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Inversión y emprendimientoEpisodio 124Leganés, Madrid

Píldoras del Conocimiento

Los errores que he cometido en diez años como inversor y emprendedor, y los que he visto en otros

Ensayo

«Mi cartera tiene un 187 % de potencial.» Diez años de errores y lo que me enseñaron.

Solo frente al micrófono, repaso mis errores de la última década: comprar por sobreexposición, salirme de mi estilo, sobrevalorar ventajas competitivas, la falsa precisión, un bróker que borra órdenes, creer que seguiré interesado en una empresa dentro de cinco años, leer de más y actuar de menos. Y los patrones que he visto en quienes se quedaron por el camino: depender de redes, sobreprometer, no diversificar, vender estilo de vida y vivir de lanzamientos.

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Carátula del episodio 124, Errores y aprendizajes de los últimos diez años
Audiopodcast · Episodio 124 · 30 min Errores y aprendizajes de los últimos diez años
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Junio de 2025. Empecé Píldoras del Conocimiento en 2018 y, en paralelo, he seguido mi carrera como investigador en robótica social. No todo ha sido un camino de rosas: todo ha tenido esfuerzo, errores y ajustes de tiro. Este episodio es eso, cicatrices y no lecciones: errores reales, algunos caros, que han ido cambiando mi forma de pensar. Los de inversión, los de estilo de vida y los que he visto en otros. Lo importante no es evitar los errores, sino aprender rápido y que cuesten lo mínimo.

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Quién lo cuenta

Fernando Alonso

Anfitrión

Fernando Alonso

Píldoras del Conocimiento. Ingeniero en inteligencia artificial, doctor en robótica, profesor universitario e investigador en robótica social. Inversor con un estilo de calidad y crecimiento, mucha paciencia y muy poca rotación.

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La sobreexposición te acaba sesgando

Es un error que todavía cometo de vez en cuando. Estar demasiado encima de ciertas fuentes, sean amigos, noticias, Twitter o podcasts, te arrastra. La masa, si no se sesgara, sería muy sabia; pero nos contagiamos unos a otros, y aparece el efecto arrastre. En plena covid compré Teladoc, líder mundial en telemedicina. Sabía que estaba cara, pero confiaba en su potencial a largo plazo. A día de hoy me he dejado en torno al 90 % de lo invertido; era poco dinero, pero fue fruto de esa sobreexposición.

Con Bitcoin me ha pasado algo parecido: hice la posición a 30.000 dólares, pero a fuerza de hablar de ello con mi amigo Carlos Martínez, muy entusiasta, he vuelto a comprar recientemente en torno a 108.000. No digo que sea mala compra a largo plazo; digo que sin esa sobreexposición no habría comprado a ese precio. Años atrás me pasó con Burford Capital, la financiadora de litigios, que acabé vendiendo. La lección: el precio y la tendencia generan relatos, y tendemos a extrapolar lo que ha pasado en los últimos años.

Salirse del propio estilo y sobrevalorar los fosos

Mi estilo es de calidad con crecimiento, mucha paciencia y muy poca rotación: idealmente, no vender nunca o casi nunca. Aun así, alguna vez he invertido en empresas pequeñas sin ventajas competitivas. Pueden estar baratas, pero son frágiles: dependen de un único producto o servicio y no han construido ningún foso que reduzca la incertidumbre. Además, exigen más rotación, más seguimiento y más ocasiones de equivocarte al comprar o vender. Con mi estilo, un error.

El otro error, propio de quien invierte en calidad: sobrevalorar las ventajas competitivas y su duración, o creerse las que describen otros analistas e inversores cuando en realidad no son tan profundas, o ni existen. Afinar esto lleva años: conocer más sectores, más psicología, cómo se genera valor, cómo se vende. Y hay algo que a menudo mueve más la aguja que el foso: la cultura de la empresa y su efecto volante, ese círculo de retroalimentación positiva que tarda en coger velocidad y también tarda en frenarse. Conviene saber analizarlo.

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La falsa precisión y un bróker que borra órdenes

Que una acción tenga «un 25 % de potencial» o que una cartera tenga «un 187 % de potencial», como dicen algunos gestores, es falsa precisión. Quien sabe algo de marketing reconoce el truco: las cifras exactas parecen más creíbles. Pero no te hagas trampas al solitario. Esa sofisticación te da una confianza excesiva en tu análisis o en el del gestor, y no es real: es reduccionismo. Puedes tener una intuición fundada de si algo está barato o caro y de su potencial, pero nunca con ese nivel de exactitud.

Un error que no es tanto mío como de elección de bróker. Uso sobre todo Degiro, que está bien, pero no deja colocar órdenes muy alejadas del precio de mercado, a un 15 o 20 % por encima o por debajo, y si el precio se aleja de ese rango, elimina la orden. Te obliga a estar más pendiente de lo que deberías o a poner alarmas en otras aplicaciones. Hace poco tenía una orden de venta de Google a un precio concreto; el precio lo tocó, pero la orden se había borrado, y no pude reasignar ese dinero a algo más barato. Interactive Brokers es bastante mejor en esto. Si estás empezando, tenlo en cuenta.

Creer que seguirás interesado, y leer menos de la cuenta

Este tarda más en descubrirse: sobrevalorar tu capacidad de seguimiento, e incluso tu interés futuro, por una empresa. Compras motivado, pero con un estilo de poca rotación tendrás que seguirla durante años. No a diario, pero sí con regularidad. Si es una compañía que no forma parte de tu día a día, ese seguimiento te costará, y el interés que tenías hace cinco años rara vez se mantiene igual. Antes de comprar, pregúntate si te será sencillo seguirla.

Y uno con muchos matices. Durante cinco o seis años me obsesioné con la inversión: decenas de libros, cursos, mis propias formaciones. Después pasé a formarme en complejidad, dinámica de sistemas, marketing y ventas, que ayudan muchísimo a invertir y a emprender, porque en el fondo es lo mismo: entender negocios, mercados y oportunidades. Aun así, creo que podría haber seguido leyendo algún libro más de inversión. No es falsa humildad: lo de otras áreas acaba conectando con las finanzas, pero no conviene abandonar del todo la fuente.

Lo importante no es evitar los errores, sino aprender rápido y que cuesten lo mínimo.Fernando Alonso

Errores de estilo de vida: inteligencia, velocidad y metacognición

Inteligencia es conseguir lo que quieres. Lo aprendí de Naval Ravikant: la prueba de la inteligencia es saber qué quieres de la vida, algo que se va afinando, y conseguirlo. Puedes ser muy listo y no tener la vida que quieres. Mi herramienta es revisarme cada cierto tiempo en tres aspectos: salud, dinero y amor. Si el dinero va muy bien, quizá estás pagando con salud o con relaciones. Me ayuda preguntarme con qué pago cada cosa: con tiempo, con dinero o con el cuerpo. La tranquilidad llega cuando ese triángulo está equilibrado.

El eslabonamiento. Muchos errores no son de conducta, sino de información que solo llega con los años. Uno es no haber conocido antes lo que Joseph Sugarman llama vincular: quedarte en tu terreno, detectar una tendencia o un público nuevo y traer ese interés a tu zona de genialidad. De haberlo sabido antes, le habría sacado partido. La velocidad. He visto a gente construir negocios muy grandes con bastante menos conocimiento que yo: no fue cuestión de saber, sino de actuar rápido, corregir y escalar.

Leer de más en lugar de accionar es un error. La metacognición a tiempo. Resumiendo de forma simplista decenas de libros: se trata de tomar distancia de tus pensamientos y emociones, que fluctúan y no son tu identidad, igual que las reacciones de los demás. Verlo te hace más benevolente contigo y con otros, más tranquilo y más racional. Ayuda entender que casi todos actuamos movidos por el estatus y el ego en los juegos en los que participamos.

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Dos aprendizajes más. El viaje del amigo: en marketing se habla del viaje del cliente, y con los amigos pasa algo parecido. Si creces, tu círculo cambia: muchos entran por arriba del embudo, pocos perduran, y algunos traen a otros. El grupo de WhatsApp que nace con ilusión tiene su mejor momento y luego se diluye. Es natural. Y el poder de las historias, que durante años infravaloré: para transmitir conocimiento, construir relato de marca y generar expectación. Despreciarlas es despreciar una herramienta de inspiración, entretenimiento y aprendizaje.

Cinco patrones en quienes se quedaron por el camino

1. Depender de las redes sociales. Es construir en terreno alquilado. Un cambio de algoritmo puede hundir tu visibilidad en poco tiempo, y si no has capturado ese trabajo en algo tuyo, como una lista de correo, se esfuma, aunque fuera contenido atemporal. He visto a gente a la que le iba muy bien malvivir ahora.

2. Sobreprometer. John Caples ya advertía hace décadas contra la exageración. Quien promete más de lo que entrega acaba cayendo; mejor prometer de menos y entregar de más. Al empezar se tiende a la grandilocuencia, a los adjetivos y adverbios, y parece que eso sube tu valor, pero en un ojo entrenado genera reactancia, rechazo.

3. No diversificar. Muchos emprendedores defienden reinvertirlo todo en su negocio, y creo que es porque no saben invertir. Reinvertir parte está bien para la bola de nieve, pero los mercados fluctúan. He conocido a emprendedores que ganaron millones y hoy casi subsisten. La seguridad financiera viene de sacar parte de las ganancias a activos líquidos y diversificados, como la renta variable. No hablo de abrir negocios paralelos que te quiten foco, sino de invertir.

4. Proyectar estilo de vida. Atraer atención mostrando una vida de lujo funciona un tiempo, pero es difícil de sostener y casi nadie que se basa en eso perdura.

5. Vivir de lanzamientos. Con matices, porque empresas como Apple o Samsung viven de ellos combinados con otras estrategias. Pero en negocios digitales, depender de lanzamientos metiendo en periodos muy cortos, con publicidad, a gente que no te conoce de nada, va dejando tierra quemada: las audiencias no son infinitas y uno mismo también se quema. Funciona mejor un trabajo constante: aportar valor a quien ya te conoce, ventas cruzadas, cuidar al cliente y mejorar el producto poco a poco.

Los errores, en una línea

Inversión: cuidado con la sobreexposición, no te salgas de tu estilo, no sobrevalores los fosos, desconfía de la falsa precisión, elige bien el bróker, compra solo lo que podrás seguir y no dejes de leer. Vida: equilibra salud, dinero y amor, actúa rápido, trabaja tu metacognición y usa historias. Negocio: terreno propio, promesas modestas, patrimonio diversificado, menos postureo y menos dependencia de lanzamientos.

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