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Finanzas personalesEpisodio 3Leganés, Madrid

Píldoras del Conocimiento

Ahorrar e invertir de forma realista: activos y pasivos, págate a ti primero, hipoteca o alquiler, interés compuesto, ETF y fondos, y qué rentabilidad es sensata esperar

Guía práctica

Ahorrar no es privarse de todo. Es pagarte a ti el primero y poner cada euro a trabajar.

Abraham Jiménez y yo repasamos los consejos que de verdad mueven la aguja: distinguir activos de pasivos, huir de las tarjetas de crédito, pensar la hipoteca con calma, vigilar los pequeños caprichos diarios y, con lo ahorrado, invertir con paciencia en ETF o fondos, sabiendo qué rentabilidad es realista y cuál es un cuento de la lechera.

Carátula del episodio 3, El ahorro y la inversión de forma realista
Audiopodcast · Episodio 3 · 69 min El ahorro y la inversión de forma realista
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2018, tercer episodio del podcast. De todos los temas, este es de los que más me gustan: cómo hacer crecer nuestro capital con dos palancas, el ahorro y la inversión. Abraham venía de leer Despertando al gigante interior, de Tony Robbins, y yo de pasar unos días sin internet con dos libros de inversión, Batiendo a Wall Street, de Peter Lynch, e Invertir en calidad. Antes de los consejos, una advertencia que repetimos varias veces: no se trata de obsesionarse con el dinero. Si apuntamos cada céntimo con angustia, lo que empezó siendo bueno se vuelve malo y dejamos de disfrutar el camino. Tampoco se trata de ser el más rico del cementerio.

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Quién se sienta a la mesa

Abraham Jiménez

Copresentador

Abraham Jiménez

Copresentó Píldoras del Conocimiento en sus primeros episodios. Aquí aporta el lado práctico del ahorro doméstico: tarjetas, facturas, compras impulsivas y aplicaciones para llevar las cuentas de casa.

Fernando Alonso

Anfitrión

Fernando Alonso

Píldoras del Conocimiento. Profesor universitario e investigador en robótica social. Inversor en valor desde hace años, oyente fiel de podcasts como Value Investing FM o Más Dividendos.

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Activos y pasivos: el grifo y el desagüe

Empezamos por lo básico, que no por sabido se aplica. A mí me abrió los ojos Robert Kiyosaki en Padre rico, padre pobre: un activo es todo lo que pone dinero en tu bolsillo; un pasivo, todo lo que lo saca. La tarea es acumular lo primero y recortar lo segundo, como una bañera: si el grifo mete más agua de la que se va por el desagüe, el nivel sube.

Abraham pone el ejemplo más claro: el coche. Salvo que lo uses para trabajar y te genere ingresos, es un pasivo de los grandes: seguro, aparcamiento, combustible, impuesto de circulación, averías. Y en cuanto sale del concesionario vale bastante menos que lo que pagaste. Yo añado otro que casi nadie ve como tal: la vivienda en la que vivimos. La sentimos como un activo, pero cada mes nos cuesta dinero (comunidad, impuestos, mantenimiento, intereses). Es activo solo si la alquilas. Tener tres o cuatro pisos vacíos no es riqueza: es una salida de caja.

Deuda: el interés compuesto jugando en contra

El interés compuesto, que luego explicaremos a favor, funciona igual cuando debemos dinero. Con una hipoteca grande a 30 años, es fácil acabar pagando por la casa mucho más de lo que vale. Y con las tarjetas de crédito la cuenta es aún peor. Abraham pone un caso: muchas cobran un 2 % mensual por aplazar, que es más de un 24 % al año. Si compramos una televisión de 1.000 euros y la pagamos en tres años «en cómodas cuotas», a ese interés serían 36 cuotas de unos 39 euros: más de 1.400 euros en total. Súmale la lavadora, la nevera y el sofá, y el agujero es serio. Mejor ahorrar primero y pagar al contado.

Una sutileza que comento: si una cuota es fija y muy larga, la inflación juega algo a tu favor, porque 5 euros de dentro de diez años, con un 2 % anual, equivalen a unos 4,10 de hoy. Pero el interés que cobran las tarjetas es muy superior a la inflación, así que la conclusión no cambia.

¿Y la casa? Mi consejo, que no todo el mundo sigue, es pedir la menor hipoteca posible. Lo he hablado muchas veces con mi padre, que trabajó toda su vida en un banco: antes las hipotecas se daban a quince años como mucho; con los años, los plazos se alargaron a 40 y 45 años y se llegó a prestar el 120 % del valor, porque así el banco ganaba más.

Cuando el dinero está barato, todo el mundo se endeuda para comprar vivienda y los precios suben. Cuando los bancos centrales suben los tipos, las hipotecas se encarecen, compra menos gente y los precios bajan. Quien tiene efectivo en ese momento compra barato y le da igual que la hipoteca esté cara. Es lo que han hecho los grandes inversores españoles que conozco: tener el dinero invertido, trabajando a su favor, y comprar la vivienda en la caída, pidiendo poco o nada.

Y si aportas mucho capital, negocias desde otra posición: el banco asume menos riesgo y puede ofrecerte mejores condiciones, por ejemplo un tipo fijo bajo que te deja tranquilo para toda la vida del préstamo. Comprar o alquilar depende del momento: son vasos comunicantes. Lo que no cambia es la clave: paciencia, porque la economía va por ciclos, y no ir con la manada.

La bolsa es un mecanismo para transferir dinero de los impacientes a los pacientes.Frase atribuida a Warren Buffett

Los fondos que compran en plena crisis tienen mala fama, pero hacen algo parecido: el náufrago muerto de sed valora muchísimo el primer vaso de agua. No es usura, es estar preparado cuando llega el momento.

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Págate a ti el primero (y lo demás, el último día)

¿Y quien va justo y cree que no puede ahorrar nada? Repasamos los trucos que nos funcionan, empezando por el que considero el consejo más importante del episodio: págate a ti el primer día. Lo que tengas previsto para ahorro e inversión tiene que estar invertido el mismo día en que cobras. Si esperamos a fin de mes para invertir «lo que sobre», nunca sobra nada. Abraham lo concreta: si destinas 200 euros, apártalos al principio de mes, y con lo que queda aprenderás a usar el dinero con más cabeza.

El reverso, que hacen todas las empresas: lo que tengas que pagar, págalo el último día del plazo, porque mientras tanto ese dinero puede seguir trabajando para ti. El ejemplo de la declaración de la renta: si te sale a devolver, preséntala cuanto antes; si te sale a pagar, apura el plazo. Parecen detalles menores, pero con el interés compuesto, a largo plazo, marcan la diferencia.

Más trucos que salieron en la conversación:

Ahorrar el cambio. Abraham guarda las monedas y billetes pequeños que le sobran de cada compra. A fin de mes sorprende lo que se junta.

No llevar efectivo. Llevo año y medio o dos aplicándomelo. Sin dinero en la cartera, los pequeños caprichos (el café del trabajo, el antojo del día) casi desaparecen; las compras de verdad van con tarjeta y planificados.

Esperar antes de comprar. Ante una compra impulsiva, darse cinco o seis días. Muchas veces acabamos sin comprarlo, o lo encontramos más barato, o vemos que los zapatos de siempre aguantan otro año. Yo me pregunto, sobre todo, si de verdad lo necesito: cada cosa de más es peso en la mochila.

Alejarse de los escaparates. Pasear sin rumbo por el centro comercial, las revistas de moda, los boletines de ofertas o la publicidad del buzón crean necesidades que no teníamos.

Apuntar en qué se va el dinero. Una aplicación de cuentas domésticas, al menos durante un tiempo, para ver en qué se va el dinero; a menudo descubrimos que comer fuera, por ejemplo, se lleva más de lo que pensábamos.

Revisar facturas domiciliadas. Juntar luz y gas, o móvil, televisión e internet en un mismo paquete; cambiar un gimnasio de 70 euros por uno de 15, o entrenar en el parque.

Anticiparse. Reservar en febrero las vacaciones de agosto o comprar en las rebajas de final de verano lo del año siguiente. Parece obvio, pero casi nadie lo hace porque es más cómodo no pensar.

Ojo: no se trata de recortar todo, sino lo que no aporta valor. Yo no me quito de libros ni de cursos: si un curso de cinco horas me ahorra cuarenta de estudio por mi cuenta, es de las mejores inversiones que puedo hacer. Lo mismo una carrera que te permitirá ganar más mañana.

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Por qué compramos lo que no necesitamos: el estatus

Abraham trae una frase que resume bien la idea: la gente con dinero compra activos, la clase media compra pasivos y la gente con pocos recursos compra ofertas. No significa que con poco no se pueda ahorrar; significa que hay que salirse de lo que hace todo el mundo: el coche que nos gusta, la ropa de marca, los viajes por encima de nuestras posibilidades. Y que el pasivo de uno suele ser el activo de otro: lo que sale de mi bolsillo entra en el de quien sabe generar activos. Se ve en cada crisis: la mayoría guarda el dinero con reparo, y quien hizo antes su trabajo sale a comprar barato, como ha hecho siempre Warren Buffett.

Mi teoría es que casi todos tenemos necesidad de marcar estatus. Quien no se diferencia por pensar distinto, con espíritu crítico, intenta diferenciarse aparentando, y eso obliga a pagar sobreprecio. De hecho, la marca es una de las grandes ventajas competitivas de una empresa precisamente porque la gente paga más por el estatus.

Steve Jobs es el ejemplo que sale en la charla: vendía estatus con Apple y, a la vez, vestía siempre igual, el mismo jersey negro de cuello alto y unos vaqueros. La explicación que se suele dar es que así no dedicaba ni un minuto a decidir qué ponerse. Sabía cómo actúa la mayoría y no se dejaba arrastrar por ello.

Por qué invertir: el dinero parado encoge

Lo ahorrado no puede quedarse en un cajón. Los bancos centrales crean dinero poco a poco (casi todo es dinero contable, en cuentas, no billetes impresos), y eso hace que cada euro compre cada año un poco menos. En casos extremos se ve a simple vista: en 2018 Venezuela le quitó cinco ceros a su moneda. En la gráfica de Jeremy Siegel en Acciones a largo plazo, el dólar se queda casi sin poder de compra durante el siglo XX: un dólar de 1913 compraba hacia el año 2000 lo mismo que hoy menos de seis céntimos de entonces.

Abraham hizo la cuenta: 10.000 euros guardados en una caja durante diez años, con una inflación media del 1,5 %, compran al final lo que hoy unos 8.600. Los mismos 10.000 invertidos en un fondo indexado al S&P 500 con una rentabilidad real del 7,8 % anual habrían superado los 21.000 euros, ya descontada la inflación. Kiyosaki lo explica con una imagen: cada euro es un empleado; si no lo pones a trabajar, desaparece.

Págate a ti el primer día. Si esperas a invertir lo que sobre a fin de mes, nunca sobra nada.Fernando Alonso

El interés compuesto, con números

Es obtener intereses sobre los intereses. Si invertimos 100 euros y ganamos un 10 %, tenemos 110. Añadimos otros 100: 210. Otro 10 %: 231. Otros 100: 331. Otro 10 %: 364. El porcentaje es el mismo, pero cada año los intereses son mayores: la curva deja de ser una línea recta y se vuelve exponencial, más empinada cuanto más tiempo pasa. Quien empieza joven y es constante durante cuarenta años llega a la madurez con un capital que sorprende. Basta buscar una calculadora de interés compuesto para comprobarlo. (La frase de que es «la fuerza más poderosa del universo» se le atribuye a Einstein, pero no hay prueba de que la dijera).

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Dónde invertir y qué rentabilidad es realista

Si el interés compuesto «no funciona», suele ser porque no somos fieles a la estrategia, no invertimos de forma constante o esperamos rentabilidades que no son realistas. ¿Cuál es realista? Según los datos de Siegel sobre dos siglos de bolsa estadounidense, en torno a un 6,7 % anual descontada la inflación. Es el promedio del mejor mercado del mundo. Por encima de la media están gestores como Francisco García Paramés, que en su etapa en Bestinver obtuvo en torno a un 15,7 % anual: a ese ritmo, 100 euros se convierten en más de 2.000 en veinte años. Y Peter Lynch, en el fondo Magellan de Fidelity, rozó el 29 % anual entre 1977 y 1990.

Para quien no tiene tiempo ni formación hay dos caminos:

Gestión pasiva. Un ETF o fondo indexado replica un índice, por ejemplo el S&P 500, las 500 mayores empresas de Estados Unidos: en un solo producto, una cesta enorme de acciones, con comisiones muy bajas. Si eliges la versión que reinvierte los dividendos, además difieres el pago de impuestos y el compuesto trabaja más tiempo.

Gestión activa. Fondos donde un gestor elige las empresas. En 2018 a mí me gustaban, entre los españoles, Cobas, Azvalor, Bestinver, Magallanes y True Value. Es una opinión de entonces, no una recomendación: cada uno debe estudiar dónde mete su dinero.

Dos avisos importantes. El primero: cuidado con lo que te ofrece tu banco. Lo vi hace poco con mi madre: va al banco a preguntar dónde invertir y le ofrecen lo que más le interesa al banco, no a ella. La mayoría de los fondos de los grandes bancos no baten a su índice, y los ETF casi no se comercializan porque dejan muy poca comisión. El segundo: la regresión a la media. La gente mete dinero cuando un fondo va muy bien y lo saca cuando va muy mal; el inversor inteligente hace justo lo contrario. Un fondo que ha ganado un 40 % anual cuatro años seguidos no es necesariamente la mejor entrada; un buen gestor por debajo de su media histórica, quizá sí.

Para elegir con criterio hay que formarse: libros de grandes gestores, podcasts como Value Investing FM y cursos. Abraham, que hizo mi curso de inversión de entonces, lo recomendó en antena (hoy esa formación es PdC Inversión).

Aburrido, constante y sin modas

El objetivo final no es pensar todo el día en el dinero, sino lo contrario: llegar a un punto en que el dinero deje de preocuparnos, porque tenemos un capital, una estrategia de la que no nos salimos y unas rentas que llegan solas. Para eso hay que ser el más aburrido de la fiesta. Da igual que la liebre te adelante corriendo, da igual que tu amigo te hable de la última moda: paciencia, control y una estrategia clara, y donde menos de moda está algo suele estar la mejor oportunidad. A la larga, alcanzamos a la liebre.

Cerramos con por qué hacemos esto: la mejor forma de fijar lo aprendido es enseñarlo y debatirlo. Y cuando alguien te dice que un consejo le vino bien, sienta de maravilla.

Para ahorrar e invertir de forma realista

Acumula activos y recorta pasivos. Págate a ti el primer día y paga lo demás el último. Evita las tarjetas de crédito y pide la menor hipoteca posible. Guarda efectivo para cuando los precios caen. Recorta lo que no aporta valor, no lo que te hace crecer. Invierte con constancia en ETF o en buenos fondos, desconfía de lo que te ofrece tu banco y espera alrededor de un 6-7 % real a largo plazo. Y sé aburrido: la paciencia es la que paga.

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