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NegociosEpisodio 138Leganés, Madrid

Píldoras del Conocimiento

Segunda visita de Luis Monge Malo: modelos de negocio, correo, velocidad de venta y un debate abierto sobre la IA

Debate

«Cuanto más cerca estés de la inteligencia artificial, menos cualificado es tu puesto.» Luis Monge Malo y yo, en desacuerdo.

Un episodio técnico, sin preguntas sobre la felicidad. Por qué Luis deja las redes tras año y medio de experimento, la jerarquía de los negocios (vender quién eres, lo que sabes o lo que haces), del correo semanal a uno o dos al día, por qué no negocia precios, sus correos que más vendieron, vender rápido frente a vender lento y nuestra discrepancia sobre la IA.

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Carátula del episodio 138, ¿La IA es de pobres?
Audiopodcast · Episodio 138 · 1 h 12 min Debate sobre IA y negocios con Luis Monge Malo
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Marzo de 2026. Luis repetía en el podcast y le prometí una conversación técnica de negocios: nada de qué es la felicidad o cuál es su pasión, que se lo preguntan en todas partes. Rodeados de libros que él se ha leído casi enteros, del ecosistema de ofertas de Alex Hormozi a los clásicos del copywriting, lo planteé como una consultoría para que quien escucha aprenda desde casa. Su primera advertencia, muy suya: está bien leer, pero hay que mover el culo. Y una segunda: no pretende motivar a nadie; desmotivar y meter caña, sí.

Formación · Inteligencia artificial

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Quién se sienta a la mesa

Luis Monge Malo

Ventas y email marketing

Luis Monge Malo

Vendedor, formador y conferenciante de ventas, fundador de Entradium. Escribe cada día, a veces dos veces, a su lista de correo, y es una de las voces más conocidas, y más discutidas, del marketing en España.

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Fernando Alonso

Anfitrión

Fernando Alonso

Píldoras del Conocimiento. Ingeniero en inteligencia artificial, profesor universitario e investigador en robótica social. Emprendedor en solitario apoyado en la IA.

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Las redes, un experimento terminado

Luis entró en redes cuando ya había saturado otros canales, y se lo contó a sus alumnos como un experimento de un año que acabó durando año y medio. Quería aprender a hablar ante la cámara, que no se parece a un podcast, a una charla ni a una formación, y entender la conversación mental del usuario. Sus conclusiones: tuvo experiencias nuevas, como esperaba, y muy poco dinero, como también esperaba. Su regla: la calidad del público crece con el esfuerzo que exige la plataforma; en X y TikTok es más baja, en Instagram algo mejor y en YouTube de formato largo, la mejor. LinkedIn le parece hoy una oficina de ficción, llena de historias que nunca ocurrieron para proyectar virtud moral, aunque reconoce que hay alumnos suyos que ganan dinero ahí. A partir de ahora publicará cuando le apetezca.

¿Con qué se queda? Con la presencialidad, una palanca que no falla: ante cien personas tienes su atención y aprendes de sus reacciones; Tony Robbins lleva más de cuarenta años con eventos en persona pudiendo vivir solo de internet. Con las entrevistas y apariciones. Con el correo, que además de vender capta, porque bien hecho se recomienda y crece como una bola de nieve. Y con experimentos: afiliación, publicidad, eventos, incluso un lanzamiento, aunque haya criticado los lanzamientos, porque seguro que se aprende.

Escuchar al mercado y actuar en cinco minutos

Su trayectoria de producto fue de peor a mejor: primero servicios personalizados, lo peor que se puede vender; después formaciones, al principio en papel, luego digitales; y por último membresías, primero una de precio alto y después otra más asequible para un mercado mayor. ¿Por qué? Porque llega un momento en que no creas los productos: los crea el mercado. Sus clientes pedían eventos y socializar; traducido, querían conversación y contacto directo. Un chaval que le grababa vídeos sugirió un grupo de Telegram y, antes de que llegara a su casa, Luis ya lo había creado y había enviado el correo: en 24 horas se apuntaron 3.500 personas. Entonces cerró la puerta y empezó a cobrar. Y otra lección de naming: su membresía se llama mentoría de ventas; se entiende sola.

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Luis insiste en algo que la gente lee como arrogancia y es lo contrario: no hace falta ser muy competente para destacar, porque la mayoría no se esfuerza ni en lo mínimo: cumplir la palabra, llegar puntual, informarse cinco minutos antes de opinar. Puso un ejemplo: tras una charla, una directiva le dijo que le había encantado y que se apuntaría a su lista cuando saliera de la rueda del hámster. ¿Por qué no en ese momento? Yo lo veo como un tema de velocidad y productividad. Y un consejo suyo para las relaciones que suscribo: aborda siempre a la gente con aprecio, céntrate en lo que te gusta de ella y, cuando se la presentes a alguien, deja que brille. Quien critica en los comentarios no se percibe como fuerte, sino como débil. Lo decía Dale Carnegie.

La jerarquía de los negocios

Le planteé un juego: si empezaras de cero en un país inventado, ¿cómo ordenarías los modelos de negocio? El mejor, aunque irreplicable, es explotar un talento, como un futbolista o una estrella del pop. Si no lo tienes, piensa al revés: el negocio perfecto solo factura; todo lo demás, empleados, naves, materia prima o conversaciones con clientes, sobra.

Su orden: vender quién eres, como Rafa Nadal cobrando por una foto con un reloj o los derechos de una canción navideña que facturan cada año; después, vender lo que sabes; y por último, vender lo que haces, mejor si es digital, de alto margen, de venta rápida y recurrente. Al principio no tendrás ninguna de esas características; las vas ganando al escuchar al mercado, y así se pasa de vender lo que haces a vender lo que sabes y, con años, a vender quién eres. Sabina lo dijo de sus libros: sabe que el público es prestado; y Bustamante gana más con su perfume que con la música.

No negociar es lo mejor que puedes hacer para tu negocio, para tu libertad y para tu alma.Luis Monge Malo

Le objeté la máxima de Hormozi: construye el negocio como si fueras a venderlo, es decir, sácate de la ecuación. Luis cree que es una frase repetida sin pensar: nadie es insustituible, pero todo negocio depende de quien lo dirige; dos notarías parecidas en la misma ciudad facturan distinto, y cuando murió Steve Jobs, retirado, las acciones de Apple bajaron. Por eso, al vender una empresa, siempre hay una cláusula para que el fundador se quede un tiempo. Lo que sí es mal negocio es el que se para si su dueño pilla la gripe.

Del correo semanal a uno o dos al día

Luis pasó de escribir sin periodicidad a uno semanal, de ahí a uno al día y, casi cada semana, algún día dos. No es una gran estrategia: cada vez tiene menos obligaciones y más ganas de contar cosas. De semanal a diario, las ventas se multiplican; con dos, no duplica, pero se nota el pico. Alguno se dará de baja, pero se gana más de lo que se pierde: igual que en redes siempre hay quien pide más vídeos, o en Netflix quien ve siete capítulos seguidos. Somos completistas, como quien empieza una colección. Eso sí, la cantidad necesita calidad: una serie mala con cien capítulos es cien veces peor.

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El debate: la IA, ¿palanca o trampa?

Aquí discrepamos abiertamente. Luis cree que la inteligencia artificial es magia negra en lo que hace bien: programar, traducir o diseñar, tareas que combinan un número acotado de elementos. Pero su tesis es otra: cuanto más cerca de la IA esté tu trabajo, menos cualificado es tu puesto y menos dinero ganarás. Si lo que haces lo hacen cada vez mejor las máquinas, por ahí no es: el camino es alejarse de lo automatizable hacia lo menos replicable, la estrategia, el concepto, el producto. Empezar poniendo ladrillos está bien; veinte años después hay que hacer los planos. ¿Para qué la usaría Bad Bunny? Para él, para nada; sus editores, sí. Y sobre escribir: le proponen entrenar una IA con sus correos para que escriba como él. «Pero si ya escribo como Monge Malo. Y además, como el de hoy».

Mi postura: para el emprendedor en solitario, sin empleados, es la mayor palanca de la historia. Programo, automatizo, gestiono campañas desde el móvil; con programación se puede hacer casi todo. Quien rechace la IA quedará tan atrás como quien quisiera emprender o invertir sin internet. Y uso la IA como el mayor gimnasio mental que ha existido, para pelotear ideas, no para que escriba por mí; si le pido un correo sin más, sale algo flojo y me vuelvo más torpe. Es una cuestión de agencia. En lo que coincidimos: nunca delegues la comprensión, como decía el diseñador Charles Eames. El valor de un correo no está en escribirlo, sino en tener el concepto.

Precio sin regateo y la atención

¿Qué pasa cuando un cliente regatea? Nada: ahí se acaba la conversación, y podemos seguir siendo amigos. Luis no negocia porque valora su tiempo; no gana dinero para someterse a otra esclavitud, y un cliente que regatea siempre se queda con la sensación de que podía apretar más. Si encuentra un sector donde todos negocian, entra y se lo come: le pasó con Entradium. Le planteé también que en sus correos tira mucho de la agresión, una de las cuatro formas clásicas de captar la atención junto a la anécdota, el ahorro y la afectividad. Él lo ve de otro modo: cuenta historias cada día, es más afectivo de lo que parece, y lo que unos leen como agresión él lo vive como franqueza; el ahorro lo deja para el último día de una campaña, cuando ya hay tensión de compra.

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Sus correos que más vendieron

El de «dame tu sucio dinero», todo el correo en esa línea, vendió cerca de 30.000 euros en un solo envío, y le han pasado días de 20.000 o 30.000 varias veces. Pero distingue correos que venden hoy y correos que siembran para dentro de unos días. El ejemplo: uno en el que decía que la vida no es una caja de bombones, sino una caja de caramelos de menta: vas sacando sin saber cuántos quedan hasta que un día suena vacía.

Un día aparcaste la bici y no volviste a usarla; un día cogiste a tu hijo en brazos por última vez y no lo sabías. No vendió mucho el primer día, pero muchísimo los siguientes. Le pedí un libro con sus cincuenta mejores correos; lo tiene en la recámara, con la base de datos hecha. Me recordó a las cartas que Gary Halbert escribió a su hijo desde la cárcel: textos que te hacen pensar que te tomarías una cerveza con su autor.

Vender rápido y vender con restricciones

Un juego de Edward de Bono: la creatividad nace de las restricciones. Le prohibí el correo, las redes, la marca personal y la IA. ¿Cómo vendería a consumidores? Tres formas, de menos a más preferida: en la calle, repartiendo folletos y parando a la gente; puerta a puerta, del primer piso al último; y por correo postal. Su abuelo, pluriempleado tras la guerra, fundía plomo para hacer soldaditos y los vendía por carta: un copy de los de antes.

Y su aprendizaje de los últimos años, que comparto: se puede vender muchísimo al momento; si proyectas autoridad, es más fácil ganar millones vendiendo rápido que lento. Que no te vendan algo que quieres comprar es una faena; hay mucha gente que va por la vida con la cartera abierta, sobre todo cuando le tocas su obsesión. Si tu proceso de venta es larguísimo y no consigues acortarlo, quizá no es lo bastante bueno. ¿Y pedir a la gente que comente una palabra para recibir un PDF? Funciona y se puede hacer bien, pero tiene un coste para la imagen de líder: pregúntate si eso es lo que haría alguien con autoridad.

La autocrítica, sin anestesia

Luis defiende que la forma de mejorar es ser tu crítico más duro: si en algo tuviste un 1 % de responsabilidad, cúlpate como si fuera todo tuyo, y céntrate en lo que depende de ti. No sabe si es lo mejor para la salud mental, aclara, pero sí para ser competente, ganar dinero y conquistar la libertad. Y cree que repetir a un colectivo que parte en desventaja puede acabar perjudicándole, como muestran los experimentos sobre la amenaza del estereotipo: basta recordar a alguien un estereotipo negativo antes de un examen para que rinda peor. Su consejo para cualquiera: menos excusas y más foco en lo que puedes cambiar.

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