Edición de aniversario: un año de podcast y una conversación sobre el dinero
«Es mucho más fácil ganar más dinero que invertir.» Finanzas personales con Dimitri Uralov.
El coach financiero que graba sus vídeos en el bosque explica por qué casi nadie quiere invertir de verdad, la paradoja que descubrió con sus clientes, por qué al principio pesa más tu carrera que tu rentabilidad, y el día en que su padre le hizo volver a un consulado cerrado. Debatimos si conviene empezar a invertir con poco, y hablamos de inflación, pensiones y responsabilidad personal.
Este episodio salió justo el día en que el podcast cumplía un año, en julio de 2019, y quise celebrarlo con alguien cuyo canal me había enganchado cuando casi ningún canal de finanzas lo conseguía. Dimitri Uralov graba en plena naturaleza y habla de dinero sin trucos ni atajos. Coincidimos en el 99 % de las cosas y discrepamos en una, y esa discrepancia fue lo mejor de la conversación. Lo que aquí se cuenta es su experiencia y la mía, no una recomendación de inversión.
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Coach financiero
Dimitri Uralov
Ruso afincado en España desde los 21 años. Pasó por un family office, creó clubes de Cashflow en Valencia y Barcelona y se dedica al coaching financiero. Su canal de YouTube de finanzas personales, grabado en la naturaleza, rondaba entonces los 120.000 suscriptores.
Anfitrión
Fernando Alonso
Píldoras del Conocimiento. Ingeniero en inteligencia artificial, doctor en robótica, profesor universitario e investigador en robótica social.
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Aniversario
Un año de Píldoras del Conocimiento
Abrí el episodio con una idea de Naval Ravikant: si les cuentas a tus amigos que eres una persona feliz, te obligas a estar a la altura. Con el podcast me pasa lo mismo: es un proceso precioso y también una responsabilidad, porque hay gente escuchando. Y si le gustas a todo el mundo, seguramente te estás quedando tibio y no dices lo que piensas.
En el primer año sumamos 6.126 suscriptores entre todas las plataformas y 92.000 escuchas solo en iVoox, en 38 episodios. El más escuchado, el de las mejores estrategias de negociación, con 4.300; detrás, el de múltiples formas de ingresos pasivos y el de sesgos cognitivos, con unas 4.000 cada uno. Y lo más bonito: la mayoría de los invitados de ese año siguen en contacto conmigo.
Este camino lo empecé con Abraham Jiménez, y quise dar las gracias a todos los que pasaron por el micrófono ese primer año: Alberto Álvarez, Jesús Argaiz, Lucas López, Carlos Aizpurúa, Paco Lodeiro, Emérito Quintana, Raúl Barrios, José Manuel del Bazar de la Bolsa, David Huerga, Ignacio Moncada y el propio Abraham.
Primera parte · El personaje
De Rusia al bosque
Dimitri resume su historia personal en una línea: a los 16 años conoció en Dublín a una chica valenciana, mantuvieron cinco años de relación a distancia y, al terminar la universidad en Rusia, a los 21, se vino a España a estar con ella. Hoy es su mujer. La profesional empieza dos años antes: a los 19, su padre le regaló los cuatro primeros libros de Robert Kiyosaki. En su casa el dinero no era tabú, su padre es físico y pequeño empresario y su madre fue directora financiera, pero aquellos libros le marcaron el camino: aprender cómo funciona el dinero. Desde entonces, dice, nunca trabajó por dinero, sino para aprender en los sectores que le interesaban.
Trabajar en un family office, un despacho que gestiona grandes patrimonios, le sirvió para contrastar lo que decían los gurús con gente que de verdad tenía patrimonio: la vida era bastante distinta. Al llegar a España montó clubes de partidas de Cashflow, primero en Valencia y luego en Barcelona, para juntarse con gente con sus mismos intereses. Ahí vio que muchos querían educación financiera pero tenían las bases sin cubrir, y que a él se le daba bien explicarlas. Así empezó con cursos y clientes de coaching financiero.
¿Y el bosque? Empezó su canal en 2013 con un reto de 30 vídeos en 30 días, inspirado por alguien de su entorno que grababa en la naturaleza. Le encanta la fotografía, y además lo tiene claro: el dinero ya se ha tratado bastante en los despachos. Forma parte de la vida, como la naturaleza. Lo que hoy parece un sello de identidad pensado al milímetro empezó por pura coincidencia.
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Trabajar en ti, mostrarte y no hacer nada más
Durante años, reconoce, llevaba una especie de máscara: al tratar con grandes patrimonios, se exigía una imagen. Los comentarios de la gente le enseñaron lo contrario: lo que valoraban era al Dimitri de verdad, el que dice lo que piensa y se equivoca a veces. Le quedó una frase que oyó en un evento en Londres: always tell the truth, it’s easier to remember, di siempre la verdad, que es más fácil de recordar. Esconderse detrás de algo requiere mucha energía, y la gente nota lo que es auténtico.
Su teoría tiene tres pasos: trabajar en ti mismo, mostrarte y no hacer nada más. Lo matiza enseguida con una paradoja: nada viene solo y, a la vez, todo viene solo. Si tu intención es honesta y estás dispuesto al esfuerzo, las cosas se mueven; pero, como dice un refrán ruso, el agua no corre bajo la piedra quieta.
Y desmonta una ilusión muy común: la gente le conoce por YouTube, pero primero fue el negocio y después el canal. El canal es el escaparate donde vuelca lo que aprende en otro sitio. Muchos empiezan por el escaparate sin nada detrás. Hay que ser bueno de verdad, y eso solo se mide por los resultados de las personas a las que ayudas. Y hay que aprender otra profesión, la de empresario: vender. Por muy bueno que seas, salvo que tengas mucha suerte, nadie vendrá a buscarte. Vender es valorarte y creer en lo que ofreces, y se aprende vendiendo.
Tres o cuatro horas buenas
Dimitri no se considera un maestro de la productividad. Un día con cinco horas productivas es un gran día; lo normal son tres o cuatro de foco, aunque trabajes diez. Por eso su jornada es corta a propósito: rutinas por la mañana, meditación, trabajo en una cafetería, un hotel o la oficina hasta las cuatro, y la tarde para su hijo y su familia; por la noche, a correr. No trabaja solo: un equipo hace que todo funcione, y eso le permite irse seis semanas de vacaciones. Se organizan por trimestres: cada tres meses fijan el foco, se reparten el trabajo y ejecutan.
Se define como bastante ermitaño: hace años dejó de tener cerca a quien no le aportaba. Su abuelo, que vivió toda la vida en Siberia, le decía paseando por el bosque que lo prefería a las personas, que tenían que ser muy buenas para mejorarlo. Y distingue entre empresarios estratégicos y buscadores de oportunidades: si sabes lo que quieres hacer y lo estás haciendo, no necesitas propuestas, ideas nuevas ni interrupciones. Todo lo que entra se evalúa según te acerque o no a donde quieres ir.
Segunda parte · El debate
¿Empezar a invertir con poco o ganar más primero?
Aquí discrepamos. Yo defendí empezar a invertir hoy, aunque sea con cinco euros al mes, por ejemplo en un fondo indexado mundial, que permite hacerlo casi sin comisiones. Te vas a equivocar sí o sí, y es mejor equivocarte con poco dinero que con mucho; además, creas el hábito de ahorrar e invertir. Yo invertía mucho peor cuando empecé, y menos mal que fue con poco.
La mayoría de la gente no quiere invertir. Quiere lo que cree que le van a dar las inversiones.Dimitri Uralov
Dimitri ve dos problemas. El primero, que a casi nadie le gusta invertir: quieren los ingresos que llaman pasivos o la libertad que suponen que traerán, y el camino más corto hacia eso casi siempre es el directo. El segundo, que en las primeras etapas de la vida el impacto de las inversiones es mísero. Con un capital pequeño, tu trayectoria profesional genera mucho más dinero que cualquier rentabilidad. Cuando tengas 500.000 euros o un millón, los errores costarán caros y los rendimientos pesarán tanto como tu trabajo; antes, no. Su orden: primero, poner las bases y dejar de fundirte lo que ganas, porque si no, dará igual cuánto ganes; después, ganar más. «Es mucho más fácil ganar más dinero que invertir», porque lo ganas con algo que sabes hacer, mientras que en los mercados compites como aficionado contra profesionales.
Y añade un objetivo por encima del patrimonio: ser lo más feliz posible a lo largo de la vida. Aprender a invertir agobiado, sin que te guste, no te acerca a eso. El papel más importante del dinero es ayudarte a cambiar de trabajo, montar tu empresa o tomarte dos años para descubrirte.
Me convenció el matiz, porque yo daba por hecho que te gusta invertir. Dimitri ha conocido a poquísima gente a la que le apasione de verdad, y son justo los que todos quieren imitar sin ver que tienen delante a un profesional apasionado por su oficio: como un peluquero, solo que su pelo es el dinero. ¿Por qué iba a superarles alguien que trabaja agobiado en un banco y hace trading por las tardes para, algún día, poder pasear perros? Yo puse el contrapunto: la inversión a largo plazo no es como el trading, un juego de suma cero, sino que tiene esperanza matemática positiva aunque no te guste, si sigues un método pautado y diversificado. En eso estuvo de acuerdo: si inviertes, hazlo en serio, con criterio y con sistema, y busca también ahí un campo que te apasione.
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La paradoja del coaching financiero
Las inversiones son el campo más popular del dinero; los presupuestos, el más aburrido. Por eso casi todos sus clientes llegaban pidiendo que les enseñara a invertir. Esa misma mañana había acompañado al banco a un amigo, un profesional de mucho éxito, que decía a todo que sí mientras le colocaban productos que no le convenían.
Dimitri les proponía empezar por la base, lo más banal: ahorro, análisis, optimización. Al cabo de unos meses, con las cuentas en orden, llegaba el momento de hablar de inversiones, y en casi el 100 % de los casos la respuesta era la misma: «Ahora que tengo seis meses de colchón en el banco y no dependo tanto de mi trabajo, lo que quiero es hacer con mi vida lo que de verdad quiero». Las inversiones dejaban de interesarles. Lo que querían era vivir a su manera; lo otro era un sucedáneo de una vida plena.
El dinero solo es un área de la vida. Piensas mucho en él cuando no lo gestionas bien; cuando está ordenado, deja de ser el foco, como lavarte los dientes. El único secreto es que no hay secretos: hay sentido común y gente que hace. Quien siente que aún le falta información para empezar suele estar procrastinando.
No hay caminos, hay personas
Le pregunté por el esquema de MJ DeMarco en El camino rápido del millonario: la acera del consumismo, el carril lento del empleo y el ahorro, y el carril rápido del emprendedor que genera mucho capital y luego lo pone a componer. Dimitri recomienda su segundo libro, Unscripted, que baja ese tercer camino a la práctica. Pero su respuesta fue más allá: caminos no hay; hay personas, cada una con sus objetivos y el precio que está dispuesta a pagar.
Hay quien será más feliz trabajando toda la vida por cuenta ajena en algo que le guste y metiendo su dinero en un fondo indexado sin querer saber más, y no tiene nada de malo. Y hay quien necesita controlar su destino y no soporta trabajar para otros, como su padre. Lo que no tiene sentido es vivir en la acera, como en el episodio de Black Mirror de los concursos de talentos, estimulado por el sistema según le conviene.
Coincidimos en que cada estrategia encaja o no con una personalidad: no tiene sentido invertir si emocionalmente no tienes las cualidades, ni montar negocios si no te desvives por crear algo. Y Dimitri pidió quitarle hierro al asunto: invertir no es solo la bolsa o los pisos, es poner el dinero donde pueda crear valor, y eso puede estar en la calle de debajo de tu casa.
En El hombre más rico de Babilonia, el dinero se confía a alguien que va a comprar joyas a unos comerciantes, algo que se puede tocar y entender. En países de Latinoamérica menos bancarizados, el dinero se mueve continuamente en la calle; el problema allí es conseguirlo, no qué hacer con él. En Europa pasa lo contrario. Y el chico que abre una tienda en tu barrio sin ningún máster en finanzas, ahorrando la mitad de lo que gana, sabe perfectamente cómo hacerlo crecer.
Yo añadí los incentivos de la industria: igual que no le preguntas al carnicero qué tienes que comer, no le preguntes al banco dónde invertir. Dimitri lo extiende incluso al asesor independiente: te recomendará lo que él conoce, aquello que cae dentro de su zona de competencia.
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Tercera parte · El futuro y la familia
Inflación y pensiones: ni excusas ni certezas
Planteé una opinión impopular. La industria pinta dos grandes cocos, la inflación y que no habrá pensiones, y los da por certezas absolutas. A mí me parece que el futuro no se puede saber: ha habido épocas de inflación y otras de deflación, y la automatización empuja a que las cosas valgan menos, aunque la política monetaria tire en sentido contrario. Con las pensiones pasa algo parecido: la pirámide de población se ha dado la vuelta, sí, pero también crece la productividad de cada trabajador. Lo más probable es que haya inflación y tensión en las pensiones, pero no hay certeza absoluta en ninguno de los dos casos.
Dimitri reconoce que conservar el valor del dinero es difícil con las políticas monetarias actuales, y por eso mucha gente prefiere comprar pisos. Pero no lo usaría como excusa para que un planificador te venda que tienes que invertir sí o sí. Su experiencia es la contraria: dejar el dinero tranquilo y usarlo cuando llega una oportunidad muy buena, de alto rendimiento y riesgo bajísimo. Sobre las pensiones, lo convierte en una cuestión de responsabilidad personal: nadie sabe qué pasará, así que ocúpate de ti y de los tuyos y prepara tu propia jubilación, en dinero o en un negocio. Si al final hay pensión, será un extra. Hay oficios que el cuerpo no aguanta toda la vida, y en la vida pasan cosas: mejor no depender de lo que haga el político de turno, y disfrutar por el camino.
El consejo de su padre: vuelve a la puerta
Le pregunté por el mejor consejo de sus padres. De su padre aprendió a ser dueño de su palabra: si dices que vas a hacer algo, lo haces, sin excusas. Y a seguir insistiendo. Lo ilustró con una historia. En Rusia no entró a la primera en la universidad, donde estudiaría diplomacia y relaciones internacionales: sacó 80 puntos y necesitaba 84. Era finales de julio y decidieron que pasara el verano aprendiendo inglés en Irlanda.
Fuera de plazo, fue al consulado, le pidieron un papel de la universidad, volvió con él y el consulado ya había cerrado. Llamó a su padre desde una cabina del metro para darlo por perdido. Su padre le dijo que volviera y lo intentara. Volvió, llamó a una puerta cerrada, el jardinero le mandó a la entrada del personal, contó su historia otra vez, le hicieron pasar y en una hora tenía el visado. Aquel verano, en Irlanda, conoció a la que hoy es su mujer.
El primero, sin duda: Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, de Dale Carnegie, que leía cada año de adolescente; casualmente, yo lo tenía en la mano durante la entrevista. Después, Una nueva Tierra, de Eckhart Tolle. De finanzas, depende de la persona: La bolsa o la vida, de Vicki Robin y Joe Dominguez; El hombre más rico de Babilonia, de George S. Clason; La transformación total de su dinero, de Dave Ramsey, y los libros de MJ DeMarco.
Dimitri no gana dinero con su canal de YouTube, ni siquiera tiene la publicidad activada: detrás está el negocio. Y su canal favorito para hablar con la gente es el correo: directo, sin molestar, y lo abre quien quiere.
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