¿Hacer un doctorado en España? Qué es, cómo se accede, por qué tantos abandonan, cuánto se gana y para quién es una inversión de futuro
Un doctorado no es para todo el mundo. Para quien sí lo es, puede ser el camino más rápido.
Abraham Jiménez me pregunta por mi experiencia: qué es un doctorado y cómo se entra, qué conviene valorar antes de elegir uno, por qué abandona tanta gente a mitad de camino, el coste de oportunidad y el coste hundido, cuánto se valora dentro y fuera de España, cuánto se gana mientras lo haces y qué preguntas hacerte antes de decidir.
2018. Cada año veo a alumnos con las mismas dudas que tuve yo al acabar la carrera: ¿máster, doctorado o directamente al mercado laboral? Hay poca información clara, así que Abraham decidió «exprimirme» con mi propia experiencia: estudié Ingeniería Informática, trabajé en una empresa de I+D, hice el máster de Robótica y el doctorado, que terminé en 2014, con estancias en Lisboa y en Inglaterra. Un aviso que repito al final: mi visión está sesgada, porque a mí me ha ido bien; conviene escuchar también a quien lo dejó a medias.
El Metajuego
Investigar es, sobre todo, aprender a resolver problemas que nadie ha resuelto. Mi formación para aprender a resolver problemas complejos: dinámica de sistemas, los metajuegos arquetípicos, los puntos de influencia y herramientas para decidir mejor.
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Copresentador
Abraham Jiménez
Copresentó Píldoras del Conocimiento en sus primeros episodios. Empezó a trabajar pronto por necesidades familiares y luego preparó oposiciones; echa de menos que alguien le hubiera orientado a tiempo.
Anfitrión
Fernando Alonso
Píldoras del Conocimiento. Ingeniero informático, doctor en robótica, profesor universitario e investigador en interacción humano-robot. Por su cuenta ha estudiado idiomas, guitarra, piano, inversión, nutrición y deporte.
Píldoras del Conocimiento · Episodio 7Página 1 de 3
Qué es un doctorado y cómo se accede
Tras la educación obligatoria, el bachillerato o la formación profesional y la carrera, el doctorado es el escalón más alto de la formación universitaria reglada; por encima solo queda el posdoctorado. Conforme subes en la pirámide, dejas la formación amplia para especializarte en nichos concretos, y el doctorado es una especialización enfocada a la investigación. Para entrar necesitas una carrera oficial terminada, normalmente relacionada (para uno de robótica y automática te pedirán Informática, Telecomunicaciones o Industriales), elegir el programa y el profesor que te dirigirá, matricularte, pagar las tasas y que te admitan según plazas y notas. Cada programa tiene sus requisitos, así que conviene mirarlos con calma.
Qué hace falta y cómo elegir
Todos los doctorados tienen un peso enorme de investigación: un trabajo de varios años, una memoria final y artículos en revistas de prestigio. Por eso no es para todo el mundo. Hacen falta curiosidad, muchas ganas de aprender, que te guste de verdad aquello a lo que vas a dedicar esos años, y mirar a largo plazo: la recompensa no llega pronto, sino años después. Para elegir, yo miraría dos cosas: que te apasione y que haya demanda futura de esos conocimientos, o que tú mismo puedas crearla. Cuando empecé me pregunté si la robótica tendría interés al terminar, y vi que la tendencia decía que sí: era una ola que surfear.
Por qué tantos lo dejan
Sorprende la cantidad de abandonos. En mi entorno en España, a ojo, una tercera parte no lo termina; en Estados Unidos se habla de que cerca de la mitad de los doctorandos lo dejan sin terminar. Las causas: que no era lo que esperaban; no sentirse a gusto con el proyecto, la línea de investigación o el grupo; no lograr avances; y, sobre todo, la presión económica y social. Abraham lo ilustra con algo tan normal como tener hijos y necesitar más ingresos. Es como invertir en bolsa con dinero que puedes necesitar el año que viene: te obliga a vender en mal momento.
Aquí entran dos ideas. El coste hundido: seguimos adelante solo por todo lo que ya hemos invertido, cuando a veces conviene cambiar de dirección. Y el coste de oportunidad: más que dinero, lo que se deja es tiempo, en el que podrías haber ganado más en una empresa y aprendido otras cosas. Por otro lado, esta dureza actúa como criba: solo aguantan quienes están plenamente convencidos de que les gusta y de que les compensará a largo plazo. Y no tiene por qué ser traumático: yo disfruté muchísimo haciendo la tesis y estoy muy orgulloso de ella.
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¿Se valora en España?
En países como Reino Unido o Países Bajos, por lo que conozco de primera mano, los doctorandos están bien pagados, reciben un trato muy bueno y al terminar suelen encontrar buenos puestos: en empresas derivadas de la universidad, en startups, dando clase o en centros privados. En España quizá se valora menos en promedio, pero hay mucho de mito en que «no sirve para nada». Depende del valor que aportes, de lo que hayas aprendido y de cómo sepas venderlo: no es lo mismo terminar sin publicaciones que con quince artículos de impacto, idiomas y visibilidad.
Tengo compañeros que dirigen áreas en empresas y ganan muy bien, y si tienes un buen currículum, también aquí te llaman empresas internacionales, porque hay muy poca gente en el mundo que haya dedicado años a un área tan específica y en crecimiento, como la interacción humano-robot. Y una empresa rara vez puede pagarte tres o cuatro años sin exigir resultados inmediatos: el doctorado te regala el largo plazo.
Hay algo más: lo que publicas queda en las bases de datos científicas para siempre, y las siguientes generaciones parten de ahí, del estado del arte, para llegar más lejos. Si quieres dejar un legado y aportar a la sociedad, en tecnología, medicina, psicología o filosofía, es una vía magnífica. A mí eso me emociona.
Una empresa te exige resultados desde el primer minuto. El doctorado te regala el largo plazo.Fernando Alonso
Cuánto se gana mientras lo haces
Casi todo el mundo lo hace con algún tipo de financiación: becas que en España eran entonces modestas, en torno a mil euros al mes, o contratos de investigación con empresas, algo mejor pagados. Además puedes dar clases particulares o conferencias, invertir o alquilar una plaza de garaje. En promedio ganas bastante menos que en una empresa, sí, pero no estás condenado a ser pobre: depende del país, de las condiciones y de cómo te lo montes.
Las preguntas que hay que hacerse
¿Compensa el esfuerzo? Lo primero es conocerte: ¿con qué disfrutas?, ¿cómo te ves en el futuro? Si investigar te mete en estado de flujo, si avanzas casi sin esfuerzo, es para ti. Si tienes poca curiosidad o iniciativa, o no te ves enseñando ni dirigiendo a otros, quizá prefieras emprender o trabajar con tareas bien definidas, y es igual de válido. A favor: harás algo que te gusta, con libertad y flexibilidad de horario, bastantes vacaciones y mucho espacio para la creatividad. En contra: incertidumbre, resultados que tardan, fracasar mil veces antes de obtener algo válido, el tema económico y la presión social.
Mi opinión, sesgada: si haces carrera, máster y doctorado bien y sin dormirte, es el camino más rápido hacia un puesto de responsabilidad, mejor pagado y con una formación muy transversal. El peligro es alargarlo y llegar a los 40 sin experiencia en el mercado. Y la formación reglada no lo es todo: me gusta que los estudiantes alemanes que conocí trabajaran en empresas desde primero, y la educación a la carta, centrada en lo que se te da bien. Lo dejamos con una pregunta para vosotros: ¿hay demasiada «titulitis» en España?
Pregúntate si investigar te hace fluir. Elige algo que te apasione y que vaya a tener demanda. Calcula si puedes aguantar años de ingresos modestos. Busca un buen grupo y financiación. Aprovecha el tiempo: publica, aprende idiomas, hazte visible. No lo alargues sin fin. Y si a mitad de camino ves que no es lo tuyo, que el coste hundido no decida por ti.
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