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PsicologíaEpisodio 72Leganés, Madrid

Píldoras del Conocimiento

El psicólogo Samuel Fernández-Salinero, en la mesa

Mapa completo

Freud buscaba lo que no sabemos de nosotros. Skinner solo quería medir lo que hacemos. Rogers pedía aceptarnos para poder cambiar. Un psicólogo y yo recorrimos las seis grandes escuelas de la psicología para quedarnos con lo que sirve un martes cualquiera.

Una hora y veinte minutos sobre psicoanálisis, conductismo, cognitivismo, neuropsicología, humanismo y terapias de tercera generación, y sobre las técnicas que salen de cada una: relajación, reestructuración cognitiva, sentido del humor, logoterapia y sueños.

Carátula del episodio 72: escuelas de psicología
Audiopodcast · Episodio 72 · 1 h 21 min Técnicas psicológicas multiparadigmáticas, con Samuel Fernández-Salinero
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Abrimos el episodio con una noticia: el podcast acababa de ganar el premio del público de iVoox en la categoría de Negocios y Sectores, después de quedar segundo el año anterior. Y la celebré con una idea que repito mucho: si le metes pasión y esfuerzo a algo durante años, acabas llegando casi a donde quieras.

Llegué a Samuel por un podcast en el que hablaba de Freud. Me gustó cómo lo explicaba, sin jerga y sin tomar partido, y le escribí. Teníamos un perfil parecido: los dos somos profesores universitarios e investigadores, y a los dos nos interesa más lo que funciona que las etiquetas. Le propuse algo ambicioso, un mapa de las grandes escuelas de la psicología y, de cada una, lo que nos podemos llevar a casa.

Puso una condición antes de empezar, y me pareció la mejor forma de abrir: ninguna escuela es mejor que otra. Entre escuelas suele haber rivalidad, casi por puro fenómeno de grupo. Él prefiere preguntarse qué le aporta cada una.

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Quién se sienta a la mesa

Samuel Fernández-Salinero

Psicología

Samuel Fernández-Salinero

Doctor en Psicología, con un máster en investigación y otro en psicoterapia psicoanalítica. Psicoterapeuta y profesor universitario. Practica aikido desde hace años y divulga en su canal Escuela Abierta de Psicología Social.

Su recomendación: El arte de amar, de Erich Fromm

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Fernando Alonso

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Fernando Alonso

Píldoras del Conocimiento. Profesor universitario e investigador en robótica social. En esta mesa, el que hace las preguntas.

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Píldoras del Conocimiento · Episodio 72Página 1 de 6

Primera parte · Lo que no sabemos de nosotros

Psicoanálisis: hacer consciente lo inconsciente

Samuel empezó por la escuela más conocida. Para el psicoanálisis tenemos una parte consciente, con la que decidimos qué comer o qué decirle al jefe; una preconsciente, a medio camino, y una inconsciente que no conocemos porque la tenemos reprimida. Suele ser algo que dolió o que generó un conflicto que no supimos resolver. Mientras siga ahí abajo, dirige parte de nuestra vida sin que nos demos cuenta.

Lo ilustró con una anécdota que atribuyó a Erich Fromm. Un colega le abrió la puerta y, en lugar de saludarle con un «hola», le dijo «adiós». No quería tener aquella reunión, y su inconsciente se le adelantó. Así funcionan los lapsus.

¿Hasta qué punto somos libres si no conocemos las causas de nuestro comportamiento?Samuel Fernández-Salinero

Freud lo resumió en su segunda etapa con una frase célebre: donde estaba el ello, debe llegar a estar el yo. Y circula otra, que se suele atribuir a Jung, con la misma idea: lo que no hacemos consciente acaba gobernando nuestra vida y lo llamamos destino.

Después vinieron los matices. Para Freud el inconsciente es individual, hecho de la historia de cada uno. Para Jung también es colectivo, con símbolos que se repiten en todas las culturas, los arquetipos del guerrero, el mago o el ermitaño. Y Adler pone el foco en el afán de superación: nacemos dependientes y luchamos por compensar nuestras limitaciones. Si nos creemos inferiores, aparece el complejo de inferioridad; si lo tapamos exagerando logros, el de superioridad. A mí de Adler me gusta que mira hacia delante. El trauma explica, pero no justifica lo que harás mañana. Samuel matizó que Freud buscaba algo parecido: que el pasado no domine el presente.

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Segunda parte · La conducta y la mente

Conductismo: olvidarse de la mente

La psicología americana se preguntó para qué sirve la conciencia, y en un momento dado concluyó que para poco. Lo que importaba era la conducta. Pavlov mostró que un perro saliva al oír la campana sin necesidad de pensarlo. Watson fue más allá y condicionó emociones. En el experimento del pequeño Albert, un bebé aprendió a asustarse ante una rata blanca, y el susto se extendió a un conejo, a un abrigo de piel y a una careta. Skinner completó la idea: repetimos lo que nos trae beneficios y dejamos lo que nos perjudica. De ahí salen las recompensas variables, de las que hablé en el episodio 69, sobre la ciencia del enganche.

Samuel contó cómo volvió a entrar la mente por la puerta de atrás. Tolman y otros investigadores vieron que unas ratas que habían aprendido un laberinto corriendo seguían encontrando la salida cuando el laberinto se llenaba de agua y tenían que nadar. Si fueran solo músculos condicionados, no deberían. Tenían algo parecido a un mapa en la cabeza.

Cognitivismo: lo que cuenta es la interpretación

Ese mapa abrió la puerta al cognitivismo. Antes, la psicología de la Gestalt ya había mostrado que la mente completa lo que percibe; basta pensar en la famosa imagen de la copa y las dos caras, que nunca vemos a la vez. La conclusión es poderosa: no reaccionamos a lo que pasa, sino a cómo lo interpretamos. Un trabajo extra el fin de semana puede ser un reto o una amenaza según cómo lo leas.

Aaron Beck, padre de la terapia cognitivo-conductual, lo llevó a la clínica con su tríada: lo que pensamos de nosotros, de los demás y del futuro. En la depresión, las tres miradas se vuelven negativas. Cuando grabamos, Beck acababa de fallecer, y también Albert Bandura, que mostró que aprendemos viendo lo que les pasa a otros. Hablamos también de Howard Gardner y sus inteligencias múltiples: se puede hablar de maravilla y ser un desastre con el balón, o al revés.

Yo añadí algo que me obsesiona, el cuidado con las palabras. Las palabras crean representaciones. Si te dices que la vida es dura y mala, te mueves dentro de esa idea. Samuel lo remató con una pregunta que me gustó.

¿Por qué cuidamos tanto lo que comemos y no cuidamos lo que pensamos, lo que vemos o lo que escuchamos?Samuel Fernández-Salinero

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Tercera parte · El cuerpo y la persona

El cerebro, Phineas Gage y un toro

La neuropsicología tiene un caso fundacional que no se olvida. En el siglo XIX, Phineas Gage trabajaba en el ferrocarril cuando una explosión le atravesó el cráneo con una barra de hierro. Sobrevivió, pero dejó de ser el mismo: más impulsivo, más agresivo, más grosero. La lesión le había dañado la zona prefrontal, la que frena impulsos y planifica. Samuel recordó también un experimento hecho en España: un toro con un electrodo implantado que, al pulsar un botón, frenaba en plena embestida.

Sumamos las sustancias químicas: dopamina, serotonina, oxitocina. Yo conté que el estrés prolongado agranda zonas como la amígdala, y que la meditación también cambia la forma del cerebro. Samuel planteó la pregunta del huevo y la gallina: ¿la zona del cerebro se activa y luego sentimos, o sentimos y luego se activa? Lo dejamos en que son vasos comunicantes. El cuerpo cambia lo que pensamos, y lo que pensamos cambia el cuerpo.

Humanismo: aceptarse para poder cambiar

Aquí reconozco mi debilidad, porque en esta escuela está Viktor Frankl, del que hablé en el episodio 51, El hombre en busca de sentido. El humanismo mira lo que hace única a cada persona, su forma de vivir y sentir aquí y ahora, y busca su crecimiento. Samuel insistió en un matiz que se suele malinterpretar: aceptar no es aprobarlo todo. Es dejar de pelear contra lo que sientes para poder mirarlo. Él lo relaciona con el aikido, donde no te opones a la fuerza del otro, te adaptas.

La curiosa paradoja es que solo cuando me acepto tal como soy puedo cambiar.Carl Rogers

Repasamos la pirámide de Maslow, con la autorrealización arriba, y Samuel puso la creatividad y la espontaneidad como sus grandes conquistas. ¿Cómo vas a ser espontáneo si no te aceptas? Si te gusta el jersey de flores aunque te digan que no se lleva, póntelo. Yo añadí lo difícil que es subir esa pirámide cuando vives con la angustia de perder el trabajo o a no llegar a fin de mes. Muchas veces el tapón no viene de fuera: es la autoexigencia feroz que nos impusieron y acabamos imponiéndonos solos.

La última escuela fue la de las terapias de tercera generación: mindfulness, aceptación y compromiso, terapia de pareja. Samuel lo explicó con el ejemplo de quien busca en Google por qué le duele la pierna y acaba convencido de que se muere. Con los pensamientos pasa igual. Dejar que un pensamiento aparezca sin darle conversación evita que una rumiación termine en catástrofe.

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Cuarta parte · Herramientas

Lo que se puede aplicar un martes cualquiera

Samuel empezó por la base de todo: investigar. Plantear una pregunta, formular hipótesis, elegir un método y decidir con los resultados. Hay estudios sobre casi todo, también sobre la eficacia de cada tipo de terapia, y aprender a buscarlos ayuda a decidir con más criterio. Él investigó, por ejemplo, cómo vivieron el Brexit los españoles que trabajaban en Inglaterra.

Yo conté mi experiencia con la hipnosis conversacional. Era escéptico, me documenté y la probé pagando de mi bolsillo. Tras la primera vacuna del covid tuve una reacción fuerte y acabé con oxígeno en el hospital, y mi cuerpo asoció el calor y los nervios con ponerse en alerta. Las sesiones me ayudaron a deshacer esa asociación. Samuel lo enmarcó muy bien: los psicólogos son más sastres que técnicos, porque la terapia se vive antes de entenderse. Y dio un consejo que aplico desde entonces.

Ni te digas que va a salir fatal ni que va a salir genial. Conviértelo en un «a ver cómo sale».Samuel Fernández-Salinero
Relajación progresiva

Es la técnica de Jacobson. Aprietas las manos con fuerza unos segundos y las sueltas, notando la diferencia. Luego los bíceps, los hombros, la mandíbula, recorriendo el cuerpo entero. Si el cuerpo está tenso, la cabeza se pone irritable y ansiosa; al soltarlo bajan el pulso, la tensión y la respiración se calma. Yo la usé en la segunda vacuna, porque tensar y soltar ayuda a quienes, como yo, tienden a desmayarse con los pinchazos.

Hablamos también del estado de flujo, ese momento en el que estás tan metido en algo que desaparece todo lo demás. A mí me pasa jugando al tenis. Samuel lo conectó con el compromiso que se estudia en las empresas, hecho de vigor, dedicación y absorción, y con una reflexión de muchos años de profesor: a menudo las escuelas hablan de lo mismo con nombres distintos.

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Quinta parte · Preguntas, humor y sueños

Una pregunta ata menos que una certeza

La reestructuración cognitiva le recuerda a Samuel al diálogo socrático. Quien da por hecho que no sirve para estudiar o que no sabe decir que no se ha cerrado la puerta antes de intentarlo. El terapeuta no le contradice: le pregunta. «Me dices que no te gusta salir, pero lo pasas muy bien paseando con tus amigos. ¿Cómo encaja eso?» Así se van limando las creencias que atan. Por eso cuesta tanto hacer terapia uno solo: no vemos nuestras propias contradicciones. Yo lo uní con la ventana de Johari y con el distanciamiento de los estoicos, de cuyas prácticas bebe en parte la terapia cognitivo-conductual.

Después propuse dos herramientas que parecen obvias. La primera, el sentido del humor. De casi todo, mucho es malo; de humor bien calibrado, no. Samuel lo describió como una ventana por la que nos escapamos un momento de las normas y podemos reírnos de nosotros mismos. La segunda, la logoterapia de Frankl: encontrar sentido. Cuidar de algo o de alguien, como el que cuida un tamagotchi o una mascota, engancha a la vida. Samuel matizó que el sentido no es una meta concreta, sino algo más amplio que te trasciende.

Piensa dentro de diez años en eso que hoy te preocupa tanto. Casi nunca tendrá tanta importancia.Fernando Alonso

Terminamos con los sueños, que Freud llamaba la vía regia al inconsciente. Samuel desconfía de los diccionarios de sueños: si los símbolos los genera tu mente, el significado lo tienes que construir tú. Si sueñas con tu tío y en realidad es tu amigo Jaime, la pregunta es qué representan para ti uno y otro. Quien trabaja en sí mismo, dijo, recuerda cada vez más lo que sueña.

Me quedo con su forma de entender la psicología: sin dogmas, preguntando qué te aporta cada escuela. Y con el libro que nos dejó, El arte de amar, de Erich Fromm.

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Modelos mentales, decisiones con incertidumbre y herramientas para pensar mejor cuando el problema no tiene una sola respuesta. Es lo que trabajo en El Metajuego, mi máster en solución de problemas complejos, con un grupo privado de alumnos.

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