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RelacionesEpisodio 9Leganés, Madrid

Píldoras del Conocimiento

Lidiando con la toxicidad de forma inteligente: cómo reconocer a las personas tóxicas, por qué contagian y qué hacer cuando no puedes alejarte de ellas

Guía práctica

Si pasas el día con fumadores, aunque no fumes, acabarás oliendo a tabaco.

Abraham Jiménez y yo hablamos de las personas que nos restan energía: de dónde viene la palabra «tóxico», tres perfiles que conviene reconocer, por qué la toxicidad se contagia, la parábola de las plumas, cómo distinguir a quien solo toma de tu círculo íntimo, y qué hacer con quien no puedes apartar de tu vida, como un familiar: empatía, romper el patrón y no recoger la pelota envenenada.

Carátula del episodio 9, Lidiando con la toxicidad
Audiopodcast · Episodio 9 · 31 min Lidiando con la toxicidad de forma inteligente
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Septiembre de 2018. Yo volvía de las Jornadas de Automática en Badajoz, el gran congreso nacional de automática y robótica (y de su jamón), arrancaba el curso con las asignaturas por preparar y leía dos libros: Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, de Dale Carnegie, de 1936, y You Can Be a Stock Market Genius, de Joel Greenblatt, que Alejandro Estebaranz, de True Value, considera el mejor libro de inversión. Nuestro grupo de Telegram, La Inversión Inteligente, rondaba ya las doscientas personas. Y quisimos hablar de algo que a los perfiles más técnicos nos cuesta tomarnos en serio y que puede frenar mucho nuestro camino: las personas tóxicas.

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Quién se sienta a la mesa

Abraham Jiménez

Copresentador

Abraham Jiménez

Copresentó Píldoras del Conocimiento en sus primeros episodios y creó el grupo de Telegram La Inversión Inteligente. Aquí propone cómo tratar a las personas tóxicas, también dentro de la familia.

Fernando Alonso

Anfitrión

Fernando Alonso

Píldoras del Conocimiento. Ingeniero en inteligencia artificial, doctor en robótica, profesor universitario e investigador en robótica social. Distingue tres perfiles que restan energía.

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Qué es una persona tóxica

La palabra viene del griego: tóxon era el arco, y toxikón, el veneno con que se untaban las flechas, que no era para tranquilizar, sino para matar. Esa es la imagen que trae Abraham: hay personas que nos lanzan flechas envenenadas, a veces a propósito y a veces no, pero que no lo hagan con intención no reduce el daño. Ojo: no hablamos de alguien que tiene un mal día o que atraviesa algo muy duro y se queja, sino de quien es quejumbroso, pesimista y criticón de forma habitual, por naturaleza. Yo los llamo vampiros de energía: tratar con ellos sin saber cómo te deja agotado, como si hubieras corrido una carrera de fondo.

Tres perfiles que restan energía

Yo distingo tres. Los envidiosos y criticones: la envidia suele desembocar en crítica. Los que tienen buen fondo pero dan malos consejos: no son tóxicos en sí, pero te desvían hacia caminos que no te convienen. Y los mediocres, en el sentido etimológico que se suele citar, del latín medius y ocris, montaña escarpada: quien se queda a medio camino de subir la montaña. No es que sean tóxicos, pero te frenan; son lo contrario de una mentalidad de crecimiento. Abraham citó al escritor John Mark Green: las personas tóxicas se te atan a los tobillos como bloques de hormigón y luego te invitan a nadar en sus aguas envenenadas.

Otras señales que he notado: quien vive criticando suele no tener la cabeza ocupada en sus propios objetivos, y en vez de alegrarse por los avances ajenos, llena el tiempo hablando de los demás. Suele sonreír poco, aunque, por supuesto, no todo el que no sonríe es tóxico. Y parece no haber entendido que lo importante no es lo que dicen de ti, sino lo que tú te dices de ti. Además, quien critica a otros dice más de sí mismo que de aquellos a quienes critica; y quien le escucha piensa, con razón, «¿seré yo el siguiente?». Abraham trajo una frase que suele atribuirse a Eleanor Roosevelt, aunque no hay constancia de que la dijera: las mentes brillantes hablan de ideas, las comunes de cosas y las mediocres de personas.

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Qué hacer: no recoger la pelota

La primera regla de Abraham es corta y potente: si una persona tóxica te busca, que no te encuentre. Habrá personas a las que no puedas evitar, como un compañero de trabajo o un familiar, pero con quien puedas elegir, déjale seguir su camino. Había oído que en algunas empresas del norte de Europa invitaban a no venir a la oficina a quien estaba en una fase muy tóxica, para que no contagiara su pesimismo. Y es que la toxicidad se contagia: haz la prueba de darle la razón a alguien que se queja de todo y verás cómo se viene arriba. Abraham lo explica con el tabaco: aunque no te guste, si pasas tiempo con fumadores, acabarás oliendo a tabaco; con los pesimistas y criticones, acabarás siendo algo más pesimista y criticón de lo que eras.

Mis tres estrategias: no recoger la pelota que te lanzan, un «ajá» y poco más; romper el patrón, y si te dicen «qué mal día he tenido», responder «te diría que el mío también, pero te engañaría: ha sido increíble, estoy aprendiendo y luchando por mis objetivos»; y, por encima de todo, alejarte de esos comportamientos.

La parábola de las plumas

Abraham contó una historia: un sabio pidió a una mujer chismosa que comprara una gallina y fuera desplumándola de camino a casa; al día siguiente le pidió que recogiera todas las plumas. El viento se había llevado casi todas y solo encontró tres. El chisme es igual: muy fácil de esparcir y muy difícil de reparar. Antes de hablar de alguien, piensa si serías capaz de decírselo a la cara, y mejor díselo directamente. Lo vimos esos días con la polémica sobre la tesis doctoral del presidente del Gobierno, al margen de quién tuviera razón: qué fácil es erosionar la imagen de una persona y qué difícil recomponerla; y quien difunde la información tiene sus incentivos, como cuenta Ryan Holiday en Confía en mí, estoy mintiendo.

Si una persona tóxica te busca, que no te encuentre.Abraham Jiménez

Quién entra en tu círculo íntimo

Una estrategia que me parece muy útil: aporta a los demás de forma desinteresada. Por reciprocidad, la mayoría acaba devolviéndote algo, como cuando te dan a probar queso en el supermercado y luego te sabe mal no comprarlo. Pero si alguien de tu círculo de confianza solo absorbe tu valor, tu energía y tu conocimiento, y nunca da muestras de reciprocidad, es una señal de que no te conviene tenerlo tan cerca. Y como sus dosis de toxicidad suelen aumentar en la intimidad, más vale poner freno ahí. Abraham añade: si le das explicaciones, siempre tendrás que estar dándolas; si le marcas fronteras con firmeza, como a un niño que aprende que no se levanta de la mesa, acabará entendiendo qué no aceptas.

¿Y si es de la familia?

Con un familiar, cortar en seco es un choque de trenes diario. Abraham propone girar un poco y ponerse a su lado: intentar comprender por qué se siente así y, cuando note que le comprendes, explicarle que sus palabras te hieren y que te gustaría que te tratara de otra forma. ¿Y si es alguien mayor, con una personalidad muy formada, que ya está afectando a tu forma de ver la vida?

Entonces, ruptura de patrón con humor y actitud positiva: «mamá, qué guapa estás hoy, ¿qué te has hecho?», o hablar del tiempo; algo que le haga reír o cambiar de tema y le muestre, a las buenas, que por ahí no vas a seguir. Y si nada funciona, yo añadiría anclar por dentro que ese mensaje responde a su forma de ser, no a ti: recoges la pelota tóxica y la dejas en una esquina, sin que te afecte. Abraham citó una investigación alemana según la cual la exposición a estímulos con fuertes emociones negativas dispara la respuesta de estrés del cerebro, con riesgo de inestabilidad emocional a la larga. Motivo de sobra para cuidarse.

Para lidiar con la toxicidad

Distingue un mal día de una forma de ser. Si puedes elegir, no te dejes encontrar. No recojas la pelota y rompe el patrón. Antes de hablar de alguien, piensa si se lo dirías a la cara. Aporta sin esperar, y observa quién nunca devuelve nada. Marca fronteras con firmeza. Y con la familia, empatía, humor y no tomártelo como algo personal.

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