La vida de un jugador de póker: habilidad frente a suerte, emociones, aprender sin títulos, procesos frente a eventos y equivocarse con medida, con David Huerga
No eliges las cartas que te tocan. Eliges cómo las juegas, cinco millones de veces.
David Huerga se hizo jugador profesional de póker con unos 20 años. Hablamos de un juego de habilidad con mucha varianza, de cómo se estudia revisando millones de manos, de la gestión emocional (y de la semana en que se le esfumó un año de trabajo en apuestas deportivas), de aprender sin títulos, de por qué la vida va de procesos y no de eventos, y de equivocarse con heridas, no con cicatrices.
Agosto de 2018, uno de los primeros episodios. Queríamos aportar valor invitando a personas que se salen de lo común, y David Huerga lo es: jugador profesional de póker desde hacía unos siete años, viajero y emprendedor. Él matizó la presentación: todos tenemos algo especial; unos lo encuentran antes, otros después, y no todos le ponen la misma energía. Yo no sabía que se pudiera vivir del póker; pensaba que era algo muy elitista o que dependía de contactos. Y resultó que su forma de aprender se parecía muchísimo a la de invertir.
El Metajuego
Decidir con información incompleta, separar la suerte de la habilidad y aprender de cada partida. Mi formación para aprender a resolver problemas complejos: dinámica de sistemas, los metajuegos arquetípicos, los puntos de influencia y herramientas para decidir mejor.
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Invitado · Jugador profesional de póker
David Huerga
Gallego, de 27 años entonces. Empezó a jugar con 18 años y medio, mientras repetía primero de bachillerato, y se hizo profesional hacia los 20. Jugó años en internet y luego en partidas presenciales por Europa; calcula que ha jugado unos cinco millones de manos. En paralelo monta empresas, comparte contenido gratis en YouTube y preparaba el curso Falla con Éxito con su socio Manuel Conde.
Copresentador
Abraham Jiménez
Copresentó Píldoras del Conocimiento en sus primeros episodios. Aquí pregunta a David por las emociones, sus cualidades y sus consejos para dar el salto.
Anfitrión
Fernando Alonso
Píldoras del Conocimiento. Ingeniero en inteligencia artificial, doctor en robótica, profesor universitario e investigador en robótica social. Ve en el póker los mismos patrones que en la inversión y el aprendizaje automático.
Píldoras del Conocimiento · Episodio 4Página 1 de 4
Un juego de habilidad con mucha varianza
Para David, el póker es un juego de habilidad, con una parte técnica y teórica muy importante, pero con un matiz clave: tiene muchísima desviación típica, lo que llamamos suerte, factores que a corto plazo no están en tu mano. Le dije que es exactamente lo que pasa al invertir: a corto plazo es casi aleatorio, pero a largo plazo, si sigues una estrategia y aprendes, los resultados llegan. Es un juego de información incompleta: todas las decisiones son estimaciones, como en bolsa. Y en la modalidad más jugada, en la que puedes apostar cualquier cantidad hasta todo lo que tienes en la mesa, cada tamaño de apuesta abre un árbol de posibilidades casi infinito.
Por eso, decía David, aún no había programas que lo resolvieran en mesas de seis o nueve jugadores; sí en modalidades de apuestas fijas y uno contra uno, mucho más acotadas. Yo comenté que el aprendizaje por refuerzo profundo ya resolvía videojuegos sencillos con solo ver los píxeles. Con perspectiva: en 2019, un año después, el programa Pluribus, de Facebook y la Universidad Carnegie Mellon, ganó a jugadores profesionales en partidas de seis. La base, en todo caso, es la que él resume: no controlas qué cartas te reparten, pero sí cómo las juegas. Y si juegas cinco millones de manos, como él, da igual lo que te toque un día o una semana: la estadística acaba ajustándose. Lo que no está en su control, ni lo piensa.
Aprender revisando millones de manos
El gran punto de inflexión, para David, es la tecnología: hay programas que almacenan cada mano que juegas, generan estadísticas y te permiten volver a ellas y estudiarlas diez horas al día si quieres. Por eso la mayoría de los mejores jugadores del mundo son jóvenes. La entrada es fácil, puedes empezar jugando por céntimos en internet, pero ganar es muy difícil: recordaba una estadística según la cual solo en torno al 5 % de los jugadores ganaba algo al año, aunque fueran diez euros. Yo vi el paralelismo con el aprendizaje automático, que aprende de ejemplos, y con los backtest de la inversión, que prueban una estrategia con datos del pasado. Gran parte del estudio, matiza David, sirve para jugar contra los buenos, que piensan de forma parecida a ti; si tu nivel fuera muy inferior no jugarías a esos niveles, y si fuera muy superior, pronto subirías.
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La gestión emocional
Le pregunté cuánto pesa la parte estadística y cuánto la emocional, porque los grandes inversores dicen que lo decisivo es gestionar las emociones: aguantar las caídas y tener sangre fría cuando todos se asustan. En el póker, dice, la gestión emocional es masivamente importante, y en las partidas presenciales se ve en la cara de los jugadores: quien va mal se sienta de pronto con diez veces más dinero sin que haya cambiado nada en la mesa, o toma decisiones horribles. Cuando vas mal, quieres recuperar rápido; el cerebro empieza a justificar más faroles de la cuenta. La emoción actúa y la lógica justifica.
Su lección la aprendió con 19 años. En once meses había convertido 50 dólares en unos 5.500, casi todo en una sala que también tenía apuestas deportivas. Un día apostó cinco euros a un partido de baloncesto, falló, apostó algo más, volvió a fallar, y en una semana, sobre todo en el último día y medio, acabó apostando cientos de euros en voleibol, tenis y caballos. Se le esfumó casi todo, el trabajo de un año entero, y apenas durmió esa noche. Al día siguiente se lo contó a su padre, que se rio y le dijo: «Te ha salido barata la lección». Si había aprendido a no poner dinero donde no tenía conocimiento, por cinco mil dólares era barato. En el momento le fastidió; desde entonces no ha tenido grandes errores emocionales jugando.
Fuera del juego piensa igual: la mayoría de nuestras acciones nacen de una emoción, y él intenta que las grandes decisiones sean racionales. Por la mañana su emoción le pide quedarse en la cama, o no meterse en la ducha fría, y su razón decide. Con veinte años decía que no a muchas fiestas y cenas porque necesitaba ese tiempo para «currárselo». Pero, añade, hay que ser humano y emocional al vivir: la razón planifica a largo plazo y la emoción tiene que estar presente cada día.
Aprender sin títulos
Descubrió el póker repitiendo primero de bachillerato «por vago», cuando su plan era ser bombero, la única razón que encontraba para levantarse cada día: ayudar a alguien. Una tendinitis en los antebrazos le desmotivó del plan, y el póker iba cada vez mejor. Terminó el bachillerato (aprobó Matemáticas sin ir a clase, quizá gracias a la estadística del póker) y se dedicó a jugar a tiempo completo, aunque a la gente le decía que era una etapa para que le dejaran tranquilo. Desde entonces no ha buscado ningún título: que no tengas un certificado no significa que no sepas.
Aprendió más inglés viajando y emprendiendo que en doce años de colegio. Sus dos primeros años estudiaba más de lo que jugaba, y no solo póker: todo lo que pudiera aplicar, como hacía Charlie Munger. Aún ve campeonatos de videojuegos de estrategia para extraer ideas. Le recordé que su historia se parece a la que cuenta Euge Oller, que también empezó a ganar dinero con el póker: personas muy enfocadas, a las que les cuesta lo generalista y son muy buenas en lo que les apasiona.
Si eres capaz de construir un imperio, puedes volver a construirlo. Lo que te forja es el proceso.David Huerga
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Soñar, actitud y ayudar
¿Sus cualidades? Soñar, y no solo desear, sino planificar y trabajar por ello; actitud, aunque a veces mal enfocada (el día anterior había corrido en la playa con un esguince en el tobillo); y querer contribuir. Entrena viendo vídeos de bomberos en acción: si alguna vez su fuerza o su resistencia pueden salvar una vida, todo habrá merecido el esfuerzo. Cuando cubrió sus necesidades básicas, como en la pirámide de Maslow que le comenté, sintió un vacío: el póker no aportaba nada a nadie. Por eso empezó a compartir en YouTube, para que, ganara o no ese día, hubiera aportado algo al mundo.
La vida va de procesos, no de eventos
Un evento es algo puntual: que te toque la lotería, comerte una chocolatina, ganar un millón en un torneo. Un proceso es la suma de muchos microeventos: tu alimentación durante un mes, o ganar ese millón poco a poco en partidas pequeñas. La sociedad busca la lotería en cualquier área, y lo que de verdad importa es el proceso. Por eso un millonario que se arruina puede volver a serlo, y no porque tenga amigos ricos: si supiste construirlo, sabes reconstruirlo.
Yo añadí que el mejor activo es uno mismo: si aprendes a generar riqueza, amistades o felicidad, puedes volver a hacerlo aunque te mudes o te quedes sin nada. Y hablamos de Fluir, de Mihaly Csikszentmihalyi: ni tanto reto que te estrese ni tan poco que te aburra. David entraba en flujo con facilidad jugando en internet con su música, hasta pasar veinte canciones sin darse cuenta; en las partidas presenciales, con camareros, conversaciones y sin cascos, le cuesta muchísimo.
Equivocarse con medida
Su consejo para dar el salto: equivocarse. No le gusta decirle a nadie lo que tiene que hacer, porque genera rechazo; prefiere contar una experiencia y la lección que sacó, y que cada uno la aplique. Un error es solo algo que no sale como imaginabas, y el dolor que causa capta tu atención y fija la lección; además, te devuelve la humildad, porque cuando ganan, los jugadores se creen dioses, y cuando les va mal, creen que todo está amañado.
Eso sí, como dice su padre, los errores tienen que dejar heridas, no cicatrices profundas: hazte un rasguño, no te quedes sin una pierna, porque solo tienes dos. Ni positivo ni negativo, sino realista, como diría Tony Robbins: lo malo suele ser menos malo y lo bueno, mucho mejor de lo que imaginas. ¿Y las críticas? Las constructivas le alegran; los insultos, los ignora: son una pelota que no recoge. Y hablando desde la experiencia, nadie puede decirte que no has vivido lo que has vivido.
Lo más importante para crecer, en sus palabras: un día te vas a morir. El tiempo se acaba, hay miles de cosas que te gustaría hacer, y quiere llegar a los ochenta mirando atrás con orgullo, sin pensar «podría haberlo hecho mucho mejor». No para irse de fiesta porque mañana te mueres, sino para disfrutar construyendo el mañana.
Separa la suerte a corto plazo de la habilidad a largo. Registra tus decisiones y revísalas. No pongas dinero donde no tienes conocimiento. Que la razón decida y la emoción viva. Aprende de todo, con título o sin él. Céntrate en procesos, no en eventos. Equivócate a menudo, pero con heridas, no con cicatrices.
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