturas, y empezó a escribir artículos. La inversión llegó después, con sus primeros ahorros y invirtiendo fatal: metiendo dinero porque alguien le decía que algo iba a subir, sin preguntar por qué. Prueba y error, mucho error y algún acierto por suerte, por los malos motivos. Como dice Nassim Taleb, cuando te juegas el pellejo acabas aprendiendo, y terminó siendo analista profesional.
¿Le sirve la carrera de Economía? Su respuesta honesta: quedaría muy bien decir que mucho, pero no tanto como parece. Lo útil es saber de muchos temas e interconectarlos, y la psicología es tan importante o más que la economía para invertir. Mucha gente cree que predecir el ciclo económico ayuda; algo de idea puedes tener, pero te equivocas igual que los demás.
Del homo economicus a cómo decidimos de verdad
Durante mucho tiempo, la economía formalizó la toma de decisiones con hipótesis simplificadas: personas con información perfecta, siempre coherentes, que optimizan su utilidad. El homo economicus, un agente racional como Spock. La economía conductual, de la mano de psicólogos como Daniel Kahneman y Amos Tversky, y de Richard Thaler, se dedicó a estudiar cómo decidimos realmente, con experimentos con grandes grupos. Conclusión: no tenemos información perfecta ni optimizamos nada; tomamos atajos porque no hay tiempo y las preguntas son difíciles, y esos atajos nos llevan a sesgos: errores sistemáticos, no aleatorios.
La diferencia importa. Cuando el estadístico Francis Galton pidió a los asistentes a una feria que estimaran el peso de un buey, la media de sus apuestas acertó casi de lleno: los errores aleatorios se compensan. Un sesgo, en cambio, empuja a todos en la misma dirección. El famoso problema del bate y la pelota, que popularizó Kahneman: juntos cuestan 1,10 euros y el bate cuesta un euro más que la pelota; ¿cuánto cuesta la pelota? Hasta estudiantes de élite responden 10 céntimos, y son 5. Yo había leído que, si la pregunta estaba escrita con una letra difícil de leer, la gente acertaba más, porque tenía que activar su sistema lento y deliberativo (aunque réplicas posteriores no lo confirmaron del todo); Ignacio recordó algo parecido con quienes leen en un idioma que no es el suyo.
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La aversión a los reveses
Benjamin Graham decía que el principal problema del inversor, e incluso su peor enemigo, probablemente sea él mismo. Ignacio está de acuerdo, pero rompe una lanza a su favor: la tarea es compleja y no estamos adaptados evolutivamente a ella, así que es normal que las emociones nos jueguen malas pasadas. Abraham lo resume: no es lo mismo ir un 20 % arriba que ir un 50 % abajo, por clara que tengas tu estrategia.
Ahí aparece la aversión a los reveses, lo que Kahneman llamó loss aversion: damos muchísimo más peso a lo que nos va mal que a lo que nos va bien. En los experimentos de Kahneman, para aceptar una apuesta a cara o cruz en la que puedes dejarte una cantidad, la gente suele pedir ganar en torno al doble, aunque con cualquier cantidad algo mayor la esperanza matemática ya sería positiva.
Ignacio lo ve como un lastre evolutivo: nuestros antepasados no se jugaban apuestas de cien contra cincuenta, sino la vida. Si en la sabana algo se movía, mejor salir corriendo aunque fuera solo el viento: equivocarse con un falso positivo era una estrategia ganadora. Yo añado que anteayer no teníamos neveras ni instrumentos para ahorrar o invertir: nuestro cerebro no está preparado para esto, y por eso somos tan buenos reconociendo caras en milisegundos y tan torpes con las probabilidades.
¿Cuánto pesa la psicología al invertir?
Abraham le pidió un porcentaje. Ignacio confiesa que su respuesta ha cambiado: al principio crees que invertir consiste en hacer una valoración técnicamente correcta, y cada vez piensa más que la parte psicológica debería pesar más que los métodos de valoración, porque es la que te hace salirte del plan. «A lo mejor acabo renunciando a todo tipo de números», bromea. Yo lo veo así: cuando valoramos por múltiplos, la parte fundamental es la más cuantificable, pero el múltiplo es un cajón de sastre de psicología y expectativas, y es un factor multiplicativo: puedes equivocarte entre 2 y 3 euros de beneficio por acción, pero el múltiplo puede ser 8, 10, 15 o 20. Francisco García Paramés, contaba Ignacio, a veces evita el problema poniendo un 15, el PER medio histórico del S&P 500, y no le da más vueltas.
Si leyendo todos estos temas te da un exceso de confianza o de optimismo, es que los estás leyendo mal.Ignacio Moncada
Charlie Munger hablaba del efecto lollapalooza: cuando varios sesgos actúan a la vez, su poder se multiplica. Confirmación, aversión a los reveses, statu quo, el sesgo de acción que nos lleva a decidir más de lo que deberíamos. Ignacio lo admite: lees sobre todo esto, cierras el libro y sigues decidiendo igual. Pero en la inversión, un ámbito más acotado que la vida diaria, sí es más fácil poner protecciones. Yo me hice, además de mi lista de comprobación de inversión, una lista de 73 sesgos cognitivos que reviso uno a uno: si detecto el de creerme mejor que la media, me digo que el resto de inversores piensa lo mismo, y quizá lo humilde es el índice mundial. Hasta Kahneman, cuando le preguntaron cómo corregir estos sesgos, reconoció que él mismo seguía cayendo en ellos.
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Anclas y priming: lo que nos influye sin saberlo
El efecto anclaje: cuando tenemos que estimar una cifra, partimos de un número, el ancla, y lo ajustamos, pero nos quedamos cortos. En el experimento clásico de Tversky y Kahneman, una ruleta trucada caía en 10 o en 65; después preguntaban qué porcentaje de países de la ONU eran africanos. Quienes habían visto el 65 estimaban de media un 45 %; quienes vieron el 10, un 25 %. Un número aleatorio sesgaba la estimación. En una negociación por una empresa, la cifra de la carta de oferta te ancla aunque debieras ceñirte a tu valoración. Lo que cabe hacer: identificar qué cifras te pueden estar anclando, para al menos reducir su efecto.
Luego está el priming, preparar el terreno: lo que haces justo antes influye en cómo decides. Yo había leído que, si antes de negociar alguien juega a algo que activa su parte racional, negocia más duro. Ignacio citó un experimento en el que quienes encontraban una moneda en la fotocopiadora decían luego estar más satisfechos con su vida: una tontería, pero en una entrevista de trabajo o una negociación puede cambiar el resultado. Y el famoso estudio en el que, tras un crucigrama con palabras de vejez, la gente caminaba más despacio, que roza el chiste y que, por cierto, no se ha podido replicar bien. Conviene leer estos experimentos con espíritu crítico.
El antídoto: un proceso de decisión que se respete
¿Un consejo práctico para el inversor de a pie? Para Ignacio, uno muy completo: tener un proceso objetivo y sistemático, y obligarte a cumplirlo, sin saltártelo por una corazonada. Dentro de él, mecanismos contra los sesgos: entender bien en qué inviertes, analizar los riesgos, ponerle número a los flujos de caja aunque sean muy inciertos y pensar en escenarios negativos. Que otra persona te critique, un abogado del diablo, porque para él el sesgo más dañino es el de confirmación: damos peso a lo que confirma nuestra idea y quitamos peso a lo que la contradice.
Y un diario de inversiones: anotar qué decides y por qué, para juzgar después no si salió bien o mal, sino si el proceso fue correcto; con buenos procesos acertarás más. El proceso tiene que estar vivo y corregirse con el tiempo, pero hay que respetarlo. Y es continuo: revisa periódicamente cada posición como si no fuera tuya, preguntándote si, a ese precio, deberías tenerla.
¿Y la inversión pasiva, que sigue reglas sin intervención humana? En teoría, bien diseñada, te aísla de muchos sesgos, aunque puede recoger los de quien programó las reglas o el efecto manada. Pero sigues decidiendo cuándo entras y cuándo sales. Ignacio recordó el fondo Magellan de Peter Lynch, de los mejores de Estados Unidos en los setenta y ochenta: se cuenta que el inversor medio del fondo obtuvo mucho menos de lo que rentó el fondo, porque entraba cuando estaba de moda y salía cuando caía, comprando arriba y vendiendo abajo. Lo mismo vale para un indexado. Si te obligaras a aportar cada mes y no tocarlo hasta la jubilación, tendrías una protección extra.
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Lo que Ignacio ha aprendido
Su gran lección: implantar estas enseñanzas con reglas que no pueda saltarse, en la inversión personal y en la profesional, e ir enriqueciendo ese conjunto de reglas y de modelos mentales interconectados, como diría Munger. ¿Y el riesgo de que tanto conocimiento genere exceso de confianza? Si lees de verdad sobre estos temas, acabas siendo más humilde: ves que todos decidimos de forma muy imperfecta y que no eres distinto a los demás. Leer sobre sesgos con sesgo de confirmación es una paradoja, pero pasa.
De su trabajo en infraestructuras, un sector con flujos de caja más predecibles y con fecha de fin, se queda con los modelos de descuento de flujos muy completos, con escenarios y sensibilidades. Sabes que los números no serán exactos, pero el ejercicio de construir el modelo te obliga a entender cómo funcionan el negocio y su valoración. El modelo no invierte por ti: es una calculadora. Le han marcado los libros y los vídeos de YouTube, conferencias y cursos desde casa; en lo intelectual, Juan Ramón Rallo, con quien empezó, y antes Jesús Huerta de Soto, Mises o Rothbard; y Francisco Capella, que le descubrió la economía conductual y la evolución biológica y cultural. ¿Qué es el éxito? Proponerte las metas adecuadas, sin atarte demasiado pronto, y poner los medios para alcanzarlas: puede ser dirigir una empresa del IBEX o ser aventurero en Australia.
Sus lecturas para seguir: Daniel Kahneman, Richard Thaler, Dan Ariely, muy entretenido, y, aplicados a la inversión, James Montier o Michael Mauboussin; además de clásicos como Peter Lynch o Benjamin Graham. Yo añadí En el cerebro del inversor, de autores españoles, que se lee en dos tardes.
Asume que eres tu peor enemigo. Distingue errores aleatorios de sesgos. Detecta qué cifras te están anclando. Ten un proceso escrito y no te lo saltes. Busca a alguien que critique tus ideas. Lleva un diario y juzga el proceso, no el resultado. Revisa cada posición como si no fuera tuya. Y decide cuándo entras y sales con reglas, no con emociones.
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