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Pensamiento críticoEpisodio 112Leganés, Madrid

Píldoras del Conocimiento

Cómo razona la ciencia, y por qué la nutrición es el mejor campo de pruebas

Entrevista

«A largo plazo, el dato acaba ganando al relato.» Ciencia para construir pensamiento crítico, con Gonzalo, de Datos de Ciencia.

Un divulgador científico explica las tres formas de razonar que sostienen el método científico, qué significa de verdad un estudio a ciegas, por qué la «alimentación evolutiva» es una hipótesis y no un dato, la pregunta que lo cambia todo en nutrición, por qué una variable que predice muy bien puede no servir de nada al manipularla, y los libros y artículos que todo el que quiera pensar con rigor debería leer.

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Carátula del episodio 112, Ciencia para construir pensamiento crítico
Audiopodcast · Episodio 112 · 1 h 15 min Ciencia para construir pensamiento crítico
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Descubrí a Gonzalo en un debate sobre veganismo frente a dietas carnívoras y me encantó su forma de argumentar; muchos oyentes me pidieron traerlo. Estrenábamos set de grabación, en octubre de 2024, y él llegaba con gripe y sin apenas voz tras un congreso. Hay pocos podcasts que intenten aterrizar el conocimiento científico para construir pensamiento crítico, y eso intentamos. Es de las personas más inteligentes con las que he conversado, y me cambió el paradigma de lo que consideraba correcto en nutrición. Lo que se dice sobre salud es divulgación, no consejo médico: consulta siempre con un profesional sanitario.

Formación · Pensamiento y modelos mentales

El Metajuego

Razonar bien, distinguir correlación de causalidad y decidir con información incompleta son el núcleo del Metajuego, mi máster en solución de problemas complejos.

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Quién se sienta a la mesa

Gonzalo, de Datos de Ciencia

Divulgador científico

Gonzalo, de Datos de Ciencia

Divulgador centrado en la ciencia de la salud. Vegano, empezó divulgando sobre veganismo y, animado por su hermano, doctor en bioquímica, pasó a la evidencia sobre dieta y salud. Trabajó en ciencia de datos y hoy se dedica a la docencia. «Yo no soy un educador, soy un divulgador.»

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Fernando Alonso

Anfitrión

Fernando Alonso

Píldoras del Conocimiento. Ingeniero en inteligencia artificial, doctor en robótica, profesor universitario e investigador en robótica social.

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Píldoras del Conocimiento · Episodio 112Página 1 de 5

Primera parte · El método

El relato gana a corto; el dato, a largo

Le planteé algo que veo a menudo: el conocimiento científico queda opacado por el espectáculo, y el relato casi siempre gana al dato. Gonzalo lo sitúa hace más de dos mil años, en la pelea entre los filósofos del conocimiento razonado y los sofistas. Una retórica persuasiva, aunque sea falaz, atrae más a corto plazo. Pero a largo plazo el dato acaba ganando siempre, por las convenciones con las que funcionamos en la sociedad y en la ciencia, una actividad humana impregnada de nuestros valores y nuestros límites.

Tres formas de razonar

Le propuse una regla sencilla para comer bien: priorizar lo menos procesado y lo que nuestra especie ha comido durante su evolución. Gonzalo me paró en seco: eso es un razonamiento abductivo. De una situación surge una hipótesis que parece razonable, pero no hay datos que la demuestren. Y aprovechó para explicar cómo encajan las tres formas de razonar en el método científico, con la visión del pragmatismo de Charles Sanders Peirce.

Abducción, deducción, inducción

Abducción: buscar la mejor explicación provisional. Si cada mañana encuentras el pan roído y migas por el suelo, lo razonable es pensar en ratones, no en un extraterrestre; pero es una tentativa, no una ley. Deducción: si la hipótesis es cierta, de ella se deriva una predicción comprobable; si la predicción no se cumple, la hipótesis cae. Es el modus tollens: si A, entonces B; no B, luego no A. Pones una cámara y, si no ves ratones, tu hipótesis era falsa. La deducción no aporta información nueva, pero no admite error si las premisas son verdaderas. Inducción: pasar de la muestra a la población. No podemos estudiar a todos los celíacos del mundo, así que generalizamos desde una muestra, solo con probabilidad y siempre expuestos a un contraejemplo. La abducción propone, la deducción pone a prueba y la inducción generaliza.

Yo lo relacioné con el ciclo que uso en El Metajuego, la tríada de Hegel: tesis, antítesis y síntesis. Y con una herramienta que me tenía ilusionado: asistentes de inteligencia artificial como Consensus, que responden en lenguaje natural apoyándose en artículos científicos. Gonzalo fue tajante: no los usaría para cuestiones de vida o muerte. Si sabes formular la pregunta correcta, sabes ir tú a las fuentes; y si no sabes, la herramienta no te va a salvar. El primer ejemplo: no te preguntará lo más básico en ciencia.

¿Comparado con qué?

En nutrición, solo tienen sentido las comparaciones cara a cara, y además igualando calorías, porque las calorías median en casi cualquier relación causal. Lo ilustró con los huevos. En el estudio PURE, quienes no comían huevos tenían el mismo colesterol que quienes comían catorce a la semana, porque obtenían ese colesterol de lácteos, carne o pescado. Así es imposible encontrar un efecto, y la gente concluye que los huevos son neutros. La pregunta que falta es qué come la gente que no come huevos. Cuando se analiza la sustitución, a igualdad de calorías, de la proteína del huevo por legumbres, cereales integrales, frutos secos o semillas, el resultado cambia. Y el contexto importa: en Ecuador, en niños con riesgo de desnutrición, un huevo al día mejoró su crecimiento. Si la comparación es pasar hambre, el huevo gana; si tienes vegetales integrales disponibles, no.

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Segunda parte · La nutrición, a examen

Lo que dice la evidencia, según Gonzalo

Gonzalo, de Datos de CienciaQue no me digan que soy un radical científico. Que me den un razonamiento y me digan en qué me equivoco.Gonzalo, Datos de Ciencia

Su conclusión, con lo que sabemos hoy, es clara: cuanto mayor es la proporción de alimentos vegetales integrales en la dieta, más y mejor vivimos. Integrales son los alimentos a los que no se les ha quitado ninguna parte comestible ni se les ha añadido nada salvo otro vegetal integral, especias o agua: el arroz integral lo es; el blanco, no. Y va más allá: comparado con una dieta completa de vegetales integrales, para él el consumo ideal de carne, pescado, lácteos y huevos es cero. Dice haber puesto a prueba esa afirmación durante cinco años ante científicos y catedráticos sin que nadie la desmontara. Es su lectura de la evidencia; las guías oficiales coinciden en dar el protagonismo a los vegetales, aunque no todas llegan tan lejos.

¿Y si me apetece carne de vez en cuando? Esa, dice, es una pregunta distinta, de estimación, no de decisión, y muy difícil de cuantificar sin saber con qué se compara. Recordó cómo, en 2002, al publicar las ingestas dietéticas de referencia en Estados Unidos, los expertos no fijaron un máximo tolerable para el colesterol de la dieta porque cualquier cantidad sube el colesterol LDL, y recomendaron tomar el menos posible dentro de una dieta adecuada.

Uno de los autores, Eric Rimm, reconoció a Reuters que, si se basaran solo en la ciencia, podrían decirle a la gente que se hiciera vegetariana, pero que era «un poco extremo». Para Gonzalo, extremo es acabar en un quirófano por no haber tenido la información. Lo compara con el tabaco: un médico puede felicitar a quien pasa de veinte cigarrillos a cuatro, pero lo óptimo es cero, y eso se supo pese a que la industria, e incluso asociaciones médicas, defendieron fumar «con moderación» durante años, hasta que Doll y Bradford Hill demostraron el daño.

Simple ciego, doble ciego y el azar de Fisher

Probar hipótesis lo hacemos desde el Paleolítico: si comer esto me mata, no lo como. Lo que ha hecho la ciencia es refinarlo para cerrar los huecos por donde se cuela la subjetividad. El gran paso fue de Ronald Fisher, padre del diseño experimental, que introdujo la asignación aleatoria: una forma de rendirse ante la naturaleza y meter su variación en el experimento, para poder hacer afirmaciones probabilísticas.

El enmascaramiento o ciego impide que se cuelen subjetividades: en el simple ciego, el paciente no sabe si toma el fármaco o el placebo; en el doble ciego, tampoco el investigador, que de otro modo podría asignar a los pacientes más graves al tratamiento que le parece prometedor. El triple y el cuádruple ciego añaden a analistas o financiadores. Su consejo a sus alumnos: olvidaos de los nombres y mirad quién está enmascarado de verdad, porque a veces un «triple ciego» no ciega ni a pacientes ni a investigadores.

Yo saqué los experimentos naturales, cuando la historia te regala un experimento, como una ciudad sitiada en la que deja de entrar carne. Con ellos se ganó el Nobel de Economía de 2021, con estudios como el que comparó el efecto de subir el salario mínimo entre estados vecinos. Gonzalo los matiza: no tienen el nivel de evidencia de un experimento aleatorizado, salvo uno que sí reparte al azar, la aleatorización mendeliana, que aprovecha cómo se reparten los genes al azar en la formación de los gametos.

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Las falacias que más nos engañan

La más contaminante en salud, según Gonzalo: la nutrición evolutiva como verdad, una falacia de apelación a la naturaleza que confunde cómo son las cosas en la naturaleza con cómo deben ser. Yo añadí que con la narrativa evolutiva se puede justificar casi cualquier cosa, según hasta qué momento de la historia te remontes y qué datos escojas. Para él, lo evolutivo sirve para generar hipótesis y ponerlas a prueba. Sobre caminar descalzo no tenía datos; sobre el sol, sí: la radiación ultravioleta causa cáncer, según la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la OMS. Mi padre murió de un melanoma, así que el tema lo tengo muy estudiado.

Saqué también el efecto Forer: nos identificamos con descripciones lo bastante genéricas, como las del tarot o los horóscopos. Gonzalo lo llama falacia de ambigüedad: «esta semana puede que llueva» incluye todas las posibilidades. Lo ve también en finanzas: el gurú que «predijo» la crisis de 2008, sin contar a todos los que no la predijeron ni sus predicciones fallidas. Yo recordé falacias de inversión, como «si te quedas fuera de los diez mejores días del mercado, tu rentabilidad se hunde», que olvida que esos días suelen estar pegados a los peores. Y la más extendida: confundir correlación con causalidad, el cum hoc ergo propter hoc.

La comida hiperpalatable

Le pregunté por una idea que me atraía: que si a un niño solo le dejas elegir entre alimentos naturales, su cuerpo sabe qué necesita en cada momento. Gonzalo respondió con una pregunta incómoda: si tuvieras cáncer y te dieran a elegir entre quimioterapia y agua, tu cuerpo elegiría el agua. Para eso está la ciencia: la intuición evolucionó para evitar falsos negativos, para salir corriendo si se mueve un arbusto, no para calcular probabilidades. Sobre la comida, coincidió en algo: los estudios apuntan a que no es el azúcar, ni la sal, ni la grasa por separado lo que nos hace comer de más, sino sus combinaciones. Nadie se come el azúcar a cucharadas.

También discutimos la distinción entre inteligencia fluida y cristalizada, que me parecía útil para divulgar pero un poco tramposa, como las inteligencias múltiples de Howard Gardner. Gonzalo, que no la conocía, concluyó que la fluida necesita urgentemente de la cristalizada para saber si es inteligencia o no.

Radical científico y orgulloso

Le hice de abogado del diablo: ¿no estará construyendo también él un relato, el del método científico, para diferenciarse? Su respuesta: si hay un método mejor, que se lo enseñen, porque harían un favor a la humanidad. Y una definición que me ayudó mucho: la ciencia no es el método actual; la ciencia será el mejor método disponible para conocer la naturaleza y hacer predicciones, sea el que sea. Si mañana otro método predijera mejor, eso pasaría a ser ciencia. Thomas Kuhn lo explicó con los cambios de paradigma, y Paul Feyerabend cuestionó que el método tuviera reglas fijas. Yo añadí que el método puede ser excelente y fallar su ejecución, por ejemplo cuando gran parte de la revisión por pares la hacen investigadores muy jóvenes.

Sobre las críticas: dice haber ido contra corriente desde el principio y no le importa. Lo que espera de quien le escucha es que diga: «Este puede estar chalado, pero necesito estudiar más». Eso es divulgar: dar ganas de aprender.

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Tercera parte · Predecir no es entender

La lección del colesterol HDL

Yo uso mucho las probabilidades de base al invertir: si compro una empresa a un múltiplo altísimo sobre ventas, la estadística histórica dice que casi siempre acabaré en negativo a diez años. No es lo único que miro, pero pone las probabilidades a mi favor. Gonzalo puso el matiz clave: no hay que confundir predicciones probabilísticas con relaciones causales. Una variable puede predecir de maravilla y no servir para nada si la manipulas.

El caso del torcetrapib

Durante décadas se habló del colesterol «bueno», el HDL, porque predice muy bien el riesgo de infarto. Pfizer invirtió cientos de millones en el torcetrapib, un fármaco que subía el HDL, y en 2006 tuvo que pararlo en fase 3 porque aumentaba la mortalidad. Después fallaron otros fármacos que intentaban mejorar su función. La explicación posible: el HDL alto acompaña a hábitos que sí son causales, como dejar de fumar, hacer deporte o evitar las grasas trans. Predice porque va de la mano de lo que importa, no porque sea la causa.

Gonzalo lo vivió en ciencia de datos: le valoraban por explicar qué se puede hacer con un algoritmo y qué no. Faltan estadísticos que digan «estos datos no sirven para lo que los estáis usando», y la mayoría de los errores vienen de confundir capacidad predictiva con causalidad. En nutrición y en medicina pasa muchísimo.

Para leer

Gonzalo es más de artículos que de libros. De nutrición, Comer para no morir, de Michael Greger, no por ser lo más riguroso, sino porque te abre los ojos a lo que se puede razonar en este campo. De ciencia, el clásico de Ronald Fisher, El diseño de los experimentos (1935): denso, pero ahí entiendes por qué se aleatoriza y de dónde sale el análisis de la varianza, algo que muchos investigadores e ingenieros aplicamos sin saberlo. Y cuatro artículos: «El ambiente y la enfermedad: ¿asociación o causalidad?», de Austin Bradford Hill (1965), sobre todo su última frase; «Correlación sin causa: una odisea epidemiológica», de George Davey Smith, uno de los padres de la aleatorización mendeliana; «La máquina de generar hipótesis», de Philip Cole, medio satírico; e «Individuos enfermos y poblaciones enfermas», de Geoffrey Rose, uno de los clásicos de la epidemiología.

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