Estrategias básicas para alcanzar objetivos: pasión, fe, estrategia, valores, energía, conexiones y comunicación, con Abraham Jiménez
Partido a partido: los siete pilares para alcanzar una meta a largo plazo.
Uno de los primeros episodios del podcast, con Abraham Jiménez, a las puertas de un nuevo curso. Repasamos los siete rasgos del éxito que propone Tony Robbins y los aterrizamos con lo que nos funciona: pasión y entusiasmo, fe en uno mismo acompañada de acción, una estrategia inteligente y escalable, valores claros, energía, conexiones y maestría en la comunicación, con trucos tan sencillos como llamar a la gente por su nombre.
Diciembre de 2018. Vuelvo de visitar a Abraham en Mallorca, donde recorrimos en bici el carril que bordea la costa sur, y grabamos un episodio sin entrevista, pensado para empezar el curso con metas claras. No es teoría: son los principios que nos funcionan a nosotros, mezclados con lo que hemos estudiado y leído. Abraham había estado leyendo Unlimited Power, de Tony Robbins, que propone siete mecanismos básicos del éxito, y los usamos como esqueleto de la conversación.
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Una meta sin estrategia es un deseo. Mi formación para ver el tablero completo de un negocio digital, con una estrategia inteligente y escalable: captación, oferta, ascensión y ventas por correo, con mi propio negocio como caso práctico.
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Copresentador
Abraham Jiménez
Copresentó Píldoras del Conocimiento en sus primeros episodios. Vive en Mallorca, le apasiona entender por qué actuamos como actuamos y propone en este episodio los siete pilares de Tony Robbins.
Anfitrión
Fernando Alonso
Píldoras del Conocimiento. Ingeniero en inteligencia artificial, doctor en robótica, profesor universitario e investigador en robótica social, un campo en el que estudia cómo cambiamos de contexto al comunicarnos.
Píldoras del Conocimiento · Episodio 5Página 1 de 4
1. Pasión y entusiasmo
La pasión es aquello en lo que pasarías horas sin cansarte, disfrutando, sin querer parar. Sin ella es fácil venirse abajo. Otros autores lo llaman entusiasmo, y el matiz importa: no se muestra al llegar a la meta, sino durante el camino. Los demás lo perciben y aparecen oportunidades, porque a todos nos gusta rodearnos de gente motivada; con mala actitud, nadie te ofrecerá nada. Yo añado que, ligado a la pasión, conviene trabajar y estudiar más que nadie, leer cada día para mejorar un uno por ciento, y buscar la intersección entre lo que se te da bien y lo que te apasiona: ahí está la bomba preparada para explotar.
Abraham pone el ejemplo de Edison, del que se cuenta que probó cientos o miles de materiales antes de dar con un filamento que funcionara: sin pasión y persistencia, no habría llegado. Y yo, como atlético, el de Simeone: partido a partido. Hay que tener sueños lo bastante altos para hacernos progresar, pero no tan altos que sean irrealizables, e ir paso a paso; si solo miras el sueño lejano, te desanimas a mitad de camino.
Tener metas claras tiene otro efecto: empiezas a ver oportunidades que antes no veías. Es lo que pasa cuando te compras un Fiat 500 y de repente ves Fiat 500 por todas partes; en psicología se habla de la ilusión de frecuencia, y suele relacionarse con el sistema reticular activador del cerebro. Si tu pasión es el fútbol, empezarás a fijarte en cómo juega el jugador que lo hace todo al primer toque. Y van de la mano la curiosidad, la humildad para mejorar y una mentalidad positiva, que se construye con trabajo: el mundo está lleno de pesimistas que no logran sus metas por su forma de pensar.
2. Fe en uno mismo, siempre con acción
La fe no es solo religiosa: lo que creemos que podemos llegar a ser determina bastante lo que seremos. Si crees con fuerza que puedes lograr algo, tu mente busca la manera. Por eso hay que salir de la zona de confort: a veces no sabemos de qué somos capaces hasta que nos ponemos a prueba. Muchas veces somos nosotros los que nos ponemos las barreras: «yo no puedo», «yo jamás llegaré a eso». Hay que eliminar esas frases del vocabulario, explotar lo que se nos da bien e ir trabajando lo que no. Simeone llegó al Atlético con un lema, «si se cree y se trabaja, se puede», y con él ganamos la Liga y llegamos a dos finales de la Champions.
Pero ojo: visualizar mucho no basta. Activa esa atención selectiva, pero si no va unido a una acción masiva (experimentar, fallar, pivotar), no llegas. Como dice Abraham, si piensas en el sofá que harías genial un trabajo pero no lo buscas, nadie vendrá a ofrecértelo. Y cuidado con el diálogo interno: hay quien se habla a sí mismo peor de lo que permitiría que le hablaran. Ayuda mucho de quién te rodeas y buscar mentores, vivos o en libros. Cuando te acercas a alguien sin pedirle nada, ofreciendo, con buena actitud y hambre de aprender, te abre las puertas.
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3. Una estrategia inteligente y escalable
Talento y ambición necesitan estrategia. Puedes ser muy bueno, apasionado y creer en ti, pero si lo haces encerrado en una habitación, no llegarás a ningún lado: hay que enfocarlo, buscar los medios y llamar a las puertas adecuadas. Abraham recuerda la historia del coronel Sanders, el fundador de Kentucky Fried Chicken: cuando una nueva carretera dejó su restaurante fuera de la ruta, ya mayor y sin negocio, cogió el coche y recorrió el país ofreciendo su receta. Según la leyenda, le dijeron que no cientos de veces, pero no se conformó con llamar a un par de puertas: fue ajustando su propuesta hasta que alguien dijo que sí.
Mis principios: primero, creer en la estrategia; segundo, que sea inteligente y escalable. Si tu trabajo es como un grifo que solo da agua mientras lo aprietas, no escala. Lo explica muy bien La vía rápida del millonario, de MJ DeMarco: los resultados de quien solo trabaja duro y de quien trabaja de forma escalable son diametralmente distintos. Y eso vale para el trabajo, las relaciones o la salud: buscar siempre lo que más escala y pensar en el largo plazo, en lugar de en el éxito momentáneo. Es salirse de la manada, que suele buscar la satisfacción inmediata. Si empiezas pronto con acciones escalables, a largo plazo el efecto puede ser exponencial.
Como dice Buffett, está bien aprender de los errores, pero mejor si son de otros: es la mentalidad del inversor. Para eso, estudia más que los demás y busca críticas constructivas, que refinan la estrategia, más que cumplidos, que solo suben el ego un momento. Para mí, una buena estrategia exige aprender a decidir, y para decidir bien hace falta conocimiento: cuanto más sabio, menos estúpido, como resume Seeking Wisdom, el libro de Peter Bevelin inspirado en Charlie Munger. Añade paciencia, pruebas sin arriesgarlo todo y mentalidad científica: no dar por bueno algo solo porque salió bien, sino preguntarse si es replicable o fue suerte.
4. Claridad de valores
Si pones pasión, fe y estrategia en algo que no encaja con tus valores, no te sentirás cómodo y, a la larga, no triunfarás. Cuando lo que haces está alineado con tus principios, no supone esfuerzo, te sientes honesto y se nota. Si no, aparece una disonancia cognitiva que acaba en caos mental. Entre esos valores, Abraham destaca la humildad, para escuchar y aprovechar la crítica, y la transparencia: no aparentar unos valores y hacer otra cosa, porque a largo plazo todo se sabe y arruinarías tu credibilidad. Yo lo resumo en bajar el ego: reconocer errores, pedir disculpas y asumir que somos moldeables, en lugar de decir «yo soy así y punto».
5. Energía
A la excelencia es muy difícil llegar paseando. Si en un Barça-Madrid un equipo lo da todo y el otro sale andando, ya sabes quién gana. Para tener energía, veo dos pilares. La alimentación: comiendo bien enfermas menos, probablemente vives más y tienes energía para trabajar más tiempo, con más concentración y mejor actitud. Y el ejercicio físico, que según numerosos estudios da más energía, más salud, más resistencia y más resiliencia. Abraham recuerda que la comida basura te alegra un momento, pero comer bien te da salud a largo plazo. ¿Y quién no tiene veinte o treinta minutos al día para moverse? Normalmente son excusas.
Si no confías en ti, es posible que no lo logres; pero si confías en ti, tienes que tomar acción para conseguirlo.Abraham Jiménez
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6. Conexiones: sé el conector
Cuanto mayor es la telaraña, mayor es la presa que atrapa. Cuantas más conexiones tengas, más grandes pueden ser tus objetivos, y a veces quien parece no aportarte nada te presenta a quien sí. Yo añado algo: sé tú el conector, la persona que pone en contacto a otras. Te convierte en la pieza que une colectivos distintos, te da más visión y más oportunidades, y permite lograr objetivos más grandes que uno mismo. Ayudar a otros a cumplir los suyos es la otra cara de la moneda.
7. Maestría en la comunicación
Cómo nos comunicamos con los demás, y con nosotros mismos, determina la calidad de nuestra vida. Si lo que decimos es positivo, enérgico y convincente, más gente nos apoya y nosotros mismos nos lo creemos. Abraham propone un ejercicio: grabarse hablando de un tema durante un tiempo, verse después y pedir a alguien una crítica constructiva.
Mis trucos, que llevo un tiempo practicando: hacer siempre una lectura positiva de los hechos y verbalizarla con palabras más intensas. Si algo está muy bien, decir que está increíble; si ha salido regular, «está bien, la próxima vez lo mejoramos». Acabamos interiorizándolo. Nos pasó a los dos con divulgadores de fitness como David Marchante, de Powerexplosive: al principio su lenguaje superlativo choca; luego entiendes que es su forma de creérselo y de arrastrar a la gente.
El segundo, llamar a las personas por su nombre, como recomendaba Dale Carnegie. Llevo dos semanas haciéndolo con quien me atiende en el supermercado, leyendo su identificación: al principio les choca, pero les gusta, sonríen y creo que les mejoro un poco la tarde. Y el tercero, saludar a todo el mundo, también a quien no conozco, en la calle o en la piscina: al principio cuesta, a los veinte días sale solo y cambia cómo te perciben.
Abraham añade adaptar el lenguaje a quien te escucha: no se habla igual a un niño que a un experto. Y yo lo conecto con mi investigación en robótica: los cambios de contexto mentales. Un directivo que habla con brusquedad a sus empleados pasa a hablar con dulzura en cuanto le llama su madre. Las personas cambiamos de contexto muy rápido, y ser adaptables nos hace más eficaces.
Y algunos pilares más
Podríamos añadir muchos: la resiliencia para asumir problemas; ocuparse solo de lo que está en tu mano y no dedicar tiempo a lo que no; los idiomas; los hábitos; elegir bien a los amigos; usar bien el tiempo, porque las dos, tres o cuatro horas diarias de televisión bien empleadas dan para mucho; y priorizar y apuntar las tareas, porque escribirlas descarga la mente.
Pasión con entusiasmo durante el camino. Fe en ti, siempre con acción. Una estrategia inteligente, escalable y a largo plazo. Valores claros y humildad. Energía con buena alimentación y ejercicio. Conexiones, siendo tú el conector. Y una comunicación positiva, adaptada a quien escucha. Y partido a partido.
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