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Crecimiento personalEpisodio 17Leganés, Madrid

Píldoras del Conocimiento

El ego y la humildad: si el ego es enemigo o parte de nosotros, cómo frenar la arrogancia y diez formas de practicar la humildad, con Raúl Barrios

Conversación

Machacar tu ego es machacarte a ti. Mejor conócelo y quítale el micrófono cuando toque.

Abraham Jiménez, Raúl Barrios y yo hablamos del ego y la humildad: el ego como parte de cómo funciona el cerebro, la diferencia entre identidad y arrogancia, cómo el ego nos lleva a hablar en vez de hacer, por qué conviene pedir que te avisen, los sesgos que nos hacen creernos mejores (y peores) de lo que somos, el modelo «más, igual, menos» y un decálogo para ponerlo en la nevera.

Carátula del episodio 17, El ego y la humildad
Audiopodcast · Episodio 17 · 47 min El ego y la humildad, con Raúl Barrios
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Finales de 2018. Acabábamos de estrenarnos en Spotify, un pequeño sueño cumplido para alguien que pasa horas al día escuchando pódcast, y Abraham preparaba la web. Yo andaba liado con la ampliación de capital de Aryzta, la panificadora suiza que era entonces la principal posición de Francisco García Paramés, y saqué varias lecciones: estudiarlo todo uno mismo, no copiar al inversor de moda; cuidado con las empresas muy endeudadas; cuidado con los gestores que no tienen acciones y no están alineados con el accionista; y elegir brókeres serios y mercados con liquidez. Pero el tema era otro, uno en el que todos necesitamos una dosis: el ego y la humildad.

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Quién se sienta a la mesa

Raúl Barrios

Invitado · Odontólogo y lector incansable

Raúl Barrios

Odontólogo con su propia clínica, de 34 años entonces, padre de dos hijos. Empezó a interesarse por el desarrollo personal al ser padre y asumir la responsabilidad de una familia, un equipo y unos pacientes. Escucha Buscadores de Sentido y Pensamiento Positivo, y se define como «un poco arrogante» que ha aprendido mucho de serlo.

También en el episodio 39

Abraham Jiménez

Copresentador

Abraham Jiménez

Copresentó Píldoras del Conocimiento en sus primeros episodios. Criado en una familia religiosa y muy recta, aprendió pronto a no sentirse más que los demás.

Fernando Alonso

Anfitrión

Fernando Alonso

Píldoras del Conocimiento. Ingeniero en inteligencia artificial, doctor en robótica, profesor universitario e investigador en robótica social. Dice que descubrió la humildad gracias a este pódcast y a sus dos compañeros de mesa.

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Cómo descubrimos el ego y la humildad

Raúl descubrió el concepto del ego en un BlaBlaCar: cinco horas de Madrid a Vigo con otro odontólogo que no paraba de hablar de ello, y fue uno de los puntos de inflexión de su vida. La humildad la descubrió conociéndose: cuando se dio cuenta de sus propios errores, empezó a entender a los demás. Supo que era arrogante porque se lo dijo su mujer, con tanta seguridad que al principio lo negó; luego, pensándolo, vio cómo intentaba imponer su criterio. Abraham creció en una familia que le inculcó, con principios bíblicos, no sentirse más que nadie: «el más pequeño entre vosotros es el grande». Y yo confesé que lo he aprendido sobre todo con este pódcast y con ellos dos: cuando te juntas con gente más humilde que tú, algo se te pega.

¿Es el ego el enemigo?

El episodio tomaba prestado el título de Ryan Holiday, El ego es el enemigo, y Raúl lo matizó: sí y no. El ego es la imagen que tenemos de nosotros y del mundo, y eso que hemos aprendido puede jugar en nuestra contra. Pero, por mucho que le pongamos nombre, no es una tercera persona: eres tú. Es una parte de cómo funciona tu cerebro, que cuando aprende que algo te duele o te hace sufrir te protege para que no te vuelva a pasar, y eso tiene una función positiva. En una sociedad tan autoexigente, cuando machacamos nuestro ego nos estamos machacando a nosotros. Su propuesta: conoce tu ego, alíate con él, quiérelo y aprende cuándo hacerle caso y cuándo no. Al comprenderlo, te vuelves menos duro contigo mismo.

Dos egos: la identidad y la arrogancia

Yo veo una dicotomía entre el ego que nos da identidad, lo que nos hace ser quienes somos, y el ego de la arrogancia. Abraham lo precisó: sentirse orgulloso de lo que has logrado es sano; ser arrogante con los demás aleja a la gente y da a tus logros más importancia de la que tienen. Cuando aspiramos a algo grande, el ego nos juega malas pasadas: buscamos la aprobación del entorno y hablamos de lo que vamos a hacer en lugar de hacerlo, un chute de autoestima que acaba en procrastinación. Raúl añade otra trampa: cuando empiezas a aprender algo, enseguida crees saberlo todo, tratas de convencer a todo el mundo, y luego descubres que no era para tanto. Ese bajón es el aprendizaje.

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Cómo frenar la arrogancia

Mi solución: evaluar el progreso de la forma más objetiva posible, centrándome en algo concreto y midiéndolo desde la realidad. Abraham traía una frase: retira el micrófono al ego para que no pueda hablar. Su herramienta: pedir a alguien de confianza que te diga si te ve arrogante y en qué situaciones. Cómo respondas a esa crítica será el primer examen. Lo vivimos: una vez le mandé a Abraham la captura de un tuit con el ego por las nubes, y me contestó: «si algún día me pasa esto a mí, por favor, házmelo saber». Cuando te escucha mucha gente, es fácil creérselo; y también habrá quien piense que das lecciones cuando solo das tu opinión. Abraham citó a Holiday: la grandeza viene de principios humildes y del trabajo duro, y a menudo eres la persona menos importante de la habitación, hasta que lo cambias con resultados.

¿Influye rodearte de gente arrogante? Todo se pega, lo bueno y lo malo, así que conviene estar con gente que respete tu opinión y que también te diga las verdades. Pero Raúl añade un matiz: quien te lo dice lo hace desde su forma de ver el mundo, y puede equivocarse. Su lema: no te creas lo que te dicen los demás, compruébalo; y tampoco te creas lo que te dices tú, compruébalo también.

En su clínica lo aprendió con el dolor: a unos pacientes lo mismo no les molesta nada y a otros les duele muchísimo. Cada uno vive y siente las cosas de manera distinta. Y también la ciencia se ha equivocado y ha aprendido una y otra vez: hoy ni siquiera entendemos la mayor parte de la materia y la energía del universo, la materia y la energía oscuras. Creer que vivimos en lo más avanzado es lo que pensarían los romanos. Para mí, ahí entra la humildad: lo que hoy es teoría mañana puede dejar de serlo.

No te creas lo que te dicen los demás, compruébalo. Pero tampoco te creas lo que te dices tú a ti mismo.Raúl Barrios

Los sesgos que alimentan el ego

Llevaba semanas estudiando sesgos cognitivos y empecé a verlos por todas partes. La ilusión de superioridad: casi todos nos creemos por encima de la media, algo imposible por definición. El síndrome del impostor, justo lo contrario: personas que lo hacen muy bien y creen que es casualidad y que algún día los descubrirán. Y el efecto Dunning-Kruger, del que nos habló Paco Lodeiro: quien menos sabe suele confiar más en sus habilidades, y conforme aprende descubre cuánto ignora; solo sé que no sé nada.

Raúl cree que pueden mezclarse: temer que descubran tu verdadero yo y, a la vez, dar la imagen de que lo sabes todo. Y comentamos otro: los grupos refuerzan sus diferencias con otros para crear identidad, y a menudo somos más exigentes con los nuestros, como con nuestros hijos, que con los de los demás. Raúl invita a fijarnos más en lo que nos une que en lo que nos diferencia: ahí empieza la empatía.

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El modelo «más, igual, menos»

Mi estrategia para rodearme de gente: más, personas que saben más que yo y de las que copio lo bueno, toda una cura de humildad; igual, pares con los que avanzar cooperando; y menos, personas a las que puedo enseñar, lo que además fija mejor lo que sé. Mantener una proporción de los tres ya es una actitud humilde, frente a quien solo se junta con «los de su nivel».

Raúl, al que cada vez le gusta más ayudar a otros a desarrollarse, soñaba con crear un grupo de personas con esas inquietudes: igual que vamos al gimnasio o cuidamos la dieta, deberíamos trabajar nuestro desarrollo, porque todo lo que hacemos influye en el mundo. Y nos contó que, aunque desde fuera su vida pareciera perfecta, la paternidad, la muerte de familiares y levantar una empresa le enseñaron que todo depende de uno: «Si tú cambias, todo cambia».

Abraham describió un vídeo de un hombre que ayuda a todo el que se cruza, la maceta, el perro, la vendedora, la niña que pide para ir al colegio, hasta que un día todo florece. ¿Es eso la humildad? Yo matizo, por lo que aprendí en Dar y recibir: ayudar a todo el mundo en todo te acaba fundiendo; es más eficaz ayudar en lo que eres bueno y de forma inteligente.

Raúl recordó la charla TED de Robert Waldinger sobre el estudio de Harvard que sigue a cientos de hombres desde hace más de 75 años: el secreto de la felicidad está en las buenas relaciones. Y para él, una buena relación es cómo haces sentir a los demás: que estén a gusto, que no molestan, que te importa su opinión. No hay que ser tonto, pero de entrada la mayoría de la gente actúa con buen fondo.

Abraham cerró con diez gestos de humildad: aceptar lo que no sabemos hacer, ser modestos con nuestros logros, admitir que no lo sabemos todo, aceptar que nos equivocamos, estar dispuestos a ceder, aprender de otros, saber encajar las derrotas, reconocer el valor de los demás, ser agradecidos y saber escuchar. Hasta la persona más sencilla que lleva su casa es una máquina en algo: si nos centramos en los demás, vemos lo mejor que pueden sacar. Raúl añadió un último consejo: observa cómo miras a los demás.

Si estás enfadado con alguien y te enteras de que está muy enfermo, cambia tu forma de verlo; si crees que tu hijo quiere salirse con la suya y resulta que le dolía algo, también. Como dentista, dice que una sonrisa bonita no la hacen los dientes, sino la mirada que la acompaña: con la mascarilla puesta todo el día, sonríe con los ojos, y la gente lo nota. Yo lo confirmo desde la robótica: en nuestros experimentos, lo más poderoso para que un robot parezca empático son sus ojos.

Para que el ego no tenga el micrófono

Trata a tu ego como parte de ti, no como un enemigo. Distingue el orgullo sano de la arrogancia. Haz antes de contar. Mide tu progreso con objetividad. Pide a alguien de confianza que te avise, y escucha. Comprueba lo que te dicen y lo que te dices. Rodéate de quien sabe más, de quien sabe igual y de quien puedes enseñar. Y cuida cómo miras a los demás.

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